Irán bajo apagón digital: cuando el internet se convierte en arma de represión

El apagón más largo de internet en la historia de la República Islámica golpea a negocios, libertad de expresión y agudiza una crisis social y económica sin precedentes

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Irán vive hoy una de sus etapas más oscuras en lo que respecta a derechos digitales y libertades fundamentales. Desde el 8 de enero, tras una serie de protestas nacionales reprimidas con extrema violencia por el régimen, la población iraní enfrenta un corte de internet total –el más prolongado y severo en su historia reciente–, sumiendo a millones de ciudadanos y empresas en una oscura incertidumbre modernista.

Un país desconectado

Conectarse a internet en Irán hoy es casi imposible. Solo algunas páginas web locales funcionan parcialmente y Google, aunque visible, devuelve resultados inútiles. La población ha visto restringido su acceso a redes sociales, herramientas de trabajo y, más grave aún, información del exterior, encerrando al país en una burbuja digital nociva.

La organización NetBlocks, que monitorea el acceso a internet a nivel global, estima que cada día de apagón cuesta a Irán más de 37 millones de dólares. Esta cifra eclipsa la estimación oficial de entre 2.8 y 4.3 millones de dólares diarios, ofrecida por el viceministro de comunicaciones Ehsan Chitsaz. El impacto económico es demoledor.

Pequeños negocios sufren primero

Los emprendedores digitales y el comercio electrónico son las primeras víctimas. “Mi actividad ha caído un 90%”, confesó el dueño de una tienda de mascotas en Teherán. Antes de los apagones, vendía exclusivamente por Instagram y Telegram, hoy inaccesibles. Las alternativas nacionales propuestas por el gobierno han fracasado: las audiencias simplemente no las usan.

En cifras, los negocios iraníes generaban hasta 833 millones de dólares anuales desde plataformas sociales en 2021, según estimaciones oficiales citadas por la académica Dara Conduit en la revista Democratization. Durante las protestas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, los cortes de internet ocasionaron pérdidas económicas de hasta 1.6 mil millones de dólares.

La economía antes del apagón: un colapso anunciado

Este nuevo cierre digital no llega en un vacío. Irán ya estaba sumido en una crisis económica agravada por décadas de sanciones, corrupción sistémica y decisiones erráticas. El rial iraní continúa desplomándose: actualmente supera los 1.4 millones por dólar, cuando hace diez años se encontraba en 32,000 y antes de 1979 a solo 70.

La inflación golpea ferozmente al ciudadano común, elevando los precios de alimentos, productos básicos y combustibles. Esta situación ya había provocado protestas desde diciembre pasado, antes de estallar con fuerza en enero. Pero la respuesta del régimen fue brutal: según activistas, la represión ha dejado al menos 4,000 muertos y 26,000 arrestos.

Una represión sin precedentes: cortar la voz del pueblo

Cortar el internet en tiempos de protestas no es una novedad para el régimen iraní. Ya ocurrió en 2019 y en 2022. Pero esta vez, la táctica fue casi total. El objetivo es claro: ocultar la represión, impedir la organización ciudadana y asfixiar la comunicación disidente.

“Por el amor de Dios, que esto no se vuelva rutinario. Necesitamos el internet. Nuestra vida comercial desaparece. Nuestro negocio se destruye”, escribió un usuario en un portal de noticias semioficial, reflejo del sentir común.

Protestas masacradas, negocios saqueados

Pero el apagón digital no es el único castigo. La represión ha alcanzado incluso a algunos cafés, restaurantes e influencers que mostraron simpatía con las protestas o simplemente no cerraron en señal de apoyo. Más de 60 establecimientos están bajo amenaza de embargo. El régimen también amenaza a deportistas, actores y empresarios afines.

Los consumidores tampoco tienen ánimo de comprar. Un sastre de lujo en Teherán afirma: “La gente pasa frente a nuestras vitrinas, pero no hay interés. Solo pagamos electricidad y salarios, sin ventas en retorno.”

Represión tecnológica como modelo político

El régimen iraní ha consolidado una nueva forma de represión: el control total de la información digital. Según el ranking de libertad en la red de Freedom House, Irán se encuentra entre los cinco países con menos libertad de internet del mundo, junto a Corea del Norte y China. Desde 2009, durante las protestas del Movimiento Verde, Teherán ha perfeccionado su modelo de censura y monitoreo.

  • Las plataformas como Instagram, WhatsApp, Telegram, YouTube y Facebook están bloqueadas.
  • Muchos periodistas fueron detenidos o silenciados tras publicar sobre las protestas.
  • El régimen está desarrollando una intranet nacional (proyecto "Halal Net") para reemplazar internet global.

Irán ya cuenta con clústeres de vigilancia digital, rastreo de IP, monitoreo de palabras clave y un ejército cibernético dispuesto a sofocar cualquier disidencia.

El desafío futuro: reconstruir la confianza digital

Más allá de las pérdidas económicas, la mayor herida que deja este apagón es la desconfianza digital. Las personas saben que sus movimientos online están controlados. Las empresas temen depender de herramientas vulnerables a decisiones políticas. Y la juventud, cada vez más frustrada, busca formas de eludir la censura con VPNs, lenguajes cifrados y plataformas alternativas.

La paradoja es que la represión alimenta justamente lo que quiere evitar: el enojo de una nueva generación. Como escribió Conduit, los cortes generalizados de internet como respuesta a Mahsa Amini “elevaron el riesgo de movilizar nuevos grupos opositores al régimen en un momento de crisis existencial”.

¿Y ahora qué?

El gobierno no ha dado respuesta sobre cuándo volverá internet en su totalidad. Algunos especulan con que será progresivo, otros temen que termine siendo un nuevo estándar de control. Mientras tanto, Irán sigue envuelto en una tormenta silenciosa: calles vacías, negocios cerrando, rostros cansados y una nación que grita sin voz.

En palabras de uno de los empresarios anónimos entrevistados: “No es solo nuestro negocio lo que se está muriendo, es nuestra esperanza.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press