¿Contempto histórico o espectáculo político? El caso de los Clinton y Jeffrey Epstein sacude al Congreso

La Cámara de Representantes de EE.UU. amenaza con declarar en desacato a Bill y Hillary Clinton por negarse a testificar en la investigación sobre Epstein. ¿Es justicia o simple vendetta política?

El fantasma de Epstein vuelve al Congreso

El nombre de Jeffrey Epstein vuelve a resonar con fuerza en los pasillos del poder en Washington. Esta vez, la controversia no gira en torno a nuevas revelaciones sobre su red de tráfico sexual, sino por el proceso emprendido por la mayoría republicana en la Cámara de Representantes para enjuiciar por desacato al Congreso a dos figuras históricas del Partido Demócrata: el expresidente Bill Clinton y su esposa, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. Este movimiento legislativo podría, en el escenario más extremo, derivar en una acusación criminal —aunque altamente improbable— y plantea una pregunta inquietante: ¿Dónde termina la justicia y comienza la revancha política?

Subpoenas y resistencia

El comité de Supervisión de la Cámara, presidido por el republicano James Comer, emitió citaciones para que ambos Clinton testifiquen en el marco de la investigación parlamentaria sobre cómo Epstein logró evadir la justicia durante años mientras abusaba de decenas de adolescentes. Según Comer, los Clinton respondieron no con "cooperación", sino con "desafío". “Las citaciones no son meras sugerencias, tienen fuerza legal y requieren cumplimiento”, declaró. Por su parte, los Clinton consideran que las citaciones son inválidas, pues —afirman— carecen de finalidad legislativa. En una carta reciente enviada al comité, señalaron: “Hemos tratado de darles la poca información que poseemos. Lo hemos hecho porque los crímenes del Sr. Epstein fueron horrendos”.

¿Qué relación hay entre Epstein y los Clinton?

A lo largo de los años, la prensa ha documentado múltiples encuentros sociales y viajes en jet privado entre Bill Clinton y Epstein, incluso tras la primera condena del financista en 2008 por solicitar servicios sexuales a una menor en Florida. Sin embargo, ni Bill ni Hillary Clinton han sido acusados de crímenes relacionados con Epstein. Esto es lo que lleva a muchos a pensar que el empeño del Comité tiene más matiz político que jurídico.

¿Qué significa desacato al Congreso?

El desacato al Congreso, más allá de su resonancia pública, es una herramienta legal poco usada pero poderosa. Implica que una persona ha incumplido una citación para testificar o presentar documentos ante el Congreso. Históricamente, ha sido aplicada en casos de alto perfil, como la caza de brujas del senador McCarthy en los años 50 o, más recientemente, contra los consejeros de Donald Trump, Steve Bannon y Peter Navarro, por negarse a testificar ante el comité que investigó el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Ambos fueron condenados e incluso pasaron tiempo en prisión. Nunca antes un expresidente ha sido condenado por desacato. Algunos han testificado voluntariamente ante comités, pero ninguno ha sido obligado a hacerlo por la fuerza de la ley.

Una jugada de alto riesgo político

El intento de desacatar a los Clinton plantea riesgos electorales para los republicanos. No solo porque requiere una votación mayoritaria en la Cámara —algo difícil de lograr dada la fragmentación interna—, sino porque puede provocar una reacción pública adversa en un país altamente polarizado. Además, está por verse si el Departamento de Justicia, que debería ejecutar cualquier proceso penal, tomaría medidas contra dos figuras políticas tan prominentes por resistirse a un procedimiento legislativo cuya validez aún está en disputa legal.

¿Transparencia o distracción?

Los demócratas, por su parte, acusan a Comer de distraer la atención del verdadero problema: la falta de entrega por parte del Departamento de Justicia de los expedientes completos del caso Epstein, cuya publicación está atrasada por más de un mes. Incluso han recordado que durante años los republicanos bloquearon investigaciones similares sobre la relación de Donald Trump con Epstein. El magnate muerto en 2019 tenía conexiones estrechas con miembros de ambos partidos, pero fueron sus relaciones con poderosos hombres del mundo financiero, real y político lo que forjó su escudo de impunidad durante décadas.

Una victoria simbólica pero peligrosa

Los republicanos ven en este posible desacato a los Clinton una victoria simbólica, especialmente de cara al electorado más conservador que aún culpa a los Clinton de muchos males políticos del país. Pero también corren el riesgo de romper un tabú institucional: utilizar el desacato como arma política contra expresidentes. Los poderes del Congreso deben usarse con responsabilidad. Si el desacato se normaliza como mecanismo para castigar al adversario político, ¿qué impedirá que un futuro Congreso dominado por los demócratas cite a expresidentes republicanos por cualquier tema polémico, bajo la amenaza de cárcel?

Pecados cruzados: Trump también estuvo señalado

No es menor recordar que el comité que investigó el asalto al Capitolio emitió una citación contra Donald Trump. Aunque finalmente fue retirada, sus abogados recurrieron a precedentes legales que señalan que un expresidente no puede ser obligado a testificar ante el Congreso. Esta argumentación, usada por los aliados de Trump, es ahora replicada por los abogados de los Clinton, alimentando la sensación de que se juegan fichas similares en ambos lados del tablero político.

La paradoja del bipartidismo

Curiosamente, el caso Epstein —por su gravedad y su historial de impunidad— ha tenido el potencial de unir a demócratas y republicanos en la demanda de transparencia. En algún momento, el comité había emitido una citación bipartidista para acceder a todos los registros del caso. Pero, según denuncian los demócratas, Comer ha centrado la atención en los Clinton, dejando de lado otras interrogantes importantes como la omisión del Departamento de Justicia en la vigilancia de Epstein cuando se suicidó en su celda en 2019, o la desaparición de las grabaciones de sus cámaras de seguridad.

¿Una maniobra electoral?

Estamos en año electoral, y nada galvaniza más a ciertos sectores que retomar viejas batallas. En 2016, el FBI reabrió sorpresivamente la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton a pocos días de las elecciones. Hoy, a meses de las presidenciales de 2024, revivir el espectro de los Clinton puede ser una forma de movilizar simpatías, aunque sea avivando las brasas del pasado. Según analistas políticos como Rick Wilson, exasesor republicano convertido en crítico mordaz del partido, “comités como el de Comer no buscan justicia ni verdad: buscan titulares que alimenten la máquina de indignación”.

¿Qué sigue ahora?

El comité de Supervisión podría aprobar una resolución formal de desacato contra los Clinton y enviarla al pleno de la Cámara. Si logra los votos (algo incierto), se remitiría al Departamento de Justicia para que evalúe si inicia un proceso penal. A la par, los abogados de los Clinton negocian una posible declaración escrita o entrevista en Nueva York. Comer la ha rechazado, exigiendo testimonio transcrito. “Sin una transcripción, no hay trato”, dijo. Por otro lado, el comité también espera entrevistar pronto a Ghislaine Maxwell, la socia y cómplice de Epstein, actualmente encarcelada por cargos de tráfico sexual. Las declaraciones de Maxwell podrían arrojar nueva luz sobre quién sabía qué y cuándo, pero también podrían añadir más leña al fuego político.

Epstein: un legado cancerígeno

Jeffrey Epstein murió, pero su legado tóxico sigue socavando la confianza institucional. Su caso es el espejo oscuro de cómo el poder y la riqueza distorsionan el acceso a la justicia. Fue protegido por fiscales, reverenciado por cúpulas económicas, e ignorado por quienes hoy dicen buscar la verdad. El Congreso tiene una tarea pendiente: descubrir los mecanismos que permitieron su impunidad. Hacerlo con seriedad exige elevarse por encima de la politización, y centrarse no en robar cámara, sino en proteger a quienes aún viven con las cicatrices de los crímenes de Epstein. Mientras tanto, el país observa si será posible que la política dé paso a la justicia, o si el caso Epstein quedará escrito también como otro capítulo de vendetta partidista.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press