¿Adiós al Liderazgo Global? La Era Trump y la Ruptura del Orden Internacional

Del intento de comprar Groenlandia al 'Board de la Paz': cómo la política exterior de Donald Trump redefine el papel de EE.UU. en el mundo

Un “regreso” que duró poco

Cuando Joe Biden asumió la presidencia en 2021, rápidamente se propuso restaurar la imagen internacional de Estados Unidos. Su mensaje a los aliados europeos fue claro y resonante: “América está de vuelta”. Ese gesto tendría eco en la Conferencia de Seguridad de Múnich, un foro clave para la defensa transatlántica. Pero, apenas cinco años después, el telón volvió a correr y reveló a Donald Trump reprimiendo viejas alianzas y proponiendo nuevas estructuras de poder que desafían el sistema global construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Groenlandia, Europa y una llamada al pasado imperial

Uno de los momentos más desconcertantes de la política exterior de Trump ha sido su insistencia en adquirir Groenlandia, calificándola como “un gran trozo de hielo” e instando a Dinamarca a cederla. Aunque parezca una provocación cómica o surrealista, el asunto presenta implicaciones reales, incluyendo amenazas de ruptura dentro de la OTAN.

Trump ridiculizó a Dinamarca, a pesar de que este país escandinavo tuvo la tasa per cápita más alta de bajas entre las fuerzas de coalición en Afganistán. Lo acusó de "ingratitud" por el apoyo estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y publicó mensajes privados de líderes europeos buscando congraciarse con él.

En el Foro Económico Mundial en Davos, Trump incluso sugirió que “a veces se necesita un dictador”, mientras horas después presentaba un difuso “marco de seguridad para el Ártico”.

¿Estados Unidos al margen del orden global?

La propuesta de Trump de integrar una nueva "Junta de Paz" ha generado controversia. Originalmente concebida como un mecanismo para supervisar el alto al fuego en Gaza, el proyecto evolucionó hasta convertirse en una especie de versión paralela a la ONU. Trump declaró que la ONU “nunca estuvo a la altura de su potencial”, y sugirió que su nueva junta podría sustituirla.

Egipto fue uno de los países que aceptó unirse de inmediato, y según funcionarios del gobierno estadounidense, al menos 35 países han indicado su intención de firmar. No obstante, potencias europeas como Francia, Noruega y Suecia declinaron tajantemente participar, por temor a debilitar el derecho internacional sustentado en la ONU.

Desconfianza generalizada: Europa toma caminos alternativos

Los líderes europeos se han mostrado cada vez más críticos con Trump. El presidente francés Emmanuel Macron advirtió sobre un “mundo sin reglas”, mientras que el belga Bart De Wever sostuvo que “cruzar tantas líneas rojas es ser un esclavo miserable”.

En respuesta, la Unión Europea firmó un esperado acuerdo comercial con el bloque sudamericano Mercosur, subrayando que la cooperación internacional no necesita pasar por Washington. Aunque el parlamento europeo congeló temporalmente su implementación, la señal política era clara: Europa busca diversificar sus alianzas estratégicas.

Canadá también se distancia

El primer ministro canadiense, Mark Carney —quien previamente se opuso a otra maniobra de Trump para convertir a Canadá en el “estado número 51”— sostuvo reuniones con Xi Jinping en Beijing. El encuentro resultó en un intercambio de alivios arancelarios entre China y Canadá, incluyendo productos agrícolas y autos eléctricos. Más allá de los beneficios económicos, el mensaje fue diplomático: la previsibilidad con China parecía mayor que con su vecino estadounidense.

Disputas comerciales y chantajes estratégicos

Trump ha convertido las amenazas arancelarias en herramienta de presión geopolítica. Nigel Farage, prominente político británico, calificó el intento de Trump de adquirir Groenlandia como “el mayor quiebre en las relaciones transatlánticas en décadas”. Incluso figuras de extrema derecha europea, como Jordan Bardella del partido francés Agrupación Nacional, denunciaron los actos de Trump como “chantaje comercial”.

Trump enfrenta resistencia... pero no de su partido

En el Congreso estadounidense, los republicanos han reaccionado con cautela. El presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Brian Mast, minimizó las consecuencias como “conversaciones duras necesarias”. Solo figuras que no buscan la reelección, como el congresista Don Bacon, han llamado a estos episodios “absurdos”.

Los demócratas, en cambio, exigen acción. El gobernador de California, Gavin Newsom, criticó a Europa por intentar apelar a la diplomacia con un presidente al que llamó “un T-Rex: o copulas con él o te devora”.

Militarización doméstica e internacional

En otra señal preocupante, Trump ha flexibilizado los límites del uso de fuerzas militares dentro de EE.UU., invirtiendo en despliegues de tropas regulares y federales en ciudades como Minneapolis y Los Ángeles durante protestas. Incluso ha amenazado con invocar la ley de «Insurrección» de 1807, una medida excepcional que permite emplear el ejército contra civiles. Aunque esto aún no se ha concretado, lo que sí queda claro es su disposición a centralizar el poder militar.

Un nuevo orden multipolar… sin Washington

En palabras del exprimer ministro británico Gordon Brown:

“La globalización no está muerta, pero está siendo redibujada. Estados Unidos ya no es la brújula moral ni estratégica que fue durante décadas.”

Ese vacío ha comenzado a llenarse con nuevas alianzas: acuerdos bilaterales regionales, coaliciones informales de “potencias intermedias” y el creciente peso de China y Rusia en el tablero global. El propio presidente ruso, Vladimir Putin, todavía analiza si unirse o no a la Junta de Paz propuesta por Trump.

El caso de Gaza y las ambiciones de Trump

En lo que Trump considera como su mayor contribución diplomática hasta la fecha, se halla el alto al fuego en Gaza. Medio oriente es un terreno minado, con más de 2 millones de palestinos sufriendo una crisis humanitaria profunda. La disolución del dominio de Hamas aún no se ha dado, y la estabilidad pende de un hilo. Trump, no obstante, insiste en que su abordaje agresivo hacia Irán —incluidas operaciones militares contra instalaciones nucleares— fue decisivo para acercar a Israel y Hamas a una tregua.

Si no hubiéramos actuado contra Irán, no habría ninguna paz en Gaza”, sostuvo, mientras prometía fuertes represalias si Hamas no acuerda el desarme completo: “Serán aniquilados muy rápidamente”.

¿La ONU está en peligro?

Uno de los aspectos más alarmantes de esta narrativa es el intento velado —o explícito— de reemplazar la función de la ONU. Al excluir a diversas democracias liberales de su "Junta de Paz" y ofrecer asientos a líderes autoritarios "controvertidos pero eficaces", Trump lanza una crítica directa al orden multilateral basado en reglas y derecho internacional.

Su mensaje es claro: quiere reconfigurar el tablero. Pero hacerlo por fuera de los consensos históricos supone riesgos incalculables.

El futuro de EE.UU. como socio global es incierto

Como dijo Jon Finer, ex asesor adjunto de Seguridad Nacional de Biden:

“Cualquier país racional ya habrá llegado a la conclusión de que solo puede contar con Estados Unidos en intervalos de cuatro años, en el mejor de los casos.”

En definitiva, la política exterior de Trump no solo ha cuestionado tratados, diplomacia y unidad. Ha sembrado una duda existencial en torno al rol de Estados Unidos en el entramado global. La confianza se ha erosionado. Y el liderazgo —por mucho tiempo incuestionable— está en entredicho.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press