La 'Junta de la Paz' de Trump: ¿un nuevo orden mundial o una ilusión diplomática?

El controvertido plan de paz para Gaza liderado por Estados Unidos desata tensiones políticas internacionales y críticas desde Israel

El nuevo intento del expresidente estadounidense Donald Trump de moldear la política internacional ha comenzado a tomar forma con la creación de una llamada “Junta de la Paz”, un organismo autoproclamado que busca supervisar y coordinar la segunda fase de un plan de pacificación para Gaza. Lo que inicialmente parece un esfuerzo de diplomacia global, en realidad está abriendo nuevas brechas entre los acuerdos multilaterales tradicionales y una ruta unilateral promovida por Washington, con pocos detalles claros y muchas interrogantes sobre sus verdaderas intenciones.

¿Qué es la Junta de la Paz?

Anunciada por Trump como parte de su estrategia para estabilizar la región de Gaza tras un cese al fuego parcial, la Junta de la Paz pretende reunir a países con influencia global para dirigir la reconstrucción de Gaza y supervisar tareas como la desmilitarización de Hamas y la implementación de una fuerza de seguridad internacional.

Entre los invitados a participar figuran Rusia, la Comisión Europea y Tailandia. Aunque aún no han confirmado su adhesión, todos han expresado que están “estudiando los detalles”. De aceptar, se unirían a lo que un funcionario estadounidense calificó como “un nuevo enfoque audaz para resolver conflictos globales”.

¿Una alternativa al Consejo de Seguridad de la ONU?

Documentos de la convocatoria revelan una ambición de escala geopolítica: convertirse en una alternativa o contrapeso al Consejo de Seguridad de la ONU. Algunos analistas ya lo interpretan como un intento de Washington de instaurar una nueva arquitectura mundial en la resolución de conflictos, al margen del consenso internacional que rige desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero el plan no ha sido bien recibido en todas partes. Bezalel Smotrich, Ministro de Finanzas de Israel y figura clave de la extrema derecha del país, declaró: “Es hora de decirle al presidente que su plan es malo para Israel y cancelarlo”. Afirmó que Gaza debe ser resguardada por Israel mismo, y sugirió incluso reanudar una ofensiva militar total si Hamas no se desarma de inmediato.

Una ‘membresía’ con precio

Un aspecto controvertido del plan es que una contribución de mil millones de dólares garantiza una membresía permanente en la Junta. Donaciones menores permitirían formar parte del comité por tres años. El dinero se destinaría formalmente a la reconstrucción de Gaza.

Detrás de ese gesto supuestamente altruista, varios críticos ven la instrumentalización de fondos como mecanismo de legitimidad política, confundiendo ayuda humanitaria con influencia internacional.

El Reino Unido, la UE y la diplomacia prudente

Desde Europa, los matices también han sido cautelosos. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, recibió la invitación y ha dicho que lo discutirá con los líderes del bloque. Mientras tanto, el primer ministro británico, Keir Starmer, declaró que el Reino Unido “está dispuesto a desempeñar su papel” en los próximos pasos para estabilizar Gaza.

No obstante, el simple hecho de que la Junta está siendo formada sin coordinación previa con gobiernos clave como el de Israel plantea serias dudas sobre su legitimidad y viabilidad.

Gaza, entre la reconstrucción y la incertidumbre

Paralelamente, el gobierno de Egipto ha expresado su total respaldo a la nueva Comisión Nacional para la Administración de Gaza. Esta entidad, liderada por el ingeniero palestino Ali Shaath, ha sido nombrada para gestionar asuntos cotidianos durante la segunda fase del plan de paz. El canciller egipcio Bader Abdelatty sostuvo que la comisión operará hasta que la Autoridad Palestina retome el control del enclave.

Mientras tanto, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) informó que ha logrado entregar comida caliente y raciones básicas a más de un millón de personas durante cien días consecutivos. La ayuda incluye a 200,000 mujeres embarazadas o lactantes y niños menores de cinco años. Sin embargo, el panorama sigue siendo sombrío: el 77% de la población padece inseguridad alimentaria y más de 100,000 personas enfrentan niveles de hambre catastróficos, según la clasificación IPC de diciembre de 2025.

Israel, excluido y enfurecido

La oficina del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha calificado el proyecto de Trump como “contrario a las políticas del gobierno israelí” y “no coordinado”. Como era de esperarse, la creación de una junta que planea modificar la gobernanza de Gaza sin participación directa de Israel ha encendido alarmas en Jerusalén.

Las tensiones no disminuyen: Israel sostiene que cualquier iniciativa que afecte a Gaza debe consultarse directamente con su gobierno. Para muchos analistas, este episodio deja en evidencia la desconexión entre las intenciones estadounidenses y la realidad política en Medio Oriente.

¿Puede la paz venir impuesta?

Los expertos en relaciones internacionales advierten sobre los peligros de tratar de imponer la paz desde el exterior y sin una legitimidad construida a través de negociaciones inclusivas. “No se puede exportar la paz como si fuera un producto de consumo. Necesita de consentimiento mútuo, legitimidad legal, y un marco negociador justo”, explicó a The Guardian la profesora de Derecho Internacional, Rosa Bassi.

Además, las condiciones mínimas de gobernabilidad en Gaza siguen ausentes. Hamas no ha desaparecido ni se ha comprometido con el desarme; las tensiones con Israel siguen escalando; y el sector humanitario sigue limitado por obstáculos logísticos y políticos.

Una jugada política en año electoral

Detrás de las aspiraciones diplomáticas, hay también un trasfondo electoral. Donald Trump ha comenzado con fuerza su campaña con miras a las elecciones presidenciales de 2028 y esta “Junta de la Paz” podría servirle como carta clave para reivindicarse como actor global, reviviendo su estrategia de política exterior sin recurrir necesariamente al aparato estatal de Washington.

Con una idea que resuena en sus frases típicas, Trump busca posicionarse como el único líder capaz de restaurar el “orden” global. ¿Pero a qué precio? Muchos ven con recelo este plan por representar más una herramienta de campaña que una solución real.

Entre escepticismo e implicaciones globales

Los gobiernos del mundo posiblemente esperen conocer más detalles antes de aceptar. Lo que sí ha sido evidente es que esta Junta ha levantado sospechas, resistencias y, para muchos, representa una forma más de expandir el ya visible retroceso del multilateralismo.

Como declaró Lars Hermansen, manifestante en Copenhague quien lucía una gorra que parodiaba a Trump: “Quiero mostrar mi apoyo a Groenlandia y también mostrar que no me gusta el presidente de Estados Unidos. No quiero que nos impongan decisiones desde Washington sin respeto por nuestros países”.

Al parecer, no solo Gaza será el campo de prueba de esta iniciativa. La Junta de la Paz parece abrir un nuevo capítulo en el reacomodo del poder internacional… o, en palabras de críticos, un remake diplomático del “reality show” político que fue la presidencia de Donald Trump.

¿Será que el mundo necesita nuevas estructuras multilaterales, o sólo está luchando por mantener vivas las existentes?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press