Chagos: Historia de una injusticia colonial y el pulso geopolítico entre potencias

El traspaso de soberanía del Reino Unido a Mauricio revive el drama de los desplazados y agita la tensión entre potencias mundiales

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Un pequeño archipiélago en el centro del tablero mundial

Las Islas Chagos son un conjunto de más de 60 atolones y bancos de arena ubicados en el medio del Océano Índico, al sur de las Maldivas y justo al este de Madagascar. Aunque remotas, su posición geográfica les otorga una importancia estratégica descomunal en el contexto de la seguridad global. En el corazón de este archipiélago se encuentra Diego García, una isla transformada desde la década de 1970 en una de las bases militares más críticas para los intereses de defensa de Estados Unidos fuera de su territorio continental.

De acuerdo con el Departamento de Defensa de EE. UU., la base en Diego García alberga a unos 2.500 efectivos, principalmente estadounidenses, y ha sido vital en operaciones militares en Vietnam, Irak, Afganistán y actualmente en África Oriental y Medio Oriente. Tal es su importancia que en 2024 fue una de las plataformas de lanzamiento de bombardeos estratégicos B-2 Spirit dirigidos contra rebeldes hutíes en Yemen.

Del colonialismo clásico a un enclave militar del siglo XXI

En 1965, tres años antes de que Mauricio obtuviera su independencia del Reino Unido, Londres separó, mediante maniobra legislativa, las Islas Chagos del resto de la colonia para formar el Territorio Británico del Océano Índico (BIOT, por sus siglas en inglés). Esta decisión escindió un territorio originariamente mauriciano, condición que sería contestada por décadas en tribunales internacionales.

Entre 1968 y 1973, cerca de 2.000 habitantes chagosianos fueron expulsados de sus islas hacia Mauricio y las Seychelles para permitir la instalación de la base militar estadounidense. Estos desalojos forzosos han sido calificados por organismos de derechos humanos como una violación sistemática de los derechos fundamentales, e incluso como crímenes de lesa humanidad por organizaciones como Human Rights Watch.

El fallo internacional que marca un antes y después

En 2019, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó que el Reino Unido debía poner fin a su administración del archipiélago, considerando que la separación de Chagos fue ilegal y violó el derecho internacional. La Asamblea General de la ONU también votó mayoritariamente instando a Londres a devolver las islas a Mauricio.

Sin embargo, el Reino Unido resistió inicialmente el fallo, argumentando razones de seguridad internacional para mantener su control. No sería hasta 2025 que un acuerdo bilateral comenzaría a tomar forma.

El controvertido acuerdo de 2025

El pacto firmado en mayo de 2025 entre el Reino Unido y Mauricio tras negociaciones iniciadas en 2022 plantea el traspaso de soberanía de todo el archipiélago, salvo Diego García, que sería arrendada por un periodo de al menos 99 años para garantizar la continuidad del enclave militar estadounidense.

Este punto fue esencial para lograr el apoyo del gobierno estadounidense, incluyendo a la administración de Donald Trump, que en su momento EPA dio su respaldo como salvaguarda a la operación militar. Sin embargo, meses después, el mismo Trump criticó el acuerdo como un acto de “GREAT STUPIDITY”, señalando que beneficiaba a potencias rivales como Rusia y China, y usó el argumento para justificar otra de sus obsesiones geoestratégicas: la adquisición de Groenlandia.

Reacciones encontradas en Londres y Washington

La firma del acuerdo fue objeto de controversia en la política británica. La dirigente del Partido Conservador, Kemi Badenoch, lo calificó como un “error que debilita la seguridad del Reino Unido” y criticó haber cedido territorio soberano bajo presión internacional.

Por otro lado, para Mauricio, el pacto representa un avance histórico hacia la culminación de su proceso de descolonización. El primer ministro mauriciano lo celebró como “la corrección de una injusticia de 60 años”.

El silencio de los verdaderos protagonistas: los Chagosianos

A pesar del paso histórico, los 10.000 chagosianos desplazados, esparcidos entre Reino Unido, Mauricio y Seychelles, han manifestado su profunda frustración por haber sido excluidos de las negociaciones.

“No tuvimos voz, no tenemos garantías claras de retorno ni de reparación real”, señaló Bernadette Dugasse, una de las activistas chagosianas que presentó acciones legales contra el acuerdo.

Human Rights Watch ha subrayado que el pacto, tal como está diseñado, perpetúa la injusticia al centrarse en la utilidad estratégica del territorio y no en la reparación de los derechos humanos violados por décadas. Aunque el acuerdo prevé la creación de un fondo de reasentamiento excluyendo Diego García, las condiciones son aún vagas y muchos temen que ese fondo se convierta en una solución simbólica más que en una política efectiva de retorno.

Una disputa que refleja un tablero geopolítico más amplio

Más allá de su dimensión histórica y humana, este caso refleja el enrarecido clima geopolítico actual, donde cualquier movimiento territorial es interpretado a través del prisma de la rivalidad entre grandes potencias.

Estados Unidos, China y Rusia han intensificado en los últimos años su despliegue de influencia en el Océano Índico, una región clave para las rutas marítimas del petróleo y el comercio global. La presencia militar en Diego García permite a Washington contrarrestar el auge chino en los mares del sur, actuar en África Oriental y mantener una influencia directa sobre zonas conflictivas como Yemen, Irán y Somalia.

De hecho, en 2024, el Pentágono reafirmó en un informe que Diego García representa “una plataforma prácticamente indispensable” para sus operaciones globales.

Por su parte, Beijing ha construido puertos y bases en Sri Lanka, Maldivas y Djibouti, lo que inquieta al Reino Unido, EE. UU. e India. Para Londres, asegurar la permanencia estadounidense en Diego García es una forma de mantenerse funcionalmente relevante en el marco pos-Brexit.

El futuro de un pueblo dividido entre el recuerdo y la esperanza

¿Podrán los descendientes chagosianos volver algún día? ¿Se garantizarán condiciones dignas de vida en islas menores sin servicios básicos? Estas preguntas siguen sin respuesta. Mientras tanto, la narrativa oficial avanza con los intereses geoestratégicos, pero sigue pendiente una reparación histórica completa para quienes pagaron el precio del ajedrez mundial.

El caso Chagos no es simplemente un problema de islas remotas, sino un espejo de los dilemas morales y políticos que persisten desde el legado colonial hasta la geopolítica contemporánea.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press