¿Una Gaza futurista en tres años? El sueño de Kushner frente a la cruda realidad
Mientras Jared Kushner imagina rascacielos y puertos de última generación en Gaza, los hechos sobre el terreno exponen una reconstrucción que tomará décadas, no años
Por años, el enclave palestino de Gaza ha sido sinónimo de destrucción, pobreza y conflicto armado. Pero en un discurso reciente en el Foro Económico Mundial en Davos, Jared Kushner, yerno del expresidente Donald Trump y su exasesor en Medio Oriente, planteó una visión radicalmente distinta: una Gaza reconstruida en tres años, llena de rascacielos modernos, un aeropuerto reluciente y una costa que atraiga turistas internacionales.
La propuesta fue presentada durante la ratificación de la Board of Peace, el organismo auspiciado por EE. UU. que supuestamente supervisará el plan de reconstrucción tras el alto al fuego entre Israel y Hamas, vigente desde octubre. Para Kushner, el sueño de una Gaza moderna depende de una palabra: seguridad. Pero, ¿es realista ese sueño? Vamos a desglosar la visión, las omisiones y las duras realidades.
“Todo es posible”, dice Kushner
Durante su intervención de 10 minutos, Kushner sostuvo que si se garantiza la seguridad, “ciudades como estas pueden levantarse en tres años. Lo hacen en Medio Oriente todo el tiempo”. La idea detrás de su comentario es que existiendo voluntad política, inversión privada y control militar de facto, Gaza puede transformarse en Dubái.
Según él, una vez que Hamas sea desarmado y el territorio esté libre de conflictos, inversionistas llegarán atraídos por los beneficios fiscales y la mano de obra disponible. La reconstrucción comenzaría, según su plan, en Rafah, una ciudad del sur devastada por la guerra, donde ya estaría comenzando la remoción de escombros.
Entre la fantasía y los datos: 60 millones de toneladas de escombros
Lo que Kushner no mencionó es que, según la ONU, Gaza contiene más de 60 millones de toneladas de escombros, el equivalente a llenar aproximadamente 3,000 barcos portacontenedores. Remover esa cantidad tomaría al menos 7 años, sin considerar el desminado necesario en cada rincón.
Además, muchos de los edificios están literalmente convertidos en polvo, y debajo de ellos yacen proyectiles sin explotar. De acuerdo con Human Rights Watch y Amnistía Internacional, el proceso de desminado no ha comenzado porque Israel no permite la entrada de maquinaria pesada.
El plan sobre el papel: ¿una fantasía urbanística?
Kushner mostró diapositivas con mapas que delineaban una Nueva Gaza. Esta ciudad tendría:
- Ocho zonas residenciales
- Áreas verdes, parques y tierras agrícolas
- Un aeropuerto nuevo (el anterior fue destruido hace 20 años)
- Un puerto marítimo moderno
- Un área específica para turismo, ubicada en la costa actualmente habitada por la mayoría de la población
- Instalaciones para manufactura avanzada y data centers
El problema es que esta visión no considera:
- Dónde vivirán los palestinos mientras dura la demolición y construcción
- Cómo trabajarán millones de personas sin infraestructura ni energía
- Qué industrias podrían funcionar eficazmente mientras Gaza esté bajo control militar
Sin desarme no hay reconstrucción
De acuerdo con Kushner, no se construirá nada en zonas donde no haya seguridad plena. Y aquí entra el aspecto más problemático de su plan. Hamas, que gobierna Gaza desde 2007 tras enfrentarse a la Autoridad Palestina, ha indicado que podría “congelar” sus armas como preludio a un Estado Palestino, pero no hay señales de que vaya a rendirse o integrarse al Comité Palestino respaldado por EE. UU.
Además, existen otras milicias armadas en Gaza, algunas apoyadas por Israel durante el conflicto, que complicarían cualquier intento de desarme coordinado. La propuesta de Kushner es que tales grupos sean desmantelados o integrados al Comité Nacional para Gaza (NCAG), lo cual añade otra capa de incertidumbre.
Israel: ¿enemigo o socio del plan?
Una parte crucial del plan es que Israel de alguna manera coopere o al menos no interfiera. Pero esto es altamente improbable. Como argumenta Nomi Bar-Yaacov, especialista en resolución de conflictos en el Geneva Centre for Security Policy:
“Un proyecto con decenas de rascacielos al lado de las fronteras israelíes es simplemente inviable desde el punto de vista de seguridad. Cualquier edificio alto representa una amenaza visual para las bases militares de Israel.”
Además, el plan prevé entregar Gaza a una Autoridad Palestina “reformada”, pero el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se ha opuesto tajantemente a cualquier rol de dicha entidad en la Gaza posguerra.
Incluso si se reformara, la Autoridad Palestina es impopular en el mismo Cisjordania donde supuestamente gobierna. Sus vínculos con Israel, percepción de corrupción y falta de liderazgo hacen difícil imaginar que gane legitimidad en Gaza.
¿Quién paga los $70 mil millones?
El costo estimado de reconstrucción de Gaza es de $70 mil millones, según una evaluación conjunta del Banco Mundial, la ONU y la Unión Europea. Kushner no aclaró qué actores financiarán el proyecto, aunque mencionó el interés de capitales privados. Sin embargo, como es lógico, ningún inversor pondrá un centavo si no hay garantías de seguridad, libre movilidad y transparencia —tres elementos ausentes hoy en Gaza.
¿Qué opinan los gazatíes?
Para muchos habitantes de Gaza, el plan recuerda a propuestas anteriores cargadas de promesas vacías. Los gazatíes han vivido bajo 16 años de bloqueo israelí-egipcio, múltiples ofensivas militares que dejaron miles de muertos y una crisis humanitaria permanente. La población está exhausta, y muchos toman con escepticismo cualquier noción de reconstrucción rápida.
“¿Van a construir un puerto para turistas encima de nuestras casas destruidas?” preguntó Ahmad, un ingeniero civil desplazado en Gaza. “¿Y qué pasa con nuestras escuelas, hospitales, nuestras mezquitas, nuestros muertos?”
La visión inmobiliaria vs. la perspectiva humanitaria
Una de las principales críticas al plan es que parece haber sido diseñado más desde una visión de desarrollador inmobiliario —como Trump y Kushner lo han sido— que desde una perspectiva centrada en derechos humanos.
“Esto no es Dubái. Esto es Gaza,” remarcó Paola Caridi, historiadora italiana especializada en Palestina. “No se trata de construir edificios; se trata de reconstruir vidas, un tejido social, una historia destruida por décadas.”
Las organizaciones humanitarias resaltan que antes de pensar en puertos modernos o zonas turísticas, se debe garantizar acceso a agua potable, saneamiento básico, atención médica y medios de subsistencia sostenibles. Hoy, el 95% del agua en Gaza no es potable, y el 80% de la población depende de ayuda humanitaria.
Demasiadas incógnitas para un cronograma de 3 años
Kushner prometió maravillas en tres años. Pero la realidad contradice rotundamente ese optimismo. Si el desminado toma entre 5 y 7 años, si no hay maquinaria pesada, y si persisten las tensiones militares, los plazos que maneja Kushner no son solo optimistas: son abiertamente imposibles.
El futuro de Gaza dependerá no de discursos entusiastas en Davos, sino de decisiones políticas duras, procesos de reconciliación interna palestina, y, quizás, de una comunidad internacional dispuesta a dejar de ver Gaza solo como un problema estratégico y empezar a verla como una emergencia humana que requiere soluciones reales, no maquetas digitales.
