Texas bajo presión: ¿Podría el petróleo a $50 hundir la economía del estado estrella?

La propuesta de Donald Trump de reducir el precio del petróleo puede beneficiar a los consumidores, pero amenaza con desestabilizar la economía de Texas y su industria energética, una de las más influyentes del país.

El precio del petróleo: una espada de doble filo para Texas

Durante los años posteriores a la pandemia de COVID-19, Texas vio cómo su industria petrolera y gasera resurgía con fuerza. En 2024, se rompieron récords de producción de crudo, especialmente en regiones como la Cuenca Pérmica, donde el petróleo es más que una industria: es el motor de la vida económica local. Con barriles vendidos en promedio a más de $70 USD, el estado disfrutaba de significativas ganancias fiscales, crecimiento en los presupuestos de los distritos escolares y fondos robustos para los gobiernos municipales y estatales.

Sin embargo, una reciente promesa del expresidente Donald Trump amenaza con cambiar ese panorama radicalmente. Su declaración de querer reducir el precio del barril de petróleo a $50, incluso sugiriendo acceder al petróleo venezolano como medida para inundar el mercado, podría traer beneficios temporales a los consumidores... pero graves consecuencias para Texas.

¿Una estrategia económica o un disparo en el pie?

La estrategia de Trump tiene el objetivo de abaratar el combustible para los ciudadanos. Pero según numerosos expertos y actores locales, esta medida tendría repercusiones drásticas en la industria petrolera texana. Ray Perryman, economista del grupo Perryman, alerta que “una caída hasta los $50 tendría efectos de corto plazo positivos en algunos sectores, pero a la larga afectaría severamente a la industria petrolera estadounidense”.

¿Por qué? Porque producir un barril en Texas requiere, como mínimo, $62 USD para cubrir costos y generar ganancias. Cualquier precio por debajo genera pérdidas y causa la reducción de nuevos proyectos, despidos masivos y reducción del crecimiento económico regional, especialmente en lugares como Odessa, Midland o Lubbock.

Los riesgos para la Cuenca Pérmica y otras regiones dependientes

Tom Manskey, director de desarrollo económico en Odessa, resume la preocupación: “Nuestra región depende profundamente del petróleo y gas. Precios bajos significan pérdida de empleos, disminución en la inversión y caos presupuestario”. Odessa alberga a más de 120,000 personas, muchas de las cuales trabajan directa o indirectamente para la industria.

Esto representa un fenómeno conocido como los efectos multiplicadores del petróleo. Una menor producción significa menos trabajadores, lo que implica menos consumo local. Restaurantes, supermercados y bancos ven reducirse su actividad. Además, los impuestos recaudados por municipios y condados caen, afectando servicios como educación y salud.

Técnicas modernas contra precios populares

No todos los líderes de la industria están alarmados. Ed Longanecker, presidente de la Asociación de Productores Independientes y Propietarios de Regalías de Texas, confía en la capacidad de la industria para adaptarse. Técnicas modernas como la perforación horizontal permiten acceder a mayores reservas con menos inversión, aumentando la eficiencia de cada pozo.

Sin embargo, incluso las perforaciones horizontales tienen sus límites. Dane Gregoris, director de Enverus, explica que al llegar a precios de $50, las empresas “entran en modo de supervivencia”. Las inversiones se reducen, los ingresos de los accionistas disminuyen, y las empresas extranjeras pierden el interés en el mercado estadounidense de hidrocarburos.

Datos que alimentan el debate

  • Texas produce cerca de 5.8 millones de barriles de crudo cada día (datos entre diciembre de 2024 y octubre de 2025).
  • Desde la toma de poder de Trump, el estado ha perdido 20 plataformas petroleras activas.
  • Más de 495,000 personas están empleadas directamente en el sector de petróleo y gas en Texas.
  • Para cubrir los costos, la mayoría de las empresas necesitan vender a más de $62 por barril.

Estos datos muestran una clara realidad: una reducción a $50 por barril no solo afectaría a los grandes jugadores como ExxonMobil o Chevron, sino también a cientos de empresas independientes y miles de familias que dependen de un precio justo del crudo.

Una mirada al pasado: el crudo volátil de la década pasada

La historia del petróleo en Texas está repleta de altibajos. En 2014, el crudo bajó de $100 a menos de $50 en cuestión de meses, lo que provocó más de 350,000 despidos en toda la industria estadounidense. En 2020, la pandemia llevó los precios a niveles históricamente bajos, incluso negativos en contratos futuros, llevando a la quiebra a más de 100 compañías operadoras.

Desde entonces, los precios se estabilizaron entre $70 y $90, lo que permitió una tímida recuperación. Trump parece olvidar esa lección cuando promete una reducción del precio sin considerar los mecanismos del mercado internacional.

¿Beneficio para el consumidor, sacrificio del productor?

Una cara del argumento es que los un galón de gasolina más barato es positivo para los hogares estadounidenses. Si consideramos que la media nacional por galón en EE.UU. es de $3.5 USD, una caída del petróleo a $50 podría reducir el precio en unos $0.50 por galón.

En teoría, esto otorgaría alivio a la inflación, aumentaría el consumo interno y permitiría un ahorro estimado de $400-$500 anuales por hogar. Pero, ¿es sostenible ese alivio cuando pone en riesgo la base económica de Texas y cientos de miles de empleos?

A mediano plazo: más volatilidad y menos inversión

Todd Staples, presidente de la Asociación de Petróleo y Gas de Texas, insiste en que el estado tiene una larga experiencia enfrentando estos ciclos. Para él, la clave está en “la innovación y la eficiencia” para contrarrestar caídas temporales.

No obstante, expertos como Gregoris advierten que precios tan bajos serían un detonante de caos. “Podríamos ver a muchos productores saliendo del mercado, presupuestos recortados, y una caída significativa en la producción nacional de crudo”.

La ralentización de la producción no solo afectaría a Texas, sino a todo EE.UU., al debilitar su independencia energética y aumentar la dependencia de países como Arabia Saudita, Rusia o, irónicamente, Venezuela.

Una región que necesita estabilidad

Renee Earls, presidenta de la Cámara de Comercio de Odessa, lo sintetiza perfectamente: “Aquí todos estamos vinculados al petróleo, aunque trabajes en un restaurante. Lo que más valoramos es la estabilidad. Si los precios bajan demasiado, todo el ecosistema colapsa”.

Ya lo vivieron antes. De hecho, la llamada “necesidad de estabilidad” fue una de las frases más recurrentes durante los debates energéticos en Texas desde 2016. La historia parece repetirse, esta vez con una nueva promesa de campaña presidencial que podría resultar costosa para el corazón energético de Estados Unidos.

¿Y si el petróleo cae a $40?

En un escenario aún más pesimista, una caída a $40 por barril sería devastadora. Gregoris lo ilustra: “Habría grandes recortes, cierre de instalaciones, pérdida de capitales extranjeros, y un número importante de productores operarían con flujos de caja negativos”.

En zonas como West Texas, eso significa más pobreza, más migración hacia otras áreas y un desplome de los ingresos fiscales. En términos macroeconómicos, esa caída podría eliminar más de 200,000 empleos en un año, y reducir el PIB de Texas en un 3%-4%.

Un futuro incierto, a merced de la política

El petróleo no es solo energía: es geopolítica, es empleo, es cultura... especialmente en Texas. Mientras algunos sectores políticos buscan prometer gasolina barata, el precio podría ser muy alto para los estados productores.

El equilibrio entre economía doméstica y economía energética nacional nunca había sido tan frágil. En 2024, la pregunta no es solo cuánto cuesta un barril, sino si sus consecuencias pueden asumirse sin sacrificar la columna vertebral de la economía estatal.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press