Europa ante la era Trump 2.0: ¿El fin del vínculo transatlántico?

Análisis del nuevo orden geopolítico tras el regreso de Donald Trump al poder y sus efectos sobre la OTAN, Ucrania y la autonomía defensiva europea

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Un viejo aliado que ahora desconcierta

A un año del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la relación transatlántica sufre uno de sus momentos más críticos desde la creación de la OTAN. Lejos de los gestos diplomáticos y promesas de apoyo incondicional, Europa se enfrenta hoy a amenazas, sanciones comerciales y una actitud imprevisible por parte de su hasta ahora aliado más poderoso.

La tensión ha escalado desde que Trump amenazó con imponer aranceles a los países que se opongan al control estadounidense sobre Groenlandia, una parte semiautónoma del Reino de Dinamarca. Esta advertencia fue calificada por líderes europeos como “chantaje”, “intimidación” y “una amenaza sin precedentes” entre aliados de la OTAN.

Trump 2.0: una OTAN fracturada

El primer mandato de Trump ya había puesto a la OTAN al borde de la ruptura. Como escribió Jens Stoltenberg, exsecretario general del pacto atlántico, en sus memorias: “Temí que la OTAN dejara de funcionar” tras las amenazas de Trump de abandonar la alianza en 2018. Ahora, con su regreso en 2025, los temores se han vuelto realidad para muchos socios europeos.

Uno de los giros más polémicos fue el anuncio del nuevo secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, en una presentación en la sede de la OTAN en Bruselas: “Europa debe encargarse de su seguridad; Estados Unidos tiene otras prioridades”. Con esa declaración, se puso punto final a cualquier expectativa de intervención estadounidense en caso de un ataque ruso contra fuerzas europeas en Ucrania.

¿La invasión rusa? Culpa de Zelensky

En otro giro sorprendente, Trump ha culpado directamente al presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy por la invasión rusa. Esta narración ha sido vista en Europa como una forma de justificar la retirada del apoyo militar y económico a Ucrania, debilitando aún más al país que resiste la invasión más larga y cruda en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Mientras tanto, Europa intenta llenar el vacío dejado por Washington. Francia, Alemania, el Reino Unido, Noruega, Suecia y los Países Bajos han enviado tropas a Groenlandia como señal de apoyo simbólico pero contundente a la soberanía danesa.

Groenlandia: el nuevo frente geoestratégico

El intento de Washington de controlar Groenlandia ha encendido todas las alarmas. Aunque parece una idea salida de una novela distópica, el interés geoestratégico por la isla no es nuevo. En 2019, el entonces presidente Trump ya había sugerido la compra del territorio, oferta que Dinamarca rechazó categóricamente.

¿Por qué tanto interés por Groenlandia? La respuesta está bajo su hielo: recursos minerales críticos, rutas marítimas estratégicas en el Ártico y una localización ideal para bases militares en el Atlántico Norte. La amenaza de Estados Unidos de imponer sanciones al país que se oponga a su “control” parece otro intento de someter las reglas internacionales al poder unilateral.

La independencia de seguridad europea, ¿ficción o realidad?

Ante la desafección de Washington, Europa ha comenzado a tomar medidas concretas para lograr su “autonomía estratégica”. Se ha creado un fondo multibillonario desde la Unión Europea para comprar armamento exclusivamente fabricado en Europa. Asimismo, se han flexibilizado las normas fiscales para facilitar el gasto militar.

A finales de 2025, líderes de la UE firmaron un acuerdo para garantizar la financiación de las fuerzas armadas ucranianas con capital europeo durante al menos dos años más, mientras Kiev flota al borde de la bancarrota. Según Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, “es indispensable responder a los cambios geopolíticos dando una respuesta europea estructurada”.

La guerra comercial como arma diplomática

El enfoque trumpista va más allá de lo militar. También se ha desatado una guerra comercial global, con sanciones incluso a aliados, lo que ha sumido a muchas economías europeas en incertidumbre. El objetivo: doblegar la voluntad política mediante asfixia económica.

Las tensiones han escalado hasta el punto que Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, declaró: “EE. UU. debe abstenerse de intervenir en los asuntos internos de Europa”. Palabras impensables hace apenas cinco años en el corazón de Bruselas.

Fractura ideológica: ultraderecha y libertad de expresión

La nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense ha alarmado también en lo político. En lugar de respaldar gobiernos democráticos, promueve discretamente a partidos ultranacionalistas en países como Alemania, Polonia y Hungría. JD Vance, actual vicepresidente, incluso afirmó en rueda de prensa durante un mitin electoral en Múnich que “la principal amenaza para Europa no es Rusia, sino la decadencia interna y la pérdida de la libertad de expresión”.

Estas declaraciones se han interpretado como un ataque directo a las políticas europeas sobre migración y derechos ciudadanos, que han tenido como pilar el respeto a los DD.HH. y la inclusión social.

¿Adiós a la fe atlántica?

Emmanuel Macron, presidente de Francia, lo resumió de forma cruda ante sus jefes militares: “Europa está siendo sacudida de sus certezas [...] Estos aliados en los que confiábamos sin dudar, ahora nos hacen dudar o incluso se vuelven contra nosotros”.

La sensación general en Bruselas, Berlín y París es la misma: Estados Unidos ya no es un aliado fiable. Lo que parecía una circunstancia coyuntural con Trump 1.0 se percibe ahora como una posible tendencia estructural con Trump 2.0.

Datos relevantes para entender la crisis

  • En 2024, EE. UU. redujo en un 60% sus envíos de armamento a Ucrania respecto al año anterior (Fuente: Consejo Atlántico).
  • La UE ha comprometido 50.000 millones de euros para ayuda militar y civil a Ucrania entre 2025 y 2027 (Fuente: Comisión Europea).
  • Más del 70% de los europeos piensan que Europa debería invertir más en defensa autónoma, según una encuesta del European Council on Foreign Relations (2024).

¿Hacia una nueva arquitectura de seguridad global?

Todo apunta a que Europa se encuentra ante un punto de inflexión histórico. La idea de una autonomía defensiva ya no es una aspiración abstracta, sino una necesidad acuciante. La opción de crear su propio paraguas de defensa europeo —a través de ejercicios conjuntos, fabricación de armamento propio y coordinación sin depender de EE. UU.— gana fuerza cada día.

La presencia en Groenlandia, la retórica desafiante desde Bruselas y París, y los fondos asignados para defensa, señalan una Europa que, a pesar de las dificultades, luce más unida frente a las imposiciones externas. Sin embargo, el reto es gigante: pasar de la palabra a los hechos sin desmoronarse por dentro ante presiones políticas, populismos y crisis económicas.

Con Trump al mando de EE. UU. y Putin al frente de Rusia, Europa ya no tiene margen de error. La era de la inocencia atlántica quedó atrás.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press