Valentino Garavani: El último emperador de la moda y su legado eterno
Un repaso íntimo y apasionado a la vida, obra e impacto de Valentino, el artesano del glamour que vistió a la realeza, divas del cine y redefinió el rojo como símbolo de elegancia
Un genio del glamour que conquistó el mundo
El mundo de la moda llora la partida de uno de sus creadores más icónicos: Valentino Garavani, quien falleció en su hogar en Roma a los 93 años. Su legado es inmortal: dominó las pasarelas globales durante casi medio siglo con una propuesta de elegancia suprema, sensualidad intemporal y una paleta cromática marcada por el inolvidable "rosso Valentino".
Desde Jackie Kennedy hasta Julia Roberts, pasando por Diana de Gales y Cate Blanchett, las mujeres más admiradas del planeta confiaron en él para verse —y sentirse— inolvidables. Y es que, como dijo alguna vez Valentino: “Yo sé lo que quieren las mujeres. Quieren ser bellas”.
El arte de vestir a una diosa
En una era cada vez más marcada por lo transgresor y lo disruptivo, Valentino fue fiel a su estética clásica y romántica. Nunca apostó por diseños provocadores ni discursos conceptuales, pero sí por la obsesiva búsqueda de la belleza. En sus propias palabras: “Una mujer debe ser perfecta, siempre, para agradarse, para agradar a los demás, para deslumbrar”.
Simplismo para algunos, devoción artística para otros. El resultado fue una trayectoria deslumbrante, plagada de momentos que quedarán grabados en la historia:
- 2001: Julia Roberts subió al escenario de los Oscar con un vestido vintage de Valentino para recibir el premio a Mejor Actriz por "Erin Brockovich".
- 2004: Cate Blanchett lució un diseño color mantequilla de un solo hombro cuando fue galardonada con el Oscar a Mejor Actriz de Reparto.
- 1968: Jacqueline Kennedy se casó con Aristóteles Onassis usando un vestido de encaje de manga larga diseñado por Valentino, en una de sus colaboraciones más íntimas y perdurables.
El culto al rojo
El rosso Valentino no es simplemente un tono: es un manifiesto estético. Inspirado en una ópera que vio siendo adolescente en Barcelona, donde una llamada “mujer roja” deslumbró a la audiencia, Valentino comprendió que ese color pasaría a ser su sello.
Usaba esta tonalidad con destreza en vestidos de noche, capas de gala y trajes de alfombra roja. El rojo no era símbolo de osadía política o protesta: en su universo era belleza pura, pasión, arte. Él rescató la feminidad sin pedir disculpas, en una industria que con frecuencia celebraba la androginia o la provocación.
Roma, la cuna de un imperio
Valentino nació el 11 de mayo de 1932, en la localidad de Voghera, en el norte de Italia. Desde niño mostró un amor incontenible por el cine y por la belleza. Estudió en Milán y luego en París, con diseñadores como Guy Laroche o Jean Dessès, hasta fundar en 1959 su propia casa de moda en la Via Condotti, epicentro del lujo romano.
Allí comenzó su reinado, acompañado por su inseparable socio y compañero de vida empresarial, Giancarlo Giammetti. Mientras Valentino seducía a la alta sociedad con su magnetismo y vestidos de ensueño, Giammetti gestionaba la economía con pragmatismo.
Una vida de película
Pocas figuras del mundo del diseño llevaron una vida tan glamurosa y cinematográfica como Valentino. Dueño de un château del siglo XVII cerca de París decorado con más de un millón de rosas, propietario de obras de Picasso y Miró, y amo de un yate de 46 metros, cultivó amistades con Madonna, Gwyneth Paltrow, Liz Taylor e innumerables iconos del arte y la política.
Pero ninguna excentricidad opacó su constante búsqueda de perfección. Siempre tostado al sol, con trajes a medida y rodeado de sus fieles pugs, Valentino era un dandi imbatible.
El ocaso con grandeza
En 1998 vendió su firma por cerca de 300 millones de dólares a una compañía italiana. Sin embargo, se mantuvo como director creativo hasta 2008. Ese mismo año se retiró oficialmente, pero no sin antes celebrar su 45 aniversario en Roma con una fiesta de tres días en la Villa Borghese, una oda a la opulencia y la tradición.
Su partida marca el fin de la era del gran diseñador-estrella que dominaba la moda con carisma y prestigio. Hoy, raros son los modistos que alcanzan su estatus: maestro del drapeado, del encaje, del vestido que convierte a cualquier mujer en una emperatriz.
Legado eterno del último emperador
Valentino no solo creó vestidos: creó recuerdos, momentos icónicos, una visión de la belleza atemporal que supo enraizarse en la memoria colectiva. Como expresó en una entrevista para RTL en 2007: “Cuando veo a una mujer en pantalones deportivos, sin maquillaje... me da lástima. La mujer debe ser como un ramo de flores: siempre bella”.
Hoy su fundación recibe visitas para rendir homenaje. El funeral se celebrará el viernes en la Basilica Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, en Roma.
Como el título del documental que repasó su vida en 2009 ("Valentino: The Last Emperor"), el diseñador se marcha como lo que fue: el último emperador de la alta costura.
“La moda no debe gritar, debe seducir”. A través de esta filosofía, Valentino escribió con hilos de oro su nombre en la historia de la moda. Y aunque el telón haya caído para él, su influencia desfilará eternamente.