El nuevo enfoque de Siria sobre los prisioneros del Estado Islámico: ¿Oportunidad o amenaza regional?
Una mirada a la creciente inestabilidad en el noreste de Siria, los peligros de fuga de detenidos y el futuro de los campos de detención de mujeres e hijos del ISIS
Una región en tensión: El noreste de Siria vuelve a ser foco internacional
El conflicto entre las fuerzas del gobierno sirio y los combatientes kurdos en el noreste de Siria ha reavivado la atención mundial sobre una problemática olvidada pero altamente explosiva: los centros de detención de combatientes del Estado Islámico (EI) y los campos con mujeres y niños vinculados al grupo extremista. A medida que las fuerzas gubernamentales avanzan en zonas antiguamente controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), respaldadas por Estados Unidos, renace el temor de una nueva ola de desestabilización regional.
Prisiones al borde del colapso: ¿Qué pasa con los detenidos del EI?
Desde la derrota territorial del califato del EI en 2019, miles de combatientes han sido retenidos en prisiones improvisadas en el norte y noreste de Siria. Según un informe del Departamento de Estado de EE.UU., hay aproximadamente 9,000 combatientes detenidos, incluyendo 1,600 iraquíes y 1,800 de otras nacionalidades.
Algunas de estas instalaciones, como la prisión Gweiran (hoy conocida como Panorama), han sido verdaderas bombas de tiempo. Con capacidad para unos 4,500 detenidos, está ubicada en Hasakeh, aún bajo control de las SDF. Otras, como Shaddadeh, donde se reportó la fuga de 120 combatientes del EI tras un enfrentamiento reciente, han caído en manos del gobierno sirio. Al menos 81 fueron recapturados, pero 39 continúan desaparecidos, lo que genera inquietud entre los analistas de seguridad.
La amenaza invisible: Células durmientes y atentados futuros
El peligro de que combatientes escapen no solo reside en el riesgo inmediato, sino en su reinserción en células durmientes del EI que aún operan en Siria, Irak y otros países. Como advierte Muaz Al Abdullah, investigador en el Armed Conflict Location & Event Data Project, "algunas de estas prisiones contienen hasta 5,000 combatientes del EI, lo cual representa una amenaza significativa ante el vacío de seguridad en el noreste de Siria".
Recordemos que el EI, desde su proclamación del califato en 2014, inspiró y organizó atentados globales, desde París hasta Yakarta, sin olvidar las atrocidades locales como la esclavización de miles de mujeres yazidíes. Cualquier reapertura operacional del EI tendría efectos devastadores y globales.
Crisis humanitaria prolongada: Al-Hol y Roj, campos de limbo eterno
Pero las prisiones no son las únicas infraestructuras en riesgo. Los campos de desplazados como al-Hol y Roj albergan a decenas de miles de mujeres y niños que, directa o indirectamente, estuvieron vinculados al EI.
Al-Hol, situado en el noreste sirio cerca de la frontera con Irak, ha albergado hasta 73,000 personas en su punto álgido, aunque hoy alberga unos 24,000 según Sheikhmous Ahmad, funcionario kurdo. La mayoría son sirios (14,500), seguidos por iraquíes (3,000), y unos 6,500 extranjeros (en su mayoría mujeres e hijos de combatientes) alojados en un área de máxima seguridad conocida como el "anexo".
Este campo, que ha sido calificado por organizaciones como Amnistía Internacional como una "bomba de radicalización", ha visto asesinatos internos, motines y adoctrinamiento infantil perpetuado por madres radicales. En palabras del mismo EI, liberar a estos "leones y leonas" ha sido uno de sus objetivos estratégicos.
Un cambio estratégico: ¿Puede el gobierno sirio gestionar la amenaza?
Desde finales de 2025, el régimen de Bashar al-Assad se ha unido formalmente a la coalición internacional liderada por Estados Unidos contra el ISIS, proponiendo asumir la gestión de estas prisiones y campos. Esto representa un giro estratégico, ya que históricamente se ha acusado al régimen de manipular la amenaza extremista para justificar su represión interna.
Sin embargo, ahora el ministerio del Interior sirio afirma estar "comprometido con la lucha contra el extremismo" y asegura que ya han tomado control del campo de al-Hol. Las fotos difundidas por la agencia estatal SANA muestran a fuerzas leales patrullando el área, aunque entidades independientes no han verificado totalmente el traspaso del control.
La oposición kurda, por su parte, acusa al régimen y a sus facciones aliadas de cortar servicios básicos a instalaciones sensibles, como ocurrió en la prisión de al-Aqtan, cerca de Raqqa, donde cortaron el suministro de agua, afectando a centenares de detenidos.
El dólar y la estabilidad: ¿Un nuevo teatro de tensión global?
La situación en Siria no solo es un tema regional. Washington, Bruselas, Moscú y Ankara observan de cerca. Estados Unidos, como principal respaldo de las SDF, ha presionado para que los países de origen repatrien a sus ciudadanos atrapados en los campos y prisiones. Pero el proceso ha sido lento: solo una fracción ha sido devuelta.
En este escenario, el regreso parcial del poder central sirio puede ser visto en Occidente tanto como una imposición arriesgada como una oportunidad. ¿Podría el gobierno sirio estabilizar estas áreas o los utilizará como moneda de cambio geopolítica? Dado que Siria continúa siendo un actor aislado internacionalmente, una gestión efectiva de esta crisis podría servirle para mejorar sus relaciones diplomáticas.
Estado Islámico 2.0: El peligro de la nostalgia y el relato victimista
Analistas como Hassan Hassan, autor del libro ISIS: Inside the Army of Terror, advierten que muchos excombatientes y sus familias podrían levantar una narrativa de revancha si el caos continúa. "Cada fuga o arresto arbitrario alimenta la idea de un martirio, una injusticia, base clave del relato del califato. Hoy son sólo sobras de lo que fue el EI, pero sobras altamente inflamables".
No olvidemos que algunos menores en estos campos ya tienen entre 10 y 15 años, nacidos durante el califato y criados bajo su ideología. Sin intervenciones educativas y humanitarias urgentes, podríamos tener una futura generación radicalizada por omisión global.
Un caso paradigmático: Shamima Begum y el dilema de los repatriados
En el campo de Roj —menos estricto que al-Hol y ubicado cerca de las fronteras con Irak y Turquía— vive aproximadamente 2,500 personas. Entre ellas destaca Shamima Begum, la joven británica que viajó con 15 años al califato. Su caso sigue siendo debatido en tribunales británicos por la retirada de su nacionalidad, convirtiéndose en un emblema de las complicadas decisiones legales y éticas que enfrentan los países de origen.
Roj, a diferencia de al-Hol, presenta casos de mujeres que ya no siguen las estrictas normas islámicas, y hasta algunas van sin velo. Esto indica una división interna en cuanto al grado de radicalización y abre una posibilidad para programas de desradicalización.
¿Qué puede hacer la comunidad internacional?
El Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido múltiples alertas al respecto, instando a la repatriación de ciudadanos y la creación de mecanismos de justicia internacional para juzgar a los militantes capturados. Pero falta voluntad política. La inseguridad jurídica, el miedo a atentados en el país de origen y la presión mediática han paralizado muchas iniciativas.
En palabras de António Guterres, secretario general de la ONU, “estos niños y niñas no deben ser castigados por los crímenes de sus padres... cada día que pasan en estos campos es un día más perdido en su desarrollo.”
Una región al borde del abismo
La reciente ofensiva gubernamental, las fracturas internas entre las SDF y el avance de fuerzas leales a Damasco han convertido al noreste sirio en una bomba de relojería. Si bien aún no se ha producido una fuga masiva, los incidentes recientes no hacen más que aumentar las tensiones y posibilitar que facciones del EI resurjan con nuevo impulso.
La comunidad internacional se enfrenta a un dilema urgente: intervenir de forma coordinada para evitar una escalada mayor, o permanecer al margen y ver cómo las sombras del califato vuelven a proyectarse sobre Siria... y más allá.
