La diplomacia de la fuerza: la nueva “Junta de Paz” de Trump y su amenaza al orden global
Donald Trump propone una nueva estructura internacional para mediar conflictos armados, ¿pero podría esta Junta reemplazar realmente a la ONU o es otra herramienta de presión geopolítica con rostro estadounidense?
Un nuevo orden mundial al estilo Trump
En medio de una nueva ola de tensiones internacionales en Gaza y otras regiones, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desvelado su ambiciosa propuesta: la creación de una entidad multinacional llamada “Junta de Paz”, cuyo objetivo sería resolver conflictos armados y reemplazar, en ciertos aspectos, las funciones de organismos internacionales tradicionales como el Consejo de Seguridad de la ONU.
La propuesta no ha pasado desapercibida. Con un enfoque mediático, audaz y altamente centralizado en su figura, Trump ha ofrecido invitaciones formales a diversos países para participar en esta junta que, aunque aún no cuenta con una carta oficial definitiva, ya ha encendido las alarmas entre diplomáticos, analistas y estados miembros del sistema multilateral.
¿Qué es exactamente la Junta de Paz?
Según un borrador del estatuto obtenido por diplomáticos europeos y confirmado por funcionarios estadounidenses, la Junta busca actuar con mayor agilidad y 'efectividad' que el Consejo de Seguridad. Entre sus funciones estaría la de intermediar en conflictos globales, coordinar intervenciones internacionales y promover acuerdos de alto nivel con la promesa de “una paz duradera basada en decisiones prácticas”.
Pero lo más revelador del borrador es la concentración de poder que tendría su fundador, Donald Trump. Entre otras cosas, asumiría la presidencia de la Junta, con capacidades para:
- Invitar a nuevos miembros o retirar a los existentes
- Romper empates en votaciones
- Establecer la frecuencia de las reuniones
- Crear o disolver comités auxiliares
Además, el documento establece un sistema de membresía que recuerda más a un consejo corporativo que a un organismo multilateral: países que aporten más de mil millones de dólares al año adquieren un asiento permanente.
Participantes confirmados y las notables ausencias
Hasta ahora, siete naciones han aceptado participar: Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Vietnam, Kazajistán, Hungría, Argentina y Bielorrusia. También ha habido invitaciones a líderes como Santiago Peña (Paraguay), Mark Carney (Canadá), Abdel-Fattah el-Sissi (Egipto), y Recep Tayyip Erdogan (Turquía), así como a organizaciones como la Comisión Europea.
Sin embargo, Francia ha rechazado la invitación rotundamente. El Ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noel Barrot, declaró: “Sí a implementar el plan de paz del presidente de EE.UU., pero no a crear una organización que pretenda reemplazar a Naciones Unidas”.
La respuesta directa de Trump no tardó: “Nadie quiere a Macron porque pronto estará fuera del cargo... le pondré un 200% de arancel a sus vinos y champañas y verá cómo acepta”, declaró.
¿Una amenaza para Naciones Unidas?
Trump ya ha mostrado repetidamente su escepticismo ante organismos multilaterales como la ONU, la OTAN y la OMC. Esta nueva “Junta de Paz” parece ser, además de una propuesta, un desafío directo al modelo de gobernanza internacional basado en consenso y legitimidad compartida.
Mientras que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue creado tras la Segunda Guerra Mundial para evitar nuevos conflictos globales con un sistema de veto que refleja los equilibrios geopolíticos del siglo XX, la visión de Trump propone una estructura mucho más vertical, con menos controles y basada en capital económico.
Los intereses detrás del proyecto
El comité ejecutivo de la Junta incluye nombres que no sorprenden: Marco Rubio (Secretario de Estado), Jared Kushner (yerno de Trump), Tony Blair (ex primer ministro británico), Ajay Banga (presidente del Banco Mundial), entre otros. La participación del sector financiero, representado por el CEO de Apollo Global Management, Marc Rowan, también destaca.
Junto a esta junta, se ha anunciado también una “Junta Ejecutiva de Gaza”, encargada de implementar la segunda fase del plan de tregua con Hamas: desarme, pacificación, y reconstrucción del enclave. Esta junta incluirá figuras como el ministro de exteriores turco, un alto cargo de inteligencia egipcio y representantes emiratíes e israelíes.
“Mantenemos un enfoque pragmático”, declaró Trump al ser preguntado sobre la participación simultánea de Qatar e Israel, países con agendas enfrentadas. “No hay enemigos cuando se hace negocio”, añadió con su habitual tono.
Israel, Gaza y la geopolítica de conveniencia
Gran parte del impulso detrás de esta junta de paz parece ligado al conflicto crónico entre Israel y Palestina. En semanas recientes, el reconocimiento de nuevos asentamientos israelíes en Cisjordania y las acciones de Bezalel Smotrich, ministro de finanzas —y líder del movimiento colonizador israelí—, han provocado un aumento notable de la tensión.
Trump, aunque ha sido crítico con Netanyahu en ciertos aspectos, mantiene fuertes lazos con los actores de extrema derecha del actual gobierno israelí. De hecho, su administración acompañó el proceso de legalización del nuevo asentamiento “Yatsiv”, construido de manera acelerada pese a protestas internacionales. Estas acciones coordinadas indican que la Junta podría respaldar a actores regionales cuestionados por su historial de derechos humanos, si estos responden estratégicamente a sus intereses.
Una ONU alternativa pintada en rojo, blanco y azul
Si bien la intención declarada parece loable —promover la paz en zonas devastadas—, la estructura altamente centralizada, junto con los criterios económicos para pertenecer, avivan el temor de que se esté creando un organismo a imagen y semejanza de los intereses geopolíticos y financieros de Estados Unidos.
La propuesta de la Junta de Paz forma parte de una nueva estrategia diplomática donde EE.UU. usaría su poder blando y duro para moldear arquitecturas internacionales paralelas, en las que el liderazgo estadounidense ya no está limitado por el multilateralismo genuino, sino definido por alianzas transaccionales.
¿Hacia una gobernanza global privatizada?
Una de las críticas más fuertes viene desde organismos de la sociedad civil y expertos en gobernanza global: la financiación por membresía millonaria abre la puerta a una diplomacia elitista y excluyente, donde los conflictos de mayores recursos sean los únicos con posibilidades reales de resolución.
“El hecho de que un cheque de mil millones te compre un asiento permanente socava cualquier marco ético sobre el cual puedan sostenerse iniciativas de paz duraderas”, expresó Michael Doyle, experto en derecho internacional y ex asesor de Naciones Unidas.
Un modelo que se extiende: la tendencia de crear órganos paralelos
No es la primera vez que Trump impulsa órganos alternativos. Durante su primer mandato, ya se había salido de la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el acuerdo climático de París. Este proyecto parece parte del mismo patrón: crear instituciones internacionales a medida, para hacer política exterior sin 'molestos contrapesos institucionales'.
Esto se alinea también con una ofensiva ideológica de parte de varios movimientos nacionalistas globales que ven en organismos como la ONU a instituciones 'inútiles', 'corruptas', o contrarias a los intereses nacionales. La Junta de Paz se presenta así como una alternativa “eficaz” pero eminentemente unilateral.
¿El fin del modelo multilateral?
Mientras llega la fecha de su presentación formal en el Foro Económico Mundial de Davos, los analistas internacionales vigilan con atención. El modelo de la Junta de Paz puede parecer novedoso, pero también retrotrae a una vieja tentación: que un país o líder poderoso decida arbitrariamente quién merece o no paz.
La creación de instituciones paralelas a la ONU no es nueva —como en el caso de las cumbres del G7 o acuerdos como la OTAN—, pero en este caso el trasfondo personalista y mercantilista es lo que despierta mayores reservas.
Queda ver cuántos líderes darán un paso al frente dispuestos a aceptar una arquitectura internacional donde la gran entrada no sea la diplomacia ni el diálogo entre iguales, sino abrir la chequera.
