Sean McDermott, la caída de un arquitecto: ¿fracaso o maldición en Búfalo?

Tras 9 temporadas de éxitos parciales con los Bills, el despido de McDermott abre un debate profundo sobre lo que significa el éxito en la NFL moderna

El fin de una era en Búfalo

El nombre Sean McDermott se ha convertido en uno de los más reconocidos de la NFL en los últimos años. Su legado en los Buffalo Bills está marcado por una transformación radical: tomó a una franquicia dormida por casi dos décadas y la llevó a convertirse en un habitual contendiente de postemporada. Sin embargo, la reciente derrota en tiempo extra 33-30 ante los Denver Broncos y su posterior despido han generado preguntas profundas sobre sus logros y sus limitaciones.

De la oscuridad a la relevancia

Cuando McDermott llegó a Buffalo en 2017, la franquicia atravesaba una larga sequía. No accedían a los playoffs desde 1999. En su primera temporada, el equipo logró colarse a la postemporada, rompiendo una racha de 17 años sin clasificar, la más larga en ese momento entre las cuatro principales ligas norteamericanas. Eso, de por sí, ya colocó al joven coach entre los héroes de la ciudad.

Con el paso de las temporadas y la llegada de Josh Allen como quarterback, el sueño tomó forma. En nueve campañas bajo su mando, McDermott acumuló un récord de temporada regular de 98-50. En playoffs, está empatado con ocho victorias y ocho derrotas. Pese a ello, nunca consiguió llevar a los Bills al Super Bowl.

El muro de Kansas City y el fantasma de Mahomes

Las aspiraciones más serias de Buffalo durante esta era se estrellaron repetidamente contra un muro vestido de rojo: los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes. El juego más icónico (y doloroso para los fans de los Bills) fue en la ronda divisional de 2021, cuando McDermott y compañía vivieron la pesadilla conocida como “13 segundos”.

Ese fue el tiempo que Mahomes necesitó para llevar a su equipo al empate luego de anotar un touchdown restando solo 13 segundos en el reloj. El gol de campo posterior llevó el partido a la prórroga, donde Kansas City selló la victoria 42-36. El récord de Buffalo bajo McDermott muestra tres eliminaciones por tres puntos o menos, reflejo de un equipo que siempre estuvo cerca, pero no lo suficiente.

¿Éxito parcial o fracaso total?

Este es el gran dilema con la figura de Sean McDermott. Por un lado, los números reflejan progreso y consistencia:

  • 8 apariciones en playoffs en 9 años.
  • Dos temporadas de 13 victorias (récord de franquicia igualado).
  • Una media de más de 10 triunfos por temporada.

Por otro, no haber llegado al Super Bowl —máxime con un talento generacional como Josh Allen— pesa como una losa en su legado. En una liga que premia resultados definitivos, llegar al umbral del éxito sin cruzarlo empieza a parecer insuficiente.

Comparaciones inevitables: Marv Levy y Jim Kelly

El técnico con más victorias en la historia del equipo sigue siendo el legendario Marv Levy (112-70), quien dirigió a los Bills entre 1986 y 1997, incluyendo las cuatro apariciones consecutivas en el Super Bowl en los noventa —todas perdidas— con Jim Kelly como mariscal de campo.

Hoy, McDermott queda segundo en esa lista. Pero a diferencia de Levy, jamás alcanzó el juego grande. El paralelismo conlevy es claro: ambos armaron equipos excepcionales que, sin embargo, jamás tocaron la gloria definitiva. ¿Está entonces McDermott destinado a ser recordado como otro casi-héroe de Buffalo?

El factor Josh Allen: ¿orfandad táctica?

La evolución de Allen ha sido sobresaliente desde su selección en el Draft de 2018. Actualmente, ha roto múltiples récords de la franquicia que habían sido propiedad de Jim Kelly. Su capacidad para generar jugadas explosivas, tanto por aire como por tierra, ha elevado las posibilidades de Buffalo en cada temporada. Pero el argumento más recurrente contra McDermott es que no supo maximizar a su QB franquicia.

Algunos analistas sugieren que un cambio de filosofía ofensiva o un técnico más agresivo podría haber colocado a Allen en mejores condiciones para competir. El talento estaba, pero el plan de juego muchas veces pareció conservador frente a rivales de gran calibre.

Los datos no mienten: ¿la maldición de los Bills?

Desde 1993, año de su última aparición en el Super Bowl, los Bills han experimentado todo tipo de frustraciones. Desde rellenos de memes en redes sociales hasta derrotas imposibles de olvidar. McDermott no rompió esa maldición, aunque estuvo más cerca que nadie desde Levy. Bajo su tutela, el equipo se convirtió en el primero en ganar una ronda de playoffs en siete temporadas consecutivas sin llegar al gran juego.

Un dato demoledor que encierra el espíritu de esta travesía: en sus últimos tres partidos de postemporada, el marcador se decidió por un gol de campo. En tres de sus ocho derrotas como entrenador en playoffs, el resultado fue en tiempo extra. Pequeños márgenes, pero que definen historias.

El juicio del tiempo

Para muchos, el despido de McDermott es quizá justo. Nueve años es un periodo considerable para cualquier proyecto y en la NFL, donde el éxito se mide en Lombardis, los valores intermedios se desvanecen pronto.

Y sin embargo, cuesta negar que devolvió la competitividad a una franquicia condenada a la irrelevancia. ¿Quién puede negar el mérito de haber dado esperanza en una ciudad que vivió del recuerdo durante décadas?

Tal vez en años venideros, se valore más su impacto estructural en el equipo. Hoy, sin embargo, su legado está incompleto.

Lo que viene para los Bills (y para McDermott)

Con Josh Allen aún en la cúspide de su carrera, los Bills necesitan elegir con sabiduría a su nuevo entrenador. La ventana de oportunidad para un Super Bowl no está cerrada, pero cada error estratégico la reduce. La presión es más intensa que nunca.

Por su lado, McDermott probablemente volverá a tener opciones en la liga. Su capacidad para construir defensas robustas y cambiar culturas en organizaciones será codiciada. Su historia todavía no está totalmente escrita.

¿Merecía el despido?

Esta es una pregunta que divide opiniones. Pero si algo está claro es que, en la NFL moderna, ganar no siempre es suficiente. Sobre todo cuando otros equipos —Kansas City, San Francisco, Filadelfia— sí dan ese paso extra.

McDermott luchó contra el peso de los grandes momentos y las decisiones cuestionables en ataques clave. Tal vez no fue víctima de su incapacidad, sino del nivel al que se elevó la exigencia. Recordaremos sus temporadas ganadoras, sus equipos valientes, pero también sus derrotas dolorosas.

En Búfalo, la esperanza vuelve a ser una incógnita.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press