Vietnam frente a un nuevo ciclo político: ¿un giro autoritario o una revolución económica?

El Congreso del Partido Comunista de Vietnam marca un punto de inflexión entre la continuidad revolucionaria y la ambición de convertirse en una potencia económica en un mundo dividido

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Por primera vez en cinco años, Vietnam vuelve su mirada hacia Hanoi, capital política del país, donde se ha abierto el Congreso del Partido Comunista, el acontecimiento político más importante del país asiático. Unos 1,588 delegados de todo el territorio nacional han sido convocados para definir el rumbo del país hasta 2031 y más allá. Sin embargo, más que un rito quinquenal, esta edición está marcada por tensiones internas, presiones internacionales y una ambiciosa promesa de transformación económica y política.

¿Concentración de poder o eficiencia institucional?

El foco del Congreso se centra en la probable confirmación de To Lam como secretario general del Partido con miras a un mandato de cinco años. No obstante, lo realmente trascendental es si decidirá fusionar ese cargo con el de presidente del Estado, una jugada que recuerda el modelo chino de consolidación de poder bajo Xi Jinping. Vietnam, tradicionalmente gobernado bajo un sistema de “cuatro pilares” —secretario general del Partido, presidente, primer ministro y presidente de la Asamblea Nacional—, podría abandonar este esquema por primera vez en décadas.

“Sería el mayor viraje institucional desde los tiempos de Doi Moi,” dice Nguyen Khac Giang, investigador visitante en el Instituto ISEAS–Yusof Ishak de Singapur. Las reformas Doi Moi (Renovación), iniciadas en 1986, marcaron la transición progresiva de Vietnam hacia una economía de mercado socialista.

To Lam ha sido arquitecto de amplias reformas administrativas y económicas, incluida la eliminación de decenas de miles de empleos públicos, una reorganización territorial para acelerar la toma de decisiones y la inversión en infraestructura que moderniza el rostro urbano del país. Pero detrás del pragmatismo reformista yace un riesgo: la concentración de poder sin equilibrio ni debate interno.

Anticorrupción: ¿una cruzada sincera o una purga encubierta?

To Lam no llegó al poder por azar. Su carrera comenzó en el Ministerio de Seguridad Pública, órgano encargado de la seguridad interna, donde fue ministro desde 2016. Desde allí, dirigió una intensa campaña anticorrupción promovida previamente por el exlíder Nguyen Phu Trong. Las cifras hablan por sí solas: 6 de los 18 miembros originales del Politburó han sido apartados por escándalos de corrupción, incluyendo a dos expresidentes y el presidente del Parlamento.

Esta ofensiva ha sido aclamada por sectores ciudadanos como una purga necesaria, pero también ha avivado sospechas en círculos conservadores sobre posibles motivaciones políticas y la erosión de contrapesos internos.

Divide y vencerás: tensiones dentro del Partido

La élite comunista vietnamita está dividida, según Giang. Por un lado, está el bloque tecnocrático-alineado con el Ministerio de Seguridad —cuyo emblema es To Lam— y por otro, el ala conservadora, conectada con el Ejército. Este último teme un desvío ideológico del "socialismo de orientación vietnamita", en palabras recurrentes del discurso oficial, hacia un modelo demasiado liberalizado.

“Para los conservadores, el crecimiento económico no puede venir al precio de la ideología”, afirma Giang. Esta fricción marca el Congreso como una arena de lucha entre eficiencia económica y ortodoxia política.

El sueño ambicioso del 2045: ¿realidad o utopía?

Vietnam se ha planteado un objetivo audaz: convertirse en una economía de altos ingresos en 2045, justo a tiempo para conmemorar el centenario de su independencia. Sin embargo, alcanzar ese objetivo implica duplicar o triplicar su nivel actual de crecimiento y productividad.

En un informe borrador distribuido antes del Congreso, se propuso un crecimiento promedio del PIB del 10% entre 2026 y 2030. Para ponerlo en perspectiva, incluso durante los "años dorados" de la industrialización asiática, pocas economías han sostenido un crecimiento de doble dígito durante tanto tiempo. En comparación, Vietnam creció un 8% en 2025, una cifra excelente, pero insuficiente en el marco de su ambición máxima.

Tecnología, industria y capital privado: los nuevos pilares del crecimiento

El desarrollo industrial liderado por tecnología es la prioridad. Vietnam está apostando por una transformación estructural en su modelo de crecimiento. Esta transición incluye:

  • Modernización de la industria: paso de manufactura básica a producción de alto valor.
  • Digitalización y ciencia: apoyo a la innovación como motor de crecimiento.
  • Reducción de la dependencia de la inversión extranjera con proyectos nacionales de semiconductores como el liderado por Viettel.

En enero, la empresa militar Viettel inició la construcción de su primera planta de fabricación de chips, con miras a iniciar una producción piloto para 2027.

Además, el nuevo borrador estratégico ubica al sector privado como fuerza motriz de la economía, una señal inequívoca de que el Vietnam socialista ya no se debate en aceptar el capital privado, sino en abrazarlo como compañero de viaje.

Un modelo híbrido en un mundo dividido

Vietnam no solo mira hacia adentro. El documento borrador iguala por primera vez a la política exterior con la defensa y la seguridad nacional. Esta posición refleja el agudo entendimiento de que una economía de exportaciones necesita una política exterior resiliente.

Vietnam mantiene un equilibrio delicado entre China y Estados Unidos, sus dos socios comerciales más importantes pero antagonistas geopolíticos. Cualquier movimiento en falso podría afectar acuerdos críticos, acceso a mercados o transferencia tecnológica.

La sostenibilidad entra en el salón de los grandes

El borrador también hace un reconocimiento tardío pero crucial al medioambiente al declarar su protección como una “tarea central” de desarrollo. Esto representa un giro colosal para un país cuya carrera por crecer ha sacrificado ecosistemas enteros y que ha sufrido niveles extremos de contaminación del aire en ciudades como Hanói y Ho Chi Minh.

Este ajuste también está vinculado a tratados internacionales como el Acuerdo de Libre Comercio UE-Vietnam (EVFTA), que contiene exigencias medioambientales vinculantes. La presión, en este sentido, no solo es ética, sino también comercial y diplomática.

Vietnam ante el espejo: ¿liderazgo absoluto o revolución planificada?

La encrucijada no puede ser más clara. Por un lado, To Lam representa una posibilidad de expansión económica sin precedentes, apoyado en grandes conglomerados privados, ciencia y tecnología, y liberalización comercial. Por otro lado, su liderazgo absoluto podría erosionar el sistema colegiado que ha brindado estabilidad a Vietnam desde las reformas de los años 80.

Mientras tanto, el resto del mundo observa. Vietnam se perfila como un modelo potencial de socialismo pragmático o como otro caso de concentración de poder en nombre del progreso. El veredicto, como siempre, dependerá de sus resultados.

¿Será To Lam el Xi Jinping vietnamita o el Lee Kuan Yew del Sudeste Asiático? Solo el tiempo dirá si la apuesta por la centralización renderá una era de oro... o una nueva era gris.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press