China frente a la crisis demográfica: ¿pueden los estímulos revertir la caída de la natalidad?
Tras el fin de la política del hijo único, China enfrenta una compleja encrucijada: su población continúa disminuyendo a pesar de incentivos gubernamentales cada vez más agresivos.
Una tendencia que se profundiza
Los datos más recientes publicados por el gobierno chino confirman una tendencia que preocupa tanto a economistas como a demógrafos: la población de China sigue disminuyendo por cuarto año consecutivo. En 2025, la población total se redujo a 1.404 millones, tres millones menos que el año anterior. Además, solo nacieron 7.92 millones de bebés: una caída del 17% en comparación con el año anterior.
Esto marca un retroceso que no se observaba en décadas. Por si fuera poco, el país ha registrado su tasa de natalidad más baja de la historia: apenas 5.63 nacimientos por cada 1,000 habitantes.
De la política del hijo único a políticas de incentivo
Durante más de tres décadas, China promovió la política del hijo único, instaurada en 1979 con el objetivo de controlar el rápido crecimiento poblacional. Aquella estrategia fue efectiva en frenar el aumento descontrolado, pero a largo plazo originó serios desequilibrios demográficos.
La población envejecida, el descenso en la tasa de natalidad y un desequilibrio de género preocupante (con una desproporción notable entre hombres y mujeres) son consecuencias directas. Ante esta situación, el gobierno chino comenzó a flexibilizar sus políticas: en 2015 permitió tener dos hijos, y en 2021 elevó ese límite a tres.
Una población en retroceso: ¿cuáles son las causas?
Más allá de la permisividad del Estado, el costo económico y social de tener hijos ha limitado a muchas familias. Según múltiples encuestas y análisis, los jóvenes chinos citan la dificultad para acceder a vivienda, los elevados gastos de educación y la competitividad agresiva del sistema escolar como factores determinantes para posponer —o descartar— tener hijos.
“Cuidar de un hijo implica años de inversión económica y sacrificio personal, y muchas parejas simplemente no sienten que pueden permitírselo”, resume la socióloga Min Zhang, de la Universidad de Fudan.
La paradoja del incentivo: ¿son útiles los subsidios?
China ha adoptado una serie de medidas para revertir esta tendencia:
- Subsidios de 3.600 yuanes (unos 500 dólares) por niño.
- Reducción fiscal para guarderías y servicios de cuidado infantil.
- Incentivos para servicios de emparejamiento (matchmaking) en zonas urbanas.
- Una sorprendente medida: el cobro de impuestos a los condones. Desde enero de 2025, estos productos ya no están exentos de impuestos al valor agregado, lo que les aplica una tasa del 13%.
La lógica detrás de gravar los anticonceptivos es polémica: algunos funcionarios creen que dificultar el acceso podría indirectamente incentivar embarazos. Sin embargo, numerosos expertos advierten que esto puede ser contraproducente y afectar especialmente a los sectores más necesitados, aumentando embarazos no deseados sin asegurar condiciones dignas para criar hijos.
Comparaciones regionales y el espejo de Japón
China no está sola en esta crisis. Muchos países asiáticos han experimentado tendencias similares: Corea del Sur mantiene una tasa de fertilidad de apenas 0.78 hijos por mujer (la más baja del mundo en 2023), mientras que Japón, uno de los primeros países en enfrentar estas dificultades, ya convive con una población fuertemente envejecida y una fuerza laboral menguante.
La diferencia radica en los ritmos de crecimiento anteriores. Mientras Japón pudo amortiguar la caída gracias a décadas de desarrollo avanzado e innovación tecnológica, China enfrenta estos cambios en pleno proceso de reajuste económico.
La dimensión económica del problema
Una población envejecida implica mayor presión sobre los sistemas de pensiones y salud. Se estima que para 2035, cerca del 30% de los ciudadanos chinos tendrá más de 60 años. Esto impacta directamente en el crecimiento del PIB, el mercado laboral y la productividad nacional.
Según el Fondo Monetario Internacional, una caída de la población activa podría reducir el crecimiento potencial de China en más de un punto porcentual anual si no se toman acciones estructurales que compensen este declive.
Escenario político y presión internacional
En los últimos años, el gobierno de Xi Jinping ha redoblado esfuerzos para posicionar la maternidad dentro del marco del “sueño chino de rejuvenecimiento nacional”. Es decir, como un deber cívico y patriótico. El discurso oficial ha evolucionado del control a la promoción: ahora se exalta a las madres como constructoras del futuro del país.
Sin embargo, no todas las mujeres están dispuestas a responder a ese llamado. El empoderamiento femenino y la mejora educativa han proporcionado mayores oportunidades a nivel profesional, dificultando las decisiones de interrupción de carrera por maternidad.
Además, la creciente desconfianza hacia los esfuerzos del Estado para controlar aspectos íntimos de la vida familiar impacta también la efectividad de las campañas.
¿Hacia una nueva narrativa poblacional?
Varios analistas sostienen que, más allá de los incentivos económicos y fiscales, se necesita un profundo cambio cultural. Las sociedades modernas priorizan la autonomía, el bienestar personal y el desarrollo profesional sobre el mandato tradicional de formar familias numerosas.
Además, según el demógrafo Yi Fuxian, autor del libro "Big Country With an Empty Nest", es posible que la población de China haya comenzado a reducirse incluso antes de lo que indican las estadísticas oficiales, debido a métodos de medición cuestionables.
“La narrativa de una China en crecimiento eterno ha terminado”, afirma Fuxian, “y ahora se requiere realinear la economía bajo una población que va a reducirse durante todo el siglo XXI”.
¿Es viable una reversión?
Si bien algunos países han logrado aumentar ligeramente su fertilidad con políticas integrales (como Francia y Suecia), ningún caso ha logrado hacerlo rápidamente ni sin un costo fiscal relevante. Para China, cuya economía enfrenta además otros desafíos estructurales, no será fácil equilibrar estos frentes sin afectar el crecimiento y la estabilidad.
El desafío para China es enorme y requiere combinar incentivos, reformas estructurales, compromiso social y adaptación cultural. La caída demográfica no es solo un problema numérico, sino una interrogante profunda sobre el modelo de vida que ofrece la sociedad moderna china.
