Cartas de amor a través del tiempo: una mirada íntima a cinco siglos de pasión, pérdida y sacrificio

Una exposición en Londres revela las múltiples formas que ha adoptado el amor en la historia británica, desde reinos renunciados hasta súplicas de obreros ancianos

Febrero es el mes del amor, y qué mejor manera de explorarlo que a través de las palabras que lo han inmortalizado durante siglos. La exposición “Love Letters” (Cartas de Amor), abierta al público en los Archivos Nacionales de Reino Unido hasta el 12 de abril, nos invita a revisar cinco siglos de emociones intensas, desde reyes que renuncian al trono hasta cartas desesperadas de proletarios separados por la pobreza.

El amor como sacrificio: de reyes a obreros

Uno de los documentos más impactantes es quizás el Instrumento de Abdicación del rey Eduardo VIII, quien en 1936 entregó la corona británica para casarse con la estadounidense dos veces divorciada Wallis Simpson. Su célebre frase lo resume todo: “renuncio al trono por la mujer que amo”.

Esta historia de nivel aristocrático encuentra un eco sorprendente en una carta de 1851 escrita por Daniel Rush, un tejedor desempleado de 71 años, rogando que no lo separen de su esposa al enviarlos a diferentes hospicios públicos. A pesar de sus realidades tan distintas, ambas historias convergen en lo esencial: el amor verdadero a menudo exige sacrificio.

Amor en tiempos de guerra

El conflicto bélico no apagó los corazones enamorados. La exposición incluye conmovedoras cartas enviadas por novios a soldados en el frente, así como anuncios clasificados de principios del siglo XX en los que hombres y mujeres de la comunidad LGBT buscaban desesperadamente compañía en una sociedad que los marginaba.

Uno de estos textos proviene de John Cairncross, un joven oficial de inteligencia británico que en 1944 escribió una carta melancólica a su exnovia, Gloria Barraclough. El texto, inédito hasta ahora, expone una reflexión tan amarga como poética: “¿Nos habríamos separado, me he preguntado, si hubiéramos sabido lo que venía?”. Irónicamente, Cairncross luego fue revelado como uno de los integrantes del notorio Círculo de Espías de Cambridge al servicio de la URSS.

Reinas, cortesanos y secretos reales

El amor puede ser un secreto mantenido bajo llave. Tal es el caso de una carta escrita por Robert Dudley, Conde de Leicester, a la reina Isabel I pocos días antes de morir en 1588. En la misiva, se describe como “tu pobre viejo servidor”, revelando la cercanía que compartía con la monarca virgen. La carta fue hallada junto a su lecho cuando Isabel murió casi 15 años después.

También figura una carta de Catherine Howard, quinta esposa de Enrique VIII, dirigida a su amante Thomas Culpeper. Con un tono de desesperación contenida, Catherine advierte a su amante sobre el peligro de ser descubiertos. Su firma al final, “tuya mientras la vida perdure”, habría sido profética: ambos fueron ejecutados por traición tras descubrirse el romance.

Una auténtica joya archivística es la carta de la reina Henrietta Maria al rey Carlos I, escrita en medio de la guerra civil inglesa. En ella se despide llamándolo “mi querido corazón”. La misiva fue hallada entre los objetos abandonados por el monarca tras una derrota militar en 1645, y acabó bajo custodia parlamentaria tras su ejecución.

Lenguaje de amor más allá del romance

Pero el amor no siempre es romántico. Se refleja también en amistades inquebrantables y vínculos familiares. Tal es el caso de Jane Austen, quien dejó casi todos sus bienes a su hermana Cassandra en su testamento de 1817, escrito a mano. En otra dimensión del afecto familiar, un padre escribió en 1956 al tribunal instando a compasión por sus hijos: los gemelos Kray, notoriamente famosos en el Londres criminal. “Todo su afán en la vida es hacer el bien a todos”, decía ingenua o cándidamente el progenitor.

Cartas LGBT y amores prohibidos

Una colección particularmente relevante en la exposición son los anuncios y cartas que documentan los afectos prohibidos por leyes sociales y penales de épocas pasadas. Desde anuncios personales buscando pareja del mismo sexo hasta peticiones de gracia para hombres perseguidos por homosexualidad, como la famosa carta de Lord Alfred Douglas a la reina Victoria pidiendo el perdón para su amante Oscar Wilde, encarcelado en 1895 por “indecencia grave”.

Wilde fue sentenciado a dos años de trabajos forzados, periodo durante el cual escribió su desgarradora carta “De Profundis”, otra de las piezas maestras del amor no correspondido y del reflejo del deseo humano reprimido.

El lenguaje de las emociones a través del tiempo

Esta exposición nos recuerda que el amor no siempre se encuentra en los poemas o las canciones —aunque también los hay, como un canto medieval sobre el desamor— sino en la crudeza de lo cotidiano. En cartas cuyo papel ha envejecido con la tinta de la emoción, y donde el factor humano sigue tan vívido como el primer día.

La curadora Victoria Iglikowski-Broad lo resume a la perfección: “Estamos intentando ampliar el concepto de lo que puede ser una carta de amor. Las expresiones de amor pueden encontrarse en lugares sorprendentes”.

Un tributo a lo universal

“Love Letters” no es solo una historia del amor británico, sino un homenaje a lo universalmente humano. La exposición es gratuita y permanecerá abierta hasta el 12 de abril en The National Archives, en Londres.

Entre manuscritos, papel amarillo y letras temblorosas, se esconde una verdad inapelable: la necesidad de amar y ser amado ha sido, es y será una constante humana, sin importar el siglo, la clase social, el poder o la orientación sexual.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press