La nueva Guerra Fría por islas estratégicas: ¿Greenland y Chagos, el pretexto de Trump para reconfigurar el orden mundial?
El controvertido interés de Estados Unidos por controlar Groenlandia y el malestar por la cesión del archipiélago de Chagos a Mauricio revelan un nuevo escenario geopolítico en las relaciones entre Occidente, China y Rusia.
Donald Trump, Groenlandia y una obsesión geopolítica
La escena resulta casi surrealista: el ex presidente Donald Trump, en plena cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, publica una imagen editada donde planta la bandera estadounidense en Groenlandia. ¿Una broma? Para algunos. ¿Una amenaza velada? Para Europa, sin duda.
La idea de anexar Groenlandia a Estados Unidos no es nueva. Trump ya lo había sugerido en 2019, causando risas y reacciones diplomáticas de asombro e incomodidad. Sin embargo, lo que parecía una idea delirante se ha transformado en una serie de acciones concretas, incluyendo amenazas de nuevos aranceles a países europeos que respaldan a Dinamarca en mantener su soberanía sobre la isla.
La reciente imposición de un impuesto del 10% sobre productos de ocho países europeos es sólo el inicio. Trump sostiene que Groenlandia es esencial para la seguridad nacional de EE. UU. ante las crecientes amenazas de China y Rusia en el Ártico. El Pentágono, aunque con un tono más moderado, ha subrayado la creciente importancia de la ruta ártica y los recursos naturales de la isla, como el uranio, el zinc y el petróleo.
Protestas en Groenlandia: "No seremos presionados"
La respuesta de los groenlandeses fue clara. Miles salieron a las calles durante el pasado fin de semana en una insólita manifestación de rechazo a los intentos de anexión. Su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, fue contundente en sus redes sociales: "No seremos presionados".
Con apenas 56,000 habitantes, Groenlandia disfruta de una amplia autonomía dentro del Reino de Dinamarca. Sin embargo, su importancia militar geoestratégica, sumada al cambio climático que abre nuevas rutas por el Ártico, la ha colocado nuevamente en la mira de las grandes potencias.
La base aérea Thule, situada en el norte de la isla, ya alberga una instalación clave para el sistema de defensa antimisiles estadounidense, y su posición ofrece un punto de monitoreo privilegiado sobre Rusia en la región polar.
El respaldo europeo y la ira comercial de Trump
El respaldo de países como Francia, Alemania e Italia a Dinamarca irritó aún más a la Casa Blanca. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentó minimizar la crisis en Davos, asegurando que la relación EE. UU.-Europa “nunca ha sido más sólida”, aunque todo indique lo contrario.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que la Unión Europea evalúa activar su nuevo “instrumento anticohersión” –un arsenal legal que permitiría bloquear empresas e individuos estadounidenses responsables de medidas coercitivas–. Además, en Bruselas ya se discute la suspensión del acuerdo comercial U.S.-EU.
Como muestra de la disensión, Emmanuel Macron contactó a Trump para promover una cumbre especial del G7 en París, tras los eventos de Davos. En una inusual coincidencia, el mensaje del presidente francés fue confirmado por el entorno de Trump. La diplomacia, aunque aún activa, parece caminar al límite.
La historia se repite: el caso de las Islas Chagos
Mientras tanto, otro enclave estratégico ha desatado controversia: el archipiélago de Chagos en el océano Índico. Pese a contar con el respaldo inicial de Washington, el Reino Unido decidió transferir la soberanía de las islas a Mauricio en mayo, conservando sin embargo, una especie de alquiler del estratégico atolón Diego Garcia por 99 años.
La reacción de Trump fue explosiva: calificó la movida británica como un acto de "gran estupidez", acusando a Londres de debilitar la capacidad de la OTAN y exponerse a la influencia china y rusa.
“El Reino Unido entregando tierras extremadamente importantes es un acto de gran estupidez, y una razón más de por qué Groenlandia debe ser adquirida”, publicó en Truth Social.
Diego Garcia, con una población de 2,500 militares y contratistas estadounidenses, es considerada una pieza indispensable de la infraestructura militar occidental en Asia y África Oriental. Desde esta base se lanzaron operaciones contra Irak, Afganistán y Somalia.
Una historia de despojo y olvido
Lo que se suele olvidar en los titulares es que más de 2,000 habitantes indígenas fueron expulsados de Chagos entre 1968 y 1973 para hacer lugar a la base estadounidense. Actualmente, cerca de 10,000 descendientes de estos isleños viven en el Reino Unido, Mauricio y Seychelles, muchos de los cuales aún luchan ante cortes británicas por su derecho a regresar.
El acuerdo entre Reino Unido y Mauricio planea crear un fondo de asentamiento para facilitar el posible retorno, excluyendo a Diego Garcia, controlada por EE. UU. Esta exclusión ha provocado fuertes críticas de partidos opositores británicos y organizaciones de derechos humanos.
¿Qué está en juego? Entre geopolítica y nostalgia imperial
En palabras de la analista política Anne Applebaum: “Los imperios nunca terminan de morir; resucitan en forma de disputas territoriales, nostalgia y amenazas arancelarias.”
El interés estadounidense por Groenlandia y su inconformidad con la cesión de Chagos se entienden mejor dentro del nuevo tablero multipolar. La creciente presencia de China en África y su colaboración científica en el Ártico con Rusia han puesto en alerta al Departamento de Estado. De hecho, ambos países ya han aumentado sus capacidades navales en el polo norte y sur.
Trump ha logrado convertir dos asuntos relativamente marginales —uno simbólico, otro técnico— en banderas de su cruzada por un renovado expansionismo estadounidense. No se trata solo de islas; se trata de quién manda en el nuevo siglo.
Europa, a prueba
- ¿Podrá la UE actuar firmemente con mecanismos como la "trade bazooka"?
- ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger su soberanía frente a aliados problemáticos?
- ¿Habrá consecuencias para la OTAN, ya tensionada desde hace años por posiciones unilaterales de EE. UU.?
La respuesta a estos cuestionamientos marcará si Europa sigue siendo un actor con voz propia, o si regresa a la órbita de lo que alguna vez fue simplemente el “mundo occidental”.
Una era de diplomacia imprevisible
La política exterior estadounidense bajo Trump parece haberse instalado en una lógica de choque y alarde. Lo irónico es que, mientras se aliena de sus aliados tradicionales, busca reafirmar su control militar global a través de símbolos territoriales.
Como bien señala el historiador Timothy Snyder, “la frontera entre teatro político y acción estratégica ya no es distinguible; en la era Trump, la visibilidad es poder.”
Lo dicho: si el primer mandato del ahora expresidente estuvo marcado por provocaciones comerciales, el segundo amenaza con reconfigurar ordenamientos geopolíticos enteros bajo la bandera de una diplomacia unilateral violenta.
Las islas —esas pequeñas porciones de tierra rodeadas de agua— nunca fueron tan importantes como hoy.
