La tiranía del Super Bowl: Por qué ganar no siempre salva tu empleo en la NFL
Sean McDermott, Mike McDaniel y otros casos que demuestran que en la NFL, los éxitos parciales no bastan: solo el trofeo Vince Lombardi cuenta
El implacable juicio del Super Bowl
En la NFL, ganar no es suficiente. Hacerlo consistentemente tampoco garantiza seguridad laboral. Solo existe un verdadero termómetro del éxito: levantar el trofeo Vince Lombardi. Esa es la cruel realidad que múltiples entrenadores exitosos han tenido que enfrentar. El caso más reciente es el de Sean McDermott, despedido tras llevar a los Buffalo Bills a los playoffs en ocho de sus nueve temporadas, pero sin alcanzar nunca un Super Bowl.
McDermott no es un caso aislado. Este patrón se ha repetido con muchos otros entrenadores talentosos que, aún construyendo franquicias competitivas, no lograron dar el golpe final. Esta es una visión crítica y reflexiva —un análisis profundo— de cómo la cultura de la NFL mide el éxito en términos absolutos.
Sean McDermott: ¿innovador o fracasado?
Desde 2017, McDermott transformó a una franquicia intrascendente en la AFC Este en una potencia. Su legado incluye un resurgimiento defensivo, el desarrollo estrella del quarterback Josh Allen y progresos tangibles en cada fase del juego. Sin embargo, la falta de un título fue suficiente para truncar su proyecto.
Los Bills cayeron en dos finales de conferencia ante los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes, una máquina casi perfecta. Bajo el criterio de muchas franquicias, eso sería suficiente para renovar el contrato del “arquitecto” de ese éxito sostenido. En la NFL, no.
Una historia repetida: otros técnicos que pagaron el precio
McDermott se une a una notable lista de entrenadores despedidos pese a sus buenos resultados:
- Tony Dungy, despedido por los Tampa Bay Buccaneers en 2002, a pesar de tener múltiples apariciones en playoffs. Irónicamente, su sucesor Jon Gruden ganó el Super Bowl al año siguiente con la base que él construyó.
- John Fox, quien llevó a los Denver Broncos a un Super Bowl y fue despedido tras una temporada de 12-4.
- Andy Reid, famoso por su largo paso en Filadelfia, fue despedido después de múltiples apariciones en campeonatos de conferencia sin victoria definitiva.
- Marty Schottenheimer, echado por los Chargers tras una histórica temporada de 14-2 en 2006.
Esta lista demuestra que la brillantez táctica y el liderazgo constante no son suficientes. Sin un campeonato, los logros se diluyen en la narrativa final.
Un puesto atractivo... pero con presión
El puesto vacante en Buffalo es quizás el más codiciado del ciclo actual de contrataciones. Están cargados de talento: Josh Allen es uno de los mejores quarterbacks de la liga; James Cook lideró la NFL en yardas terrestres; y la defensa se ubicó primera contra el pase. Su problema no es talento, es ejecución en el momento más importante. El receptor Stefon Diggs fue traspasado a Houston, abriendo la necesidad de un WR1 confiable. Esta carencia de playmakers por aire ha sido una constante.
El nuevo entrenador deberá capitalizar una base sólida, y tendida para el éxito, manteniendo la continuidad táctica y emocional. Pero como lo demuestra la experiencia, solo hay una meta que vale: el anillo de campeón.
DeMeco Ryans y el caso de C.J. Stroud: paciencia en Houston
Bajo otro contexto, en Houston se vive una historia similar, pero más joven. C.J. Stroud, galardonado con el premio al Novato Ofensivo del Año en 2023, lanzó cuatro intercepciones en la derrota ante los Patriots en la ronda divisional. Pero su entrenador, DeMeco Ryans, defiende su evolución:
“No voy a dejar que unas jugadas malas en ese partido definan quién es C.J. Sé de lo que es capaz. Lo más importante es: ¿qué aprendió de esto y cómo mejora?”.
Stroud ha ganado partidos de postemporada en sus primeros tres años, algo que menos del 10% de los quarterbacks novatos logran. Pero su progresión necesita piezas alrededor. Su ofensiva fue víctima de lesiones (sin Nico Collins ni Dalton Schultz) y una línea ofensiva endeble.
La lección: el talento necesita herramientas. Y el liderazgo requiere confianza a largo plazo.
Mike McDaniel: ofensiva espectacular, resultados tibios
Mike McDaniel fue despedido por los Miami Dolphins luego de dos temporadas donde lideró en yardas ofensivas, pero sin éxito en postemporada. En 2023, su equipo promedió 401.3 yardas por juego, siendo la mejor ofensiva en la NFL. El quarterback Tua Tagovailoa lanzó para 4,624 yardas y 29 touchdowns, cifras de carrera.
¿Qué falló? La defensiva. La inconsistencia. Y eventualmente, no ganar partidos clave. McDaniel incluso tuvo que sentar a Tua a final de temporada. Una vez fuera de la contienda, quedó expuesto a la decisión gerencial. Fue entrevistado este mes por los Las Vegas Raiders.
Las Vegas: entre candidatos y presión
Los Raiders han entrevistado a 14 candidatos en su búsqueda por un nuevo entrenador. Han priorizado entrenadores con mentalidad ofensiva, entre ellos Joe Brady (coordinador ofensivo de Buffalo), Klay Kubiak (San Francisco) y el propio McDaniel.
Con más de 82 millones de dólares en espacio salarial para 2024 —el segundo más amplio en la NFL— y la opción de elegir a un quarterback franquicia como Fernando Mendoza con su pick alto del Draft, el futuro en Las Vegas es prometedor. Pero inestable. El técnico que llegue será el tercero en tres temporadas.
Una cultura de impaciencia institucionalizada
La presión por coronarse campeón ha erosionado la paciencia a niveles alarmantes. Ya no basta con sembrar la semilla del éxito. El árbol tiene que dar frutos, y rápido. Y en el fútbol americano profesional, el único fruto que cuenta es un anillo de campeonato.
Esta es una tendencia que va en aumento. Los contratos largos ya no garantizan continuidad. Desde 2019, más del 50% de los equipos han cambiado de entrenador principal. En 2023, 5 franquicias realizaron despidos antes de que terminara la temporada regular.
¿Un ecosistema incompatible con el desarrollo?
Se habla mucho de proyectos a largo plazo, de estabilidad, de cultura organizacional. Pero las prácticas contradicen esos valores. Las franquicias exigen resultados inmediatos mientras enfrentan un deporte tan impredecible como lo es la NFL.
El resultado es una rotación de entrenadores que obstaculiza el desarrollo del jugador, rompe la química del equipo y, en muchos casos, atrasa el crecimiento de la franquicia.
El mensaje claro: el Super Bowl o el despido
Las salidas de McDermott, McDaniel y tantos otros demuestran que la vara está más alta que nunca. Ser competitivo ya no vende. El Super Bowl es el único seguro de empleo.
Esta lógica está configurando una NFL menos paciente, pero también más despiadada. Los entrenadores lo saben: los resultados importan, pero el trofeo lo es todo.
