Trump y la 'Junta de la Paz': ¿un nuevo orden mundial a la carta?
Con ambiciones que podrían reemplazar a la ONU, el expresidente estadounidense impulsa una controvertida plataforma de liderazgo internacional desde Davos —con Netanyahu a bordo, críticas europeas y tensiones en aumento.
¿Qué es la Junta de la Paz de Trump?
En medio de una serie de controversias internacionales, el expresidente estadounidense Donald Trump ha dado un nuevo giro a su política exterior al anunciar la creación de una nueva iniciativa global: la Junta de la Paz, una entidad multilateral presuntamente destinada a supervisar la reconstrucción de Gaza y mediar en conflictos globales. Lo que comenzó como una propuesta restringida terminó por convertirse en un ambicioso plan que, para algunos, amenaza con competir directamente con la Organización de las Naciones Unidas.
El propio Trump preside esta iniciativa, la cual ha comenzado a estructurarse con una mezcla de líderes políticos, diplomáticos y empresarios. Entre los primeros países invitados o que se han sumado están Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Vietnam, Argentina, Kazajistán, Hungría y Bielorrusia. De Europa Occidental, muchos aún no han confirmado su participación, y otros como Francia han expresado fuertes objeciones.
Israel y su adhesión con reservas
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, confirmó recientemente su participación en esta junta, a pesar de que su gobierno había previamente criticado la composición del comité ejecutivo. Lo más polémico para Israel fue la inclusión de Turquía como parte integrante del órgano directivo. Turquía, socio estratégico pero también rival ideológico y diplomático de Israel, causó revuelo internamente, especialmente entre sectores ultranacionalistas israelíes.
El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, ha sido uno de los más críticos, expresando que Israel no necesita una junta internacional para tomar control del futuro de Gaza. "Debemos asumir nuestra responsabilidad sin interferencias externas", sostuvo en declaraciones públicas, anticipando una fractura dentro del gabinete israelí en torno al tema.
De Davos al mundo: ¿una plataforma para Trump 2028?
La presentación formal del plan tuvo lugar en el Foro Económico Mundial de Davos, donde Trump dejó entrever su visión a futuro de este nuevo órgano internacional. Cuando fue cuestionado sobre la posibilidad de que esta junta reemplazara a la ONU, Trump respondió provocadoramente: “Podría”. Añadió que la ONU “no ha sido muy útil y nunca ha cumplido con su potencial”.
Estas declaraciones generaron alarma en Europa. El canciller francés, Jean-Noel Barrot, expresó su respaldo al plan de paz, pero criticó la idea de sustituir estructuras multilaterales existentes. “Decimos sí a la aplicación del plan de paz de Trump, pero no a la creación de una organización paralela que pretenda reemplazar a la ONU”, afirmó.
Una elite político-empresarial al mando
Entre los integrantes de la Junta y su comité ejecutivo se encuentran nombres propios muy cercanos al expresidente Trump.
- Marco Rubio, secretario de Estado
- Steve Witkoff, enviado especial y desarrollador inmobiliario
- Jared Kushner, yerno de Trump y exasesor presidencial
- Tony Blair, ex primer ministro británico
- Marc Rowan, CEO de Apollo Global Management
- Ajay Banga, presidente del Banco Mundial
Esta selección ha sido percibida por muchos analistas como una muestra más del estilo corporativista y familiar con el que Trump conduce sus iniciativas políticas. La mezcla entre figuras públicas y actores financieros levanta interrogantes sobre la transparencia e intereses detrás de este organismo.
El caso Gaza: ¿Administración internacional sin Palestina?
Junto a la Junta de la Paz se formó otro cuerpo: el Comité Ejecutivo de Gaza, que será el encargado de implementar la segunda fase del acuerdo de cese al fuego. Entre sus tareas, figuran:
- El despliegue de una fuerza de seguridad internacional
- La desmilitarización de Hamas
- La reconstrucción de la Franja de Gaza
Una figura clave será Nickolay Mladenov, político búlgaro y exenviado de la ONU, quien coordinará las operaciones diarias del comité. Entre otros miembros destacan el ministro de Exteriores de Turquía Hakan Fidan, el empresario israelí Yakir Gabay, la dirigente emiratí Reem Al-Hashimy, y la neerlandesa Sigrid Kaag.
Sin embargo, la ausencia de representación política palestina real ha sido duramente criticada. Los únicos actores palestinos serían una comisión de tecnócratas para la gestión cotidiana, lo cual diversos sectores han calificado de “tutelaje internacional”.
¿Un nuevo juego geopolítico?
Este novedoso organismo ya parece estar dibujando nuevas alianzas geopolíticas. Su composición revela ciertos patrones:
- Países pro-Trump o con relaciones fortalecidas durante su mandato (UAE, Hungría, Marruecos)
- Gobiernos autoritarios o semi-autoritarios (Kazajistán, Bielorrusia)
- Distanciamiento parcial de potencias occidentales clásicas como Francia, Reino Unido y Alemania
Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, está promoviendo una visión alternativa del orden mundial. Uno donde las instituciones existentes como la ONU o incluso la OTAN pierdan peso frente a alianzas ad hoc, dirigidas por líderes que compartan una visión pragmática de la fuerza y la seguridad.
Reacciones y riesgos democráticos
Las reacciones han estado lejos de ser homogéneas. Mientras líderes como el primer ministro israelí optan por ingresar al juego, otros como el presidente francés Emmanuel Macron han rechazado participar.
Las palabras de Trump hacia Macron no pasaron desapercibidas. Primero ironizó diciendo que “nadie lo quiere porque está a punto de salir del cargo”, para luego corregirse calificándolo como su “amigo”. Estas idas y vueltas evidencian también el carácter personalista que aún domina el discurso de Trump —incluso en torno a iniciativas multilaterales.
El verdadero riesgo, según diversos analistas, es que estas formas de diplomacia personalista y basada en redes de poder no democráticamente elegidas pueden debilitar normativas internacionales, abrir paso a estructuras sin contrapesos y reemplazar la participación ciudadana e institucional por negociaciones privadas.
¿Reformar o destruir el orden global existente?
No cabe duda de que el sistema multilateral actual, incluyendo la ONU, ha mostrado lentitud o ineficacia ante diversos conflictos mundiales. Sin embargo, la creación de un organismo paralelo con base en afinidades ideológicas y económicas, más que en representatividad y legalidad internacional, abre un escenario profundamente incierto.
Aunque el objetivo declarado de la Junta pueda parecer noble —trabajar por la paz—, su ejecución se enfrenta al legítimo debate sobre quién tiene la autoridad para hablar en nombre de la comunidad internacional.
Como dijo el académico de relaciones internacionales Shadi Hamid en una entrevista reciente con Foreign Policy: "El problema de las nuevas estructuras multilaterales tipo Trump no es que sean nuevas, sino que pretenden reemplazar lo existente sin legitimidad ni transparencia".
La historia del siglo XX nos enseñó cuán peligrosos pueden ser los experimentos internacionales cuando se dejan en manos de visión unilateral y liderazgo ególatra. En un mundo cada vez más fragmentado, la pregunta no es solo qué tipo de paz quiere imponer Estados Unidos bajo Trump, sino si los demás aceptarán jugar bajo sus reglas.
