El fin de Rojava: ¿Fracaso kurdo o estrategia impuesta en Siria?
El sueño de una autonomía kurda en el noreste sirio colapsa tras años de lucha contra el Estado Islámico y negociaciones fallidas con Damasco
Un sueño fragmentado en el desierto sirio
Durante más de una década, las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) se consolidaron como un actor clave en el conflicto sirio. Conformadas por una fructífera, aunque frágil, alianza de kurdos, árabes, asirios y turcomanos, las SDF fueron una de las fuerzas más efectivas en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) en Siria.
Sin embargo, tras una serie de derrotas militares recientes y negociaciones internas tensas, este conglomerado militar —liderado predominantemente por combatientes kurdos— parece haber llegado a su ocaso como fuerza autónoma. La reciente decisión de fusionarse con el ejército sirio marca un hito histórico, político y simbólico: el fin del experimento kurdo de autogobierno en el noreste de Siria, también conocido como Rojava.
De la resistencia a la cooptación: una cronología del auge y caída
El proyecto kurdo de autonomía nació con ímpetu en 2012, en medio del vacío de poder que dejó la guerra civil siria. A partir de 2015, bajo el auspicio de Estados Unidos y la coalición internacional contra el ISIS, surgieron las SDF como una fuerza mixta que incluía a las YPG (Unidades de Protección del Pueblo), milicias árabes, cristianos asirios y otros grupos étnicos.
En su apogeo, las SDF controlaban cerca del 25% del territorio sirio, incluyendo importantes campos petroleros en Deir ez-Zor y Raqqa. La victoria sobre el califato del Estado Islámico en 2019 representó un logro militar histórico; sin embargo, también atrajo nuevos enemigos internos y externos.
Los estados vecinos, especialmente Turquía, observaron con gran preocupación el ascenso del liderazgo kurdo en Siria. Ankara considera a las YPG como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que lleva décadas librando una insurgencia dentro de Turquía. Esta percepción derivó en múltiples intervenciones militares turcas en el norte de Siria, debilitando el control del SDF y desestabilizando aún más la región.
El juego político tras el derrumbe
Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en 2024 y la llegada al poder de Ahmad al-Sharaa, las SDF intentaron negociar su integración como cuerpo autónomo dentro del nuevo orden estatal. El comandante kurdo Mazloum Abdi encabezó los diálogos, intentando preservar tanto la cohesión interna del grupo como garantías políticas para la población kurda.
Sin embargo, el pasado mes de enero, el gobierno sirio lanzó una ofensiva contra territorios controlados por las SDF en Raqqa y Deir ez-Zor, arrasando sin contemplación con años de control kurdo. La ofensiva, según analistas, fue también un mensaje al nuevo Estados Unidos post-retiro: Siria podía recuperar soberanía territorial por la fuerza, sin necesidad de redes de apoyo occidental.
Finalmente, el domingo pasado, se firmó un acuerdo de alto al fuego y fusión que pone punto final a la autonomía kurda. Aunque el acuerdo incluye concesiones simbólicas como hacer del idioma kurdo cooficial y declarar el Newroz (Año Nuevo kurdo) como fiesta nacional, el verdadero poder estructural será absorbido por Damasco.
Lo que pierde Rojava
- Autonomía política: El autogobierno kurdo, con instituciones democráticas y equidad de género, queda desmantelado.
- Control del territorio: Las provincias claves de Raqqa, Deir ez-Zor y gran parte de Hassakeh están ahora bajo control del ejército sirio.
- Capacidad militar: Los combatientes ahora se integrarán individualmente al ejército nacional y no como una unidad cohesionada.
- Agenda ideológica: La visión popular-socialista de Rojava, centrada en autonomía local, ecología y feminismo, se diluye en el estado centralista de Siria.
¿Fracaso estratégico o traición global?
El desenlace plantea muchas preguntas. ¿Fracasaron las SDF por errores internos o fueron aplastadas por la realpolitik internacional? ¿Estados Unidos abandonó prematuramente el proyecto que patrocinaba? ¿Los kurdos pecaron de ingenuidad política al confiar en potencias efímeras?
Para Amnistía Internacional y Human Rights Watch, los kurdos fueron traicionados por la comunidad internacional. Una vez cumplida su función en la derrota del ISIS, dejaron de ser estratégicamente rentables. «Es un patrón repetido históricamente», recuerda el analista kurdo Dilshad Miran, «desde el Tratado de Sèvres en 1920 hasta la actualidad, la causa kurda siempre ha sido moneda de cambio geopolítica».
Pero también hay críticas internas. El dominio del YPG sobre las estructuras administrativas generó fricciones con otras etnias, especialmente los árabes suníes. En ocasiones se les acusó de imponer una hegemonía cultural kurda, lo que debilitó alianzas regionales cruciales para resistir a Damasco y Ankara.
El futuro de los kurdos en Siria
Ahora, el destino de los aproximadamente 2 millones de kurdos sirios (aproximadamente el 10% de la población previa a la guerra) está en manos del gobierno central. A pesar de la integración anunciada, queda el temor de represalias, desplazamientos y asimilación forzada, situaciones ya vividas tras la revuelta kurda de los años 2004-2005 bajo el régimen de Assad padre.
Otro foco de tensión será la administración de los campos de prisioneros y desplazados donde malviven decenas de miles de excombatientes del ISIS y sus familias. Hasta ahora, las SDF eran responsables de esos enclaves en condiciones precarias. Si el Estado no asume control efectivo, se corre el riesgo de un nuevo resurgimiento yihadista.
La ofensiva contra Rojava es también un espejo para otros movimientos identitarios en Oriente Medio: el mensaje es claro. La autodeterminación étnica choca con los intereses de los Estados-Nación tradicionales y con las pulsiones imperialistas de potencias externas.
Una lección continental: el dilema de las milicias regionales
Lo ocurrido con las SDF resuena también en otros sistemas de gobierno multinacional como Irak, Líbano y Yemen, donde formaciones como los peshmerga kurdos o Hezbollah transitan la difusa línea entre fuerza de defensa y amenaza para la autoridad estatal.
Occidente ha aprendido que al empoderar milicias locales en contextos inestables corre el riesgo de crear estructuras paramilitares paralelas difíciles de desmantelar. Por ello, aunque haya existido cercanía con los kurdos en plena guerra contra ISIS, era previsible que se abandonaran una vez cambiara el tablero geoestratégico.
Un futuro borroso, pero no enterrado
Históricamente, los kurdos han sobrevivido a numerosos intentos de aniquilación cultural, represión militar y aislamiento político. Desde las guerras de Irak hasta la persecución en Turquía e Irán, han demostrado capacidad de organización, resistencia cultural y adaptación táctica.
Lo que viene no es menor: la reinserción dentro de un Estado centralista como Siria exigirá negociaciones complejas, vigilancia constante de derechos humanos y una ciudadanía activa que no permita el olvido de la utopía que un día fue Rojava.
Mientras tanto, líderes como Mazloum Abdi intentarán proteger a sus comunidades desde dentro del nuevo sistema, aunque con una legitimidad mermada. “Firmamos desde la necesidad, no desde la convicción”, habría declarado en una reunión informal tras la firma del acuerdo, según filtraciones en la prensa kurda.
La utopía aún resiste en la memoria
Aunque las banderas de Rojava hayan sido arriadas, su legado perdura. En un mundo fracturado por el autoritarismo, la experiencia de autogobierno pluralista y feminista que inspiró a miles de voluntarios internacionales sigue siendo un faro alternativo. Quizás, como en toda historia kurda, no sea este un final, sino otro comienzo invisibilizado.
