Gaza entre la retórica y la realidad: cuando la ayuda no alcanza ni para un té caliente

Mientras en Davos se celebra un supuesto avance humanitario, en los campos de refugiados gazatíes la miseria y el frío gobiernan, dejando a miles escarbando en la basura por plástico para sobrevivir.

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Entre la diplomacia y el desamparo

En el lujoso entorno del Foro Económico Mundial en Davos, el expresidente estadounidense Donald Trump y su equipo promocionaron con entusiasmo una visión esperanzadora para la Franja de Gaza. Lo hicieron al lanzar la llamada Junta de Paz, una iniciativa que busca coordinar la reconstrucción y desarrollo del territorio palestino tras años de guerra.

Trump, acompañado por su yerno Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff, defendió que niveles "récord" de ayuda humanitaria están entrando en Gaza desde octubre 2025, tras el inicio de un acuerdo de alto el fuego intermediado por Estados Unidos.

Pero mientras en Suiza se celebraban discursos, en Gaza las condiciones no dejaban margen para la retórica diplomática: niños hurgan en basureros para encontrar plástico que quemar y así protegerse del frío penetrante.

La tregua bajo fuego

En teoría, el alto el fuego debía marcar un punto de inflexión. En la práctica, cientos de miles de palestinos siguen viviendo en condiciones infrahumanas en campamentos improvisados, ocupando edificios en ruinas o tiendas de campaña que no protegen del invierno. Las temperaturas nocturnas descienden a menos de 10 °C, y la ayuda, aunque aumentada, no es suficiente.

Desde el inicio de la tregua en octubre, más de 470 personas han muerto en Gaza, según datos del Ministerio de Salud de Gaza, que pese a estar controlado por Hamas, es considerado fiable por agencias de la ONU y expertos independientes. Al menos 77 han sido asesinadas por disparos israelíes mientras se encontraban cerca de la línea de alto el fuego.

El precio del calor: plástico y muerte

En la zona de Muwasi, al sur de Khan Younis, la realidad contrasta de forma dolorosa con la imagen proyectada en Davos. Familias como la de Sanaa Salah, su esposo y sus seis hijos, sobreviven quemando plástico recolectado en basureros. Saben que es tóxico, pero no tienen opción. "No podemos siquiera tomar una taza de té", confesó Salah, mientras su familia lanzaba trozos de plástico a las llamas.

Buscar madera es peligroso y costoso. El precio promedio para adquirir leña en Gaza supera los 7 shekels por tanda (unos 2,50 dólares), inaccesible para millones sin ingresos. Aziz Akel, otro residente, relata cómo perdió su hogar y sus hijos salieron heridos en los bombardeos. Ahora comienza cada día escarbando entre la basura para recoger lo mínimo necesario para mantener viva una fogata.

La desesperación ha cobrado vidas inocentes: dos niños de 13 años fueron abatidos por soldados israelíes al intentar recolectar madera en campos abiertos. El fuego, en Gaza, quita lo poco que la guerra todavía no ha arrebatado.

Periodismo bajo bloqueo: mueren informando

En otro frente de dolor, el periodismo en Gaza también sufre. Tres periodistas palestinos fueron asesinados por un bombardeo israelí mientras filmaban cerca de un campamento administrado por una comisión egipcia. Uno de ellos era Abdul Raouf Shaat, colaborador frecuente de la AFP.

Esta tragedia se suma a una larga lista de más de 200 periodistas y trabajadores de medios palestinos muertos en Gaza desde el inicio de la guerra en 2023, según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ).

Las autoridades israelíes argumentaron que atacaron el vehículo periodístico tras detectar "sospechosos operando un dron peligroso". Pero varios organismos internacionales han exigido una investigación independiente, ya que los ataques a la prensa en Gaza son sistemáticos y constantes.

Toda entrada de prensa internacional a Gaza está prohibida por Israel, salvo en recorridos guiados, lo que hace indispensable el trabajo de reporteros locales que arriesgan sus vidas todos los días.

La paradoja de la ayuda humanitaria

Según el enviado Jared Kushner, Gaza tiene el potencial de convertirse en el "Singapur de Medio Oriente". La retórica de desarrollo cobra tintes de burla cuando se observa que más del 80% de los hogares palestinos no tienen acceso a electricidad regular, según cifras de Naciones Unidas. El acceso al agua potable en muchas zonas es prácticamente nulo.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) reportó que si bien la entrada de camiones de ayuda ha incrementado, los cuellos de botella persisten: inspecciones prolongadas, restricciones logísticas, ataques intermitentes. Además, la ayuda más crítica —combustible y gas— es limitada o inexistente. Incluso muchas letrinas portátiles han dejado de funcionar.

¿Paz o propaganda?

En su campaña en Davos, Trump presentó su acuerdo de 20 puntos para la pacificación y reconstrucción de Gaza. Pero entre los desplazados, las esperanzas mutan en resentimiento.

El periodista y traductor Waleed Abou Rass, radicado en Khan Younis, describe el plan como "una cortina de humo más". "Uno no puede hablar de paz mientras se mueren niños congelados en tiendas de campaña", sentencia.

Incluso dentro del ejército israelí han aparecido voces críticas. El ex coronel Yossi Meir, en declaraciones exclusivas para el medio Haaretz, aseguró: "La situación humanitaria es una bomba de tiempo. Nos damos un tiro en el pie permitiendo que esto continúe así".

El rostro de una reconstrucción imposible

Lo que las autoridades en Davos presentan como posibilidades de inversión, en Gaza se percibe como un memorándum de cinismo. Es incierto cómo un territorio cuya infraestructura está destruida en más del 70%, podrá beneficiarse de parques industriales o centros tecnológicos.

El relato de los líderes globales invisibiliza que la mayoría de la población vive con menos de 2 dólares al día. Más de 600,000 niños enfrentan inseguridad alimentaria grave. Las morgues están saturadas y aún se exhuman cadáveres bajo escombros desde los bombardeos del año anterior.

En este escenario, las palabras de Sanaa Salah resuenan con eco profundo: "Esta es nuestra vida. No dormimos por el frío. No vivimos, sólo intentamos no morir".

Este artículo fue redactado con información de Associated Press