El ocaso de las fuerzas kurdas en Siria: ¿una traición anunciada o cambio geopolítico inevitable?

Tras años como principales aliados de EE. UU. contra ISIS, las Fuerzas Democráticas Sirias enfrentan su disolución mientras Washington respalda al nuevo gobierno en Damasco

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Un giro dramático en el tablero sirio

Los últimos catorce días han sido testigos de una transformación radical en el noreste de Siria. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), durante años principal brazo aliado de EE. UU. en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS), fueron desplazadas del poder tras una serie de enfrentamientos armados y un sorprendente cambio político de Washington. El nuevo gobierno interino en Damasco, liderado por Ahmad al-Sharaa, ha reevaluado completamente el rol de las SDF en el futuro de Siria.

En un hecho que pocos podrían haber imaginado a comienzos de este año, las SDF firmaron un acuerdo que implica su disolución como entidad militar autónoma. El mensaje fue claro por parte de EE. UU.: su papel como fuerza antiterrorista ha terminado, y ahora el foco se pone en fortalecer al nuevo gobierno central.

¿Una advertencia ignorada?

Para muchos analistas, esto no ha sido una sorpresa. “Hace meses que estaba claro que EE. UU. veía a Damasco como un socio estratégico potencial”, afirmaba Noah Bonsey, asesor principal del International Crisis Group. Y la evidencia es contundente: el presidente estadounidense Donald Trump respaldó abiertamente a Ahmad al-Sharaa, un exlíder insurgente cuya fuerza depuso al expresidente Bashar al-Assad en diciembre de 2024.

Bajo su liderazgo, Siria se unió a la coalición global contra ISIS, un gesto simbólico y práctico que consolidó su alineación internacional. El enviado especial de EE. UU. para Siria, Tom Barrack, lo expresó sin rodeos: “El rol de las SDF como fuerza principal contra ISIS ha expirado. El nuevo gobierno está dispuesto y listo para asumir responsabilidades de seguridad.”

Negociaciones fallidas: sectarismo, autonomía y poder

En marzo de 2025, se firmó un acuerdo preliminar entre el gobierno interino y el comandante de las SDF, Mazloum Abdi. El trato establecía la integración de miles de combatientes kurdos en el nuevo ejército nacional, mientras el gobierno retomaría las instituciones clave en el noreste: pasos fronterizos, campos petroleros y prisiones donde aún permanecen miles de sospechosos de pertenecer al ISIS.

Pese a los esfuerzos de mediación de EE. UU., las negociaciones quedaron estancadas. Funcionarios sirios señalaron a una lideranza fracturada dentro de las SDF y demandas excesivas como los principales obstáculos. Al mismo tiempo, líderes del ala dura kurda temían que el nuevo gobierno, con bases islamistas y dominado por la mayoría suní árabe, intentara sofocar los logros de autogobierno alcanzados en la región kurda.

Según Meghan Bodette, directora del Kurdish Peace Institute, el problema central era una disparidad ideológica “astronómica”. Mientras Damasco proponía un modelo centralizado de gobierno, las autoridades kurdas buscaban una estructura descentralizada que institucionalizara los derechos de las minorías.

Choque de visiones militares

La propuesta inicial implicaba que las milicias kurdas serían absorbidas en varias brigadas regionales bajo mando militar sirio. El gobierno accedió incluso a nombrar a Abdi como viceministro de defensa. Sin embargo, figuras como Sipan Hamo, del ala dura de las SDF, exigieron que dichas brigadas solo respondieran a líderes elegidos por los kurdos y que las tropas estatales no pudieran ingresar a la región sin autorización. La respuesta fue un rechazo tajante.

Mientras se desarrollaban estas tensas conversaciones, aumentaba la presión en el norte. Cuando las negociaciones colapsaron, comenzaron los enfrentamientos armados, especialmente en Alepo.

Alepo: el punto de inflexión

La ofensiva del ejército sirio en Alepo fue el golpe final a la autonomía kurda. Sin embargo, su ejecución eficiente y la adopción de “corredores humanitarios” para evitar víctimas civiles marcaron una estrategia distinta a las represalias sectarias de años anteriores. Esto mejoró la legitimidad del nuevo gobierno tanto en la mesa internacional como entre la población.

Con el control asegurado sobre las provincias estratégicas de Raqqa y Deir ez-Zor, Damasco anunció el acuerdo definitivo con las SDF: su presencia se limitaría a la provincia de Hassakeh, el corazón kurdo de Siria. Los combatientes serían integrados no como una fuerza separada, sino como individuos dentro del ejército nacional.

Para Bonsey, esto fue una derrota clara para los kurdos: “Aceptaron un acuerdo mucho peor que el que podían haber logrado dos semanas antes”.

El peso del abandono

Uno de los elementos más perturbadores para los líderes kurdos fue la inacción de EE. UU. durante los combates. Elham Ahmad, funcionaria de la administración autónoma kurda, declaró sorprendida ante periodistas que sus “llamados a la coalición liderada por EE. UU. han sido ignorados”. Sin asistencia militar, las SDF no lograron detener el avance del ejército sirio.

Esto encendió críticas desde varios sectores kurdos e internacionales hacia los Estados Unidos, acusados una vez más de abandonar a sus aliados históricos tan pronto cambian los vientos políticos.

¿Realpolitik o traición?

Desde una perspectiva geopolítica, el viraje estadounidense puede interpretarse como una maniobra pragmática: apoyar una autoridad central legitimada por su victoria sobre Assad y por su compromiso en la coalición anti-ISIS. Desde los ojos kurdos, es un acto de traición y una repetición del ciclo histórico de abandono.

No es la primera vez que los kurdos se sienten usados y descartados por potencias extranjeras. Desde el Tratado de Sèvres en 1920 —nunca implementado— que prometía un estado kurdo, hasta procesos recientes en Irak, Turquía y ahora Siria, los kurdos han pagado un alto precio por confiar en potencias mayores.

El futuro de los kurdos en Siria

Con su estructura militar disuelta e integración forzada en el Estado sirio, queda por verse qué tipo de arreglo político se impondrá en los territorios tradicionalmente kurdos. ¿Habrá algún grado de autonomía cultural o administrativa? ¿Podrán mantener sus instituciones locales? ¿O estamos ante el fin definitivo del experimento de autogobierno kurdo en Siria?

La tensión persiste. Aunque el alto el fuego se mantiene estable y los combates han cesado por ahora, las heridas del enfrentamiento y las traiciones diplomáticas tardarán en sanar. Todo parece indicar que la era de las SDF como fuerza autónoma y poderosa ha terminado, no en el campo de batalla, sino en la compleja red de decisiones estratégicas y alianzas cambiantes del poder global.

Una vez más, los kurdos enfrentan la dura realidad de su geografía política: una nación sin Estado, atrapada entre potencias cuyos intereses raramente coinciden con sus sueños de autodeterminación.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press