Gaza y el invierno de la desesperación: el alto el fuego que no apaga el frío

Mientras líderes mundiales discuten sobre la paz, niños palestinos mueren de hipotermia en medio de carencias inhumanas

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Por cada diplomático reunido en las cumbres internacionales, hay un niño en Gaza expuesto al frío mortal. El caso de Shaza Abu Jarad, una bebé de tres meses fallecida por hipotermia, sintetiza con dolor lo que ocurre en el enclave palestino bajo asedio.

La tragedia de Shaza: una víctima silenciosa del conflicto

Shaza Abu Jarad tenía apenas tres meses de vida cuando la encontraron sin signos vitales dentro de una tienda improvisada en el barrio Daraj, de Ciudad de Gaza. Según su padre, Mohamed Abu Jarad, al descubrirla, ya estaba helada. La muerte fue confirmada por un médico en el hospital Al-Ahly: hipotermia.

La familia, con siete hijos más, vive en condiciones de extrema precariedad luego de que su casa fuera destruida por los bombardeos. Hoy ocupan una tienda de campaña, como cientos de miles de personas en Gaza desplazadas por la guerra.

Nueve muertes infantiles por frío en lo que va del invierno

De acuerdo con el Ministerio de Salud en Gaza, controlado por Hamas pero considerado por la ONU y expertos internacionales como una fuente confiable, Shaza es la novena niña fallecida este invierno debido al frío extremo. Una cifra escalofriante en una zona donde los conflictos armados han dejado a las familias sin techo, sin calefacción y sin recursos.

La cifra total de niños fallecidos desde la implementación del alto el fuego en octubre supera los 100, con varios casos directamente relacionados al clima, incluido el de una bebé de 27 días que también murió por hipotermia el mismo fin de semana.

“Paz” firmada, pero sin mantas ni electricidad

El alto el fuego entre Israel y Hamas, acordado en octubre 2025 bajo el “Plan de 20 puntos” impulsado por Donald Trump, logró una pausa en los ataques y el ingreso más fluido de ayuda humanitaria. Sin embargo, los testimonios desde Gaza reflejan que lo esencial aún falta: mantas, abrigos, combustible y madera escasean. Gaza, con temperaturas nocturnas por debajo de los 10°C, es inhóspita en invierno sin estos elementos.

La electricidad central lleva inactiva desde los primeros días de la guerra en 2023. Los generadores, comunes en situaciones de emergencia, apenas pueden ser usados debido a la falta de combustible.

La Cruz Roja Internacional advirtió recientemente que el frío y las lluvias representan una amenaza directa a la supervivencia en Gaza. Activistas internacionales y ONGs coinciden: la catástrofe humanitaria persiste, incluso cuando cesan los bombardeos.

La política con traje y los refugiados con harapos

Mientras tanto, en el exclusivo resort alpino de Davos, en Suiza, docenas de líderes mundiales discutían sobre el nuevo Consejo para la Paz, un órgano propuesto por Trump con el ambicioso objetivo de colaborar en la resolución de conflictos globales, comenzando por Gaza.

Pero la iniciativa ha generado más preguntas que respuestas. Países como Rusia han confirmado haber recibido la invitación, mientras que Francia ya ha expresado que no planea unirse “por el momento”. El espectro de este organismo, aseguran algunos analistas, busca competir en peso político con el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

De fondo, la paradoja: el “Consejo para la Paz” surge mientras en Gaza mueren niños que no conocieron siquiera lo que significa vivir en paz.

Un modelo de respuesta rota

Con cada invierno, la fragilidad de las soluciones temporales en Gaza queda al descubierto. Las tiendas de campaña, pensadas como alojamientos de emergencia, hoy son hogar permanente de cientos de miles. El sistema sanitario opera al borde del colapso, sin suficiente instrumental, medicamentos ni capacidad energética. El sistema humanitario también enfrenta obstáculos debido a bloqueos logísticos e interferencias políticas.

Según datos de la ONU, más del 70% de la población gazatí depende actualmente de ayuda humanitaria para sobrevivir. Los bloqueos impuestos por Israel, justificados como acciones de seguridad nacional, han afectado la llegada de mercancías esenciales, incluidas mantas térmicas y materiales de construcción.

¿Y los derechos del niño?

La muerte de Shaza no solo es una tragedia humanitaria, sino también una violación al derecho internacional. Según la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, ratificada por casi todos los países del mundo (incluido Israel), todo niño tiene derecho a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental y social.

“Shaza representa el fracaso colectivo de proteger a los más vulnerables en zonas de conflicto”, afirmó Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para Refugiados. “No se trata solo de una guerra, sino de años de desinterés internacional por una solución duradera.”

¿Dónde queda la responsabilidad internacional?

La comunidad internacional, mientras delibera en hoteles de cinco estrellas, enfrenta un llamado moral. Cuerpos multilaterales como la ONU, la Liga Árabe y el propio “Consejo para la Paz” pueden reunirse, pero sin acciones concretas, el resultado son niños muertos y generaciones enteras traumatizadas.

Según Save the Children, los efectos de la violencia y la miseria en Gaza afectan psicológicamente a más del 80% de los niños del enclave. Muchos sufren cuadros de estrés postraumático, ansiedad severa y retraso en el desarrollo.

Tiempos desesperados, soluciones lentas

En Gaza no se espera el calendario diplomático. Cada día sin suministros básicos es un día más en riesgo para miles. La experiencia palestina, particularmente en momentos críticos del invierno, debe acelerar debates geopolíticos que han sido perpetuamente postergados.

Y es que la pobreza energética no afecta solo a Gaza. Según la Agencia Internacional de Energía, más de 775 millones de personas en el mundo carecen de acceso a electricidad básica en 2024. Pero en zonas de conflicto como Palestina, ese número no solo representa incomodidad, sino una sentencia de muerte silenciosa.

¿Características de un consejo de paz o de relaciones públicas?

Donald Trump, conocido por su estilo directo y polarizante, presentó el Consejo para la Paz como una solución alternativa e “independiente” de otras instituciones internacionales. En palabras del exmandatario: “Estamos embarcándonos en un nuevo enfoque valiente para resolver conflictos globales”. Pero críticos aseguran que la iniciativa peca de vaguedad en su misión, y los países la ven como un intento por reposicionar políticamente a Trump en el mapa internacional.

Mientras tanto, la población gazatí no necesita consejos ni teorías geopolíticas: necesita calefacción, comida, agua potable, atención médica y cobijo seguro.

La urgencia tiene nombre, apellido y fecha de muerte

Su nombre era Shaza. Tenía tres meses. Murió congelada en la madrugada del 20 de enero de 2026. Su imagen en brazos de su tío, Khalid Abu Jarad, llorando junto al cuerpo helado, es un llamado que no puede ignorarse.

Es un llamado a quienes tienen influencia política. A quienes imponen embargos. A quienes negocian tratados y editan reportes. Un llamado que exige acción. Porque ningún niño debería morir de frío en el siglo XXI. Porque si no escuchamos ese llamado, habremos perdido más que cuerpos: habremos anulado el alma colectiva de la humanidad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press