Guatemala bajo estado de sitio: violencia carcelaria, maras y la respuesta del Estado

El país centroamericano enfrenta una escalada de violencia tras disturbios en prisión y ataques a policías. ¿Está Guatemala en el camino hacia una guerra contra las pandillas al estilo salvadoreño?

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Guatemala ha entrado en una etapa crítica de su historia reciente. Luego de una serie de ataques coordinados de pandillas contra fuerzas de seguridad, el presidente Bernardo Arévalo ha decretado un estado de sitio, limitando derechos constitucionales y desplegando al ejército en las calles. A medida que aumenta el número de policías muertos y las cárceles siguen en tensión, muchos se preguntan si el país podrá contener la violencia o si se encamina hacia una dura política de represión inspirada en experiencias como la de El Salvador.

Un fin de semana sangriento: disturbios carcelarios y ataques a policías

Todo comenzó el sábado, cuando reclusos se apoderaron de tres cárceles simultáneamente, tomando como rehenes a 43 guardias penitenciarios. Las autoridades señalaron que las acciones fueron orquestadas por miembros de pandillas que exigían mejoras en sus condiciones carcelarias y privilegios para sus líderes.

Tras la liberación de uno de los centros el domingo, la situación se agravó: presuntos pandilleros desataron una ola de ataques en la capital guatemalteca, dejando al menos nueve agentes de policía muertos hasta el lunes y varios más en estado crítico o con mutilaciones.

“Hay varios heridos que están en estado crítico. Algunos también han sufrido amputaciones”, informó David Custodio Boteo, director de la Policía Nacional Civil.

El estado de sitio: ¿una medida necesaria o una estrategia peligrosa?

El gobierno publicó en el diario oficial la declaración del estado de sitio, vigente por 30 días, con efecto inmediato. Aunque el Congreso aún debe ratificarlo, la medida ya permite suspender varios derechos fundamentales:

  • Limitación de la libertad de reunión y manifestación
  • Posibilidad de detenciones sin orden judicial
  • Prohibición o control del tránsito vehicular
  • Suspensión del porte de armas

La reacción del gobierno ha generado opiniones encontradas. Algunos sectores aplauden la medida como un intento de restaurar la seguridad, mientras otros la ven como un paso hacia el autoritarismo.

El papel creciente de las pandillas en Guatemala

Las pandillas, o maras, han sido una constante amenaza en el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras). Entre las más notorias están Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18. Estas redes criminales controlan territorios, extorsionan negocios y, como se ha visto este fin de semana, pueden coordinar ataques múltiples y simultáneos.

Según un informe del International Crisis Group de 2023, cerca del 7% de la población carcelaria de Guatemala pertenece a pandillas. Aunque es una cifra menor que en El Salvador, la estructura y poder de estas organizaciones en la calle sigue siendo significativa, con ramificaciones en grandes ciudades y áreas rurales.

Guatemala y la 'salvadoreñización' de la política de seguridad

La pregunta que surge es si Guatemala va a seguir los pasos de su vecino El Salvador, que bajo el gobierno de Nayib Bukele implementó un estado de excepción indefinido desde marzo de 2022, arrestando a más de 75.000 personas por vínculos con pandillas (hasta diciembre de 2023).

En octubre pasado, el Congreso guatemalteco reformó la ley para clasificar a los miembros de la MS-13 y Barrio 18 como terroristas, lo cual permite aplicar penas más severas. La administración de Estados Unidos también los designó como organizaciones terroristas internacionales en 2022.

¿Está Guatemala lista para adoptar una política de “mano dura” similar? El presidente Arévalo, que ha prometido un gobierno más democrático y humano, ahora enfrenta la prueba más difícil de su joven presidencia.

La reacción internacional: Estados Unidos en alerta

La Embajada de Estados Unidos emitió una alerta el domingo instando a su personal a refugiarse. Aunque la medida fue levantada horas después, se mantiene la recomendación de extremar precauciones al desplazarse.

Washington ha observado con atención la evolución de los gobiernos centroamericanos ante las actividades gangrenosas, y Guatemala no es la excepción. Sin embargo, cualquier acción desproporcionada en materia de seguridad podría poner en entredicho relaciones bilaterales claves, especialmente aquellas relacionadas con ayudas y programas de cooperación.

Crónica del caos: ¿cómo se llegó a este punto?

Durante años, el sistema penitenciario guatemalteco ha sido un caldo de cultivo para la corrupción y el crimen. Las cárceles, diseñadas para albergar a unas 6.000 personas, hoy superan los 25.000 reclusos. En muchos casos, los líderes de las pandillas controlan sus estructuras desde dentro.

La coordinación entre maras para tomar rehenes en múltiples cárceles no fue un simple motín. Fue una muestra de poder: una advertencia al Estado.

Sumado a la debilidad institucional, la falta de reformas reales y el lento actuar judicial, la situación es el reflejo de un sistema al borde del colapso en materia de seguridad y justicia.

¿Puede resistir Arévalo las presiones internas y externas?

Las decisiones de los próximos días marcarán el rumbo de esta administración. Arévalo, que llegó al poder con amplio respaldo popular y promesas de transparencia y cambio, ahora transita un terreno cargado de ambigüedades.

¿Usará el estado de sitio para debilitar al crimen organizado sin recurrir al abuso de la fuerza o derivará en excesos que puedan afectar libertades civiles?

El desafío es múltiple

Guatemala no solo enfrenta una crisis de seguridad. También lucha contra la pobreza, una economía informal del 70%, altos índices de desigualdad y una migración creciente hacia Estados Unidos.

Combatir las maras sin una estrategia integral que incluya educación, empleo, justicia eficiente y servicios sociales será, como lo muestra la historia reciente de la región, una receta para el fracaso o, peor aún, para más violencia.

¿Una oportunidad para el cambio?

Paradójicamente, momentos de crisis como este pueden ser semillas de transformación. Si bien la violencia ha sacudido a la población y a las instituciones, también ha sacado a la luz las fallas estructurales que por años se han ignorado.

Guatemala está en un momento bisagra: elegir entre una política represiva sin visión o construir un nuevo pacto social que incluya seguridad, pero también justicia y dignidad para todos sus ciudadanos.

Los próximos 30 días serán cruciales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press