Issey Miyake y la espiritualidad del diseño: cuando la moda se transforma en poesía

La colección Otoño-Invierno 2026-2027 de IM Men no solo redefinió la elegancia masculina, sino que sumergió a París en una atmósfera de calma monacal. Analizamos esta obra maestra del diseño japonés minimalista.

Una pasarela que se convirtió en templo

El Collège des Bernardins, un escenario medieval ubicado en el corazón de París, se convirtió en un santuario del diseño durante la Semana de la Moda masculina. Fue allí donde Issey Miyake IM Men presentó su colección Otoño-Invierno 2026-2027, en un despliegue que más que desfile, pareció una ceremonia, una meditación textil sobre la forma y el movimiento.

La elección del lugar no pudo ser más acertada: la arquitectura de piedra, la luz tamizada que se filtraba por las bóvedas y una atmósfera casi espiritual crearon un marco perfecto para una propuesta estética basada en lo que la marca llama “forma sin forma”. Esta colección no gritó: susurró.

Vestir la serenidad: siluetas que calman

Las prendas caminaron al ritmo de una liturgia silenciosa. Casi todas compartían una estética común: líneas largas, frentes cruzados, capas envolventes y una caída fluida que evocaban los ropajes de monjes budistas o sacerdotes zen. Pero no era disfraz; era evolución formal.

“Queremos representar el impulso cotidiano de enderezarnos, de sentirnos ‘correctos’, mediante el textil”, explicó la casa japonesa en su nota de prensa.

Issey Miyake, fiel a su legado fundacional desde Tokio en 1970, no concibe las prendas como piezas individuales, sino como extensiones del cuerpo. Todo comienza con una tela sencilla —“a piece of cloth”— que se transforma mediante tecnologías textiles, plisados matemáticos y dobles usos. Esta dualidad entre suavidad y estructura es quizás el alma de la colección.

De dos dimensiones a escultura textil

Uno de los aspectos más cautivadores fue cómo las prendas pasaban de lo plano a lo volumétrico con el simple acto de caminar. Algunos tejidos estaban diseñados especialmente para responder al movimiento mediante patrones tridimensionales que, sorprendentemente, conservaban la elasticidad y la comodidad.

Esto dio como resultado un vestuario con formas escultóricas sin rigidez. No hubo ornamentos gratuitos, los colores eran ambientales, surgían de tonos degradados que evocaban, según la propia firma, “las costuras del día” entre el anochecer y el amanecer. Una metáfora visual de poesía pura.

Versatilidad contenida: prendas que se metamorfosean

Una de las virtudes de esta colección fue su riqueza técnica puesta al servicio del uso cotidiano. Miyake siempre ha sido capaz de ofrecer piezas que cambian de forma, función y mensaje según cómo se abrochen, doblen o desplieguen.

Hubo abrigos que mutaban con apenas un cruce de panel que simulaba un estola; otros ganaban volumen con un simple gesto en la manga o mediante detalles ocultos levantados del hombro. Elementos como solapas, guardas o capas adicionales no parecían añadidos, sino nacer de un solo trozo coherente de tela.

Ese es el sello Miyake: la ilusion de que todo es uno.

Menos es más: la lección en disciplina

Aunque la marca cuenta con un arsenal técnico casi ilimitado —desde plisados hasta tejidos inteligentes—, en esta ocasión renunció al virtuosismo desbordado. El enfoque fue el de la restricción consciente: líneas más depuradas, estructuras más legibles, menos decorativismo y más introspección. Eso no quiere decir que fuera simple; fue, al contrario, profundamente sofisticado.

En una temporada repleta de maximalismo, efectos especiales y escenografías monumentales, Issey Miyake optó por bajar el volumen y reafirmar su mensaje desde la tranquilidad: lo esencial no necesita barullo.

Issey Miyake: el poeta de la tela

Issey Miyake, quien falleció en 2022, entendía la moda no como una tendencia o un pronunciamiento estético pasajero, sino como una extensión del bienestar humano. Desde sus inicios, trabajó con científicos, ingenieros y artistas para reimaginar el diseño textil como interacción entre el cuerpo y la materia.

Su concepto de “pliegue permanente” revolucionó la moda de los años noventa, y su filosofía de “diseñar desde el tejido” sigue siendo una referencia obligada. La nueva generación que continúa su legado lo hace con respeto y audacia equilibrada.

Moda como meditación

Esta colección IM Men puede verse como una especie de retiro visual. No es para llamar la atención en TikTok ni para robar flashes en la alfombra roja. Es para quien quiere habitar su cuerpo con calma, con intencionalidad, con presencia.

En tiempos de hiperproducción, donde la moda se devora a sí misma mes a mes, este desfile fue una pausa, una inhalación profunda, un recordatorio de que la elegancia puede ser también espiritual.

Issey Miyake no solo presentó ropa. Presentó una ética. Una forma de estar en el mundo mediante el vestir.

Datos que refuerzan la propuesta de IM Men

  • Issey Miyake fundó su marca en 1970 en Tokio, y se consagró mundialmente en los 90 con su línea Pleats Please.
  • Fue uno de los primeros diseñadores en utilizar tecnología tridimensional (como impresoras 3D y cortes láser) aplicadas a ropa funcional.
  • El concepto de a piece of cloth guía sus diseños: la ropa como extensión natural del cuerpo humano.
  • El desfile se realizó en el Collège des Bernardins, un monasterio cisterciense fundado en el siglo XIII.

Cierra París con poesía

En una semana donde muchas pasarelas explotaron con ruido, estridencia y performance, Issey Miyake ofreció serenidad. Probablemente pocas colecciones alcancen tanta coherencia entre idea y ejecución en esta temporada.

Si la moda es una forma de lenguaje, Miyake habló en haiku. Sutil, medido, profundo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press