La guerra oculta del petróleo: Francia desafía a la 'flota fantasma' de Rusia

Un buque interceptado en el Mediterráneo revela el creciente conflicto marítimo por el comercio ilegal de crudo ruso que financia la guerra en Ucrania

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Francia ha lanzado una ofensiva naval sin precedentes contra una red marítima clandestina que alimenta, a través del crudo, la maquinaria militar de Vladimir Putin. Esta semana la Marina francesa, apoyada por inteligencia británica, interceptó en el Mediterráneo al Grinch, un petrolero presuntamente vinculado a la llamada “flota fantasma” rusa. El operativo se realizó frente a las costas de Almería, España, revelando los métodos cada vez más sofisticados para evadir las sanciones internacionales impuestas contra Rusia.

¿Qué es la flota fantasma y por qué preocupa tanto?

Desde que comenzó la invasión a Ucrania en febrero de 2022, el petróleo ha sido uno de los pilares con el que Rusia continúa financiando su guerra. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, el crudo y gas representan alrededor del 45% del presupuesto federal ruso. A medida que Occidente ha aumentado las sanciones, Moscú ha construido una red alternativa de exportación de energía a través de buques difíciles de rastrear, muchos de ellos comprados de segunda mano y registrados bajo banderas de conveniencia en países no sancionadores.

Esta “flota fantasma” está compuesta por más de 400 embarcaciones, según estimaciones del Centro para la Seguridad Marítima Global. El modus operandi implica cambiar frecuentes veces el nombre del barco, alterar los sistemas de posicionamiento por GPS y usar falsas banderas nacionales, como ocurrió en el caso del Grinch, que navegaba bajo bandera de las Islas Comoras.

El operativo del Grinch: una cumbre de inteligencia y diplomacia naval

El petrolero que partió de Murmansk, en el noroeste de Rusia, fue detectado por satélites británicos y compartido con París. La Marina francesa desplegó un helicóptero y una fragata para escoltar al buque hasta un puerto seguro. Según fuentes militares francesas, la tripulación está compuesta por ciudadanos indios y se sospecha que el barco navega con documentación falsa.

“Estamos decididos a hacer cumplir el derecho internacional y sancionar cualquier actividad que contribuya al esfuerzo bélico ilegal contra Ucrania”, declaró el presidente Emmanuel Macron en la red social X, antes Twitter. La publicación fue acompañada por una imagen dramática: un helicóptero francés suspendido sobre el buque en una maniobra digna de película del espionaje internacional.

Antecedente: el caso del petrolero 'Pushpa' ('Boracay')

No es la primera vez que Francia realiza una operación de este tipo. En septiembre de 2023, fuerzas navales abordaron el petrolero conocido como Pushpa o Boracay, que transitaba frente a la costa atlántica francesa. Originalmente zarparía del puerto de Primorsk, cerca de San Petersburgo, y fue interceptado luego de alterar su bandera varias veces, finalmente bajo la de Benín.

Tras esa acción, Putin calificó el abordaje como “piratería” y acusó a Macron de intentar desviar la atención pública de sus problemas internos. El capitán del Boracay enfrentará un juicio en febrero por negarse a cooperar con las autoridades galas.

¿Por qué es tan difícil frenar a esta red?

La razón principal es el carácter opaco de las operaciones. Muchos de estos barcos pertenecen a sociedades pantalla con sede en países que no han sancionado a Rusia, como los Emiratos Árabes Unidos o India. Las banderas de conveniencia en lugares como Panamá, Liberia o las Islas Comoras dificultan la fiscalización.

Además, los barcos suelen utilizar técnicas para evadir detección como el “spoofing” (falsificación de señales GPS), transferencias de petróleo de barco a barco en medio del mar, y la manipulación deliberada de sistemas satelitales (AIS).

Estos barcos también representan un riesgo ambiental

Al ser barcos envejecidos, muchos con más de 20 años de servicio, y operar bajo permisos cuestionables, también representan un riesgo para el medioambiente. El derrame de crudo en zonas internacionales podría ser catastrófico y dificultaría cualquier proceso de indemnización por tratarse de entidades sin transparencia.

En palabras del almirante francés Pierre Vandier, “No solo se trata de sanciones y guerra; se trata de proteger la soberanía marítima y el medioambiente global”.

El petróleo como arma geopolítica

Desde antes de la guerra, Rusia ha usado sus exportaciones de energía como una herramienta de diplomacia coercitiva. Las sanciones occidentales han intentado ponerle coto a esa práctica mediante topes de precio, restricciones en seguros marítimos y limitaciones en la banca.

Sin embargo, el uso de la flota fantasma ha permitido mantener el flujo de dinero hacia el Kremlin. Según un informe de Atlantic Council, para finales de 2023, Rusia aún obtenía más de $15.000 millones mensuales por exportación de energía, gracias en parte a estas artimañas.

Una guerra de inteligencia en altamar

Además de ser una guerra económica, se trata de una guerra de inteligencia. Actualmente cinco países —Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos e Italia— realizan labores coordinadas de seguimiento de buques sospechosos mediante software de análisis de rutas, satélites geoestacionarios y patrullaje aéreo.

Bruselas ya ha anunciado que trabaja en normativas más estrictas que permitirán abordar barcos en alta mar si hay sospechas fundadas, incluso si navegan bajo bandera de países no sancionadores. Además, se busca establecer un registro gris de embarcaciones de alto riesgo, algo similar al sistema que se usa contra la pesca ilegal.

¿Está esta guerra económica dando resultados?

Es difícil afirmarlo aún, aunque hay señales positivas. Los tiempos de embarque hacia Asia han aumentado, hay más retrasos por fiscalización en puertos, y algunos países han comenzado a rechazar embarques de origen dudoso. En paralelo, el rublo ha mostrado señales de debilidad y la inflación se mantiene contenida, aunque bajo control mediante intervención estatal.

No obstante, mientras haya compradores dispuestos y mecanismos para eludir el control, la flota fantasma seguirá navegando. Por eso Francia ha dicho que aumentará sus labores de interceptación en 2024, con un mayor presupuesto asignado al patrullaje naval en el Mediterráneo y el Atlántico.

“Es una cuestión de ética, de justicia global y de seguridad marítima”, detalló Macron en su visita a la base naval de Toulon, al anunciar la ampliación del programa de vigilancia contra barcos sancionados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press