La revolución de Saint Louis y Robbie Avila: el baloncesto universitario encuentra su equipo más generoso
Sin egos, con visión y compromiso colectivo, los Billikens están en su mejor momento en más de una década con un sistema que prioriza el juego en equipo sobre el lucimiento personal
Por mucho que suene a cliché, algunos equipos realmente se construyen sobre la base de la entrega colectiva. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con los Billikens de la Universidad de Saint Louis. Y en el epicentro de esta revolución está Robbie Avila, el pívot de gafas de 2 metros que ha decidido dejar a un lado su protagonismo a cambio de un anhelo mayor: llegar al March Madness.
Un fichaje con propósito
Robbie Avila no es un jugador cualquiera. Su nombre llegó a los titulares después de una temporada sensacional con Indiana State donde promedió 17.3 puntos, 6.9 rebotes y 4.0 asistencias —más que cualquier otro pívot en la nación. Podría haber exigido un contrato más lucrativo dentro del programa NIL (nombre, imagen y semejanza), y sin embargo, decidió lo contrario.
“Mira, este es nuestro presupuesto NIL... Esto es lo que puedo asignarte sin que afecte la calidad del equipo”, le dijo su entrenador Josh Schertz cuando llegaron juntos a Saint Louis. La respuesta de Avila fue inmediata: “Estoy dentro”.
La visión de un entrenador diferente
Josh Schertz no es el típico técnico que busca visibilidad personal o un salto rápido a una universidad más prestigiosa. Pasó 13 años construyendo a Lincoln Memorial en Tennessee, convirtiéndolo en una potencia de la División II, antes de aceptar el reto en Indiana State y más tarde en Saint Louis.
Su forma de ver el baloncesto es clara: nada de jugadas prediseñadas rígidas. Empodera a sus jugadores para leer la defensa y tomar decisiones inteligentes en tiempo real. El resultado habla por sí solo: Saint Louis lidera la Atlantic 10 en asistencias y relación asistencias/pérdidas, además de tener un margen de victoria promedio de 25 puntos.
Un equipo unido y sin egos
Lo que ha hecho de Saint Louis algo especial este año es su equilibrio. Son el único equipo en el país con seis jugadores promediando al menos 10 puntos. Su máxima estrella, Avila, ha reducido sus números (12.8 puntos, 4.3 rebotes, 25.3 minutos) por el bien colectivo.
“El único objetivo que me falta por cumplir es llegar al March Madness”, confesó Avila. “Haré lo que sea necesario para lograrlo”.
En un ambiente donde muchos deportistas universitarios utilizan sus estadísticas como vitrinas hacia la NBA o acuerdos NIL más lucrativos, lo que hace este equipo es contracultural. Y funciona.
El impulso renovador de Kellen Thames
Kellen Thames, el único jugador que sobrevive del plantel 2023-24 que terminó con un triste 13-20, representa la narrativa de redención. El escolta de San Luis, Missouri, se mantuvo en el equipo pese al cambio de entrenador y el riesgo de perder minutos importantes.
“Schertz recluta posibles líderes, no solo talento”, explicó Thames, quien promedia 10.6 puntos y 5.3 rebotes tras superar una extraña condición de calambres musculares que puso en juego su carrera la temporada pasada.
Bajo esta nueva filosofía, volvió a brillar. En enero fue nombrado Jugador de la Semana en la A-10, siendo apenas el tercer jugador del equipo en lograrlo esta temporada, y ninguno de ellos se apellida Avila.
Resultados que avalan la apuesta
Saint Louis no solo ha alcanzado el ranking nacional del Top 25 por primera vez en cinco años, sino que también suma seis victorias consecutivas en la conferencia Atlantic 10, manteniéndose invicto en su liga.
En su último partido frente a Duquesne, los Billikens resistieron un embate tardío para llevarse el triunfo 81-77. El equilibrio fue evidente: Avila, Dion Brown y Trey Green aportaron 14 puntos cada uno, mientras que Dunlap añadió 11 y Thames colaboró con 10. Nadie intentó adueñarse de la noche, pero todos fueron claves.
Este viernes, si vencen a St. Bonaventure, empatarán la mejor marca histórica de arranque de la universidad (19-1), establecida por el equipo de 1993-94.
Una estructura sólida ante la presión
No es ningún secreto que el éxito atrae focos. Y también adversarios ávidos por bajarte del pedestal. “Queremos ser el equipo al que todos quieren vencer”, dijo Avila. “Eso significa que estamos despertando respeto, y eso es el mayor elogio que puede recibir un grupo.”
El sistema de Schertz lo refuerza. En lugar de depender de una figura estelar, plantea un esquema fluido donde todos los jugadores tienen un papel significativo. En tiempos donde el individualismo parece ser la norma en el deporte de alto nivel, Saint Louis se destaca precisamente por practicar lo opuesto.
Los números no mienten
- 6 jugadores promedian más de 10 puntos por partido
- 25 puntos de diferencia promedio por victoria
- Primer equipo en la A-10 en asistencias y ratio asistencia/pérdida
- Racha de 12 victorias consecutivas
- Primer regreso al Top 25 en cinco años
El carisma detrás de las gafas
Robbie Avila ha sido apodado con sobrenombres tan coloridos como “Larry Nerd”, “Cream Abdul-Jabbar” y “Steph Blurry” por su aspecto peculiar y calidad dentro de la cancha. Sin embargo, es esa misma autenticidad —sumada a su disposición al sacrificio— lo que lo convierte en un líder envidiable.
En un contexto marcado por el ego y la estridencia individual, su proyecto con Saint Louis es una bocanada de aire fresco. Y si el destino les sonríe en marzo, podríamos estar presenciando una de las historias más humanas y colectivas del baloncesto universitario reciente.