Trump, la OMS y la fractura del orden sanitario global

Análisis del retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud y sus consecuencias para la salud pública mundial

Una salida que sacude los cimientos de la salud global

El retiro oficial de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) marca un punto de inflexión en las relaciones internacionales en materia sanitaria. Esta ruptura, impulsada por la administración Trump, representa una desviación sin precedentes de una estructura multilateral que ha sido esencial para enfrentar pandemias, coordinar respuestas sanitarias y promover la equidad en salud a nivel global.

¿Qué es la OMS y por qué es tan importante?

La OMS, creada en 1948, es la agencia de salud especializada de las Naciones Unidas. Su mandato incluye:

  • Coordinar respuestas internacionales a brotes epidémicos.
  • Establecer estándares globales en salud, como las recomendaciones sobre vacunas y tratamientos.
  • Brindar asistencia técnica a países con menos recursos.
  • Promover la salud mental, nutricional y maternoinfantil.

La participación activa de EE.UU. ha sido histórica. En promedio, el país ha contribuido con más de $681 millones anuales (según el Departamento de Salud de EE.UU.), siendo el mayor donante voluntario y ofreciendo personal técnico de alto nivel.

¿Por qué se retira EE.UU. de la OMS?

Donald Trump formalizó el retiro tras acusar a la organización de:

  • Manejar inadecuadamente la pandemia del COVID-19.
  • No aplicar reformas urgentes ni demostrar independencia frente a ciertos países miembros, en especial China.

Como ejemplo, la OMS recomendó tardíamente el uso de mascarillas y negó inicialmente que el virus fuera airborne (transmisible por aire). Esta postura científica no se corrigió oficialmente de forma pública hasta 2024.

Una fractura con factura: ¿cuánto le debe EE.UU. a la OMS?

Al anunciar su salida, EE.UU. no saldó sus deudas. Según la OMS, el país debía más de 133 millones de dólares correspondientes a cuotas impagas de 2024 y 2025. Aunque desde la Casa Blanca se insistió en que no existía obligación legal posretiro, el proceso de salida exige legalmente saldar compromisos pendientes.

Consecuencias inmediatas y peligros a largo plazo

Según Lawrence Gostin, experto en derecho sanitario global de la Universidad de Georgetown, esta medida fue “la decisión presidencial más ruinosa que haya presenciado”. Entre los efectos más severos se encuentran:

  • Acceso restringido a inteligencia epidémica: EE.UU. ya no forma parte de los comités técnicos ni de los grupos que deciden la composición anual de las vacunas contra la gripe.
  • Menor protagonismo geoestratégico en salud: países como China, India o la Unión Europea pueden ocupar más espacio en la toma de decisiones sanitarias globales.
  • Aislamiento científico: investigadores y farmacéuticas estadounidenses pierden acceso privilegiado a datos y redes colaborativas.
  • Impacto en iniciativas clave: programas para erradicar la poliomielitis, mejorar la salud materna e infantil y responder a brotes como el ébola se verán debilitados.

¿Puede EE.UU. reemplazar a la OMS construyendo su propia red?

Funcionarios estadounidenses sugieren haber forjado acuerdos bilaterales que reemplazarían la intermediación de la OMS. Sin embargo, según Gostin, es “casi risible” pensar que países como China, Venezuela o estados africanos, muchos afectados por sanciones, compartirán su data epidemiológica directamente con EE.UU. La naturaleza multilateral de la OMS no es replicable con acuerdos entre pares aislados.

Además, la OMS gestiona no solo flujos de Información, sino también logística de vacunas, coordinación de ensayos clínicos, supervisión de bioseguridad y mecanismos de respuesta rápida ante crisis humanitarias.

Exclusión estratégica: la ausencia estadounidense en decisiones clave

La falta de representación de EE.UU. en estructuras como el Global Influenza Surveillance and Response System, que supervisa nuevas cepas y mutaciones gripales, pone en riesgo la preparación frente a futuras pandemias. El diseño de vacunas, en particular, exige conocer con antelación qué cepas son más prevalentes. Sin esta información, la elaboración de vacunas en EE.UU. podría resultar menos efectiva.

También preocupa el efecto en cooperación con centros como el CDC africano y entidades panamericanas como la OPAS. La huella estadounidense en muchas de estas iniciativas está ligada a su papel dentro de la OMS.

Contexto político: un retiro más simbólico que racional

Paradójicamente, ningún director general en la historia de la OMS ha sido estadounidense. Trump y sus asesores consideraron esto una afrenta considerando las contribuciones de EE.UU. Pero la falta de representatividad no justifica un retiro que malogra décadas de cooperación.

El razonamiento detrás de la salida resuena más con una desacreditación multilateral en favor del unilateralismo, una narrativa central durante la presidencia de Trump. Es el mismo patrón observado en el abandono del Acuerdo de París sobre Cambio Climático y el rompimiento del Acuerdo Nuclear con Irán.

Consecuencias para el liderazgo internacional de Estados Unidos

Históricamente, EE.UU. ha utilizado su liderazgo en salud global no sólo como un vector de diplomacia blanda (soft power), sino también como instrumento de seguridad nacional. En pleno siglo XXI, las amenazas no surgen solo de armas o guerras, sino de virus, pandemias y sistemas de salud colapsados.

El retiro fomenta un vacío de poder que será rápidamente aprovechado por países que buscan posicionarse como referentes sanitarios. China, por ejemplo, ya ha ampliado enormemente su cooperación médica con África y Sudamérica.

La controversia legal: ¿puede un presidente retirar a EE.UU. sin el Congreso?

Otro aspecto polémico es la legalidad de este retiro. EE.UU. ingresó a la OMS mediante un acto del Congreso en 1948, y varios expertos —incluido Gostin— argumentan que sólo el Congreso puede autorizar una salida. Si bien la administración Trump notificó formalmente y cumplió con el período de aviso de un año, el paso podría enfrentar impugnaciones jurídicas en futuras administraciones.

Esta tensión entre los poderes ejecutivo y legislativo subraya los peligros de tomar decisiones estructurales sin consenso institucional.

¿Una decisión reversible?

Históricamente, decisiones como esta se han revertido con sucesores presidenciales. Así ocurrió con el Acuerdo de París y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Si el Congreso o un nuevo presidente eligen reingresar a la OMS, la reintegración requerirá no solo procedimientos formales, sino también reconstrucción de confianza internacional.

El legado de la retirada puede perdurar, sin embargo. Muchos socios verán a EE.UU. como un actor inestable o de compromiso volátil.

Reflexión final: ¿puede el mundo confiar en una salud global sin EE.UU.?

El retiro de Estados Unidos ha dejado más preguntas que respuestas. Si bien es legítimo cuestionar a la OMS por errores cometidos —como la comunicación inicial durante el COVID-19—, la salida carece de alternativas constructivas.

Las pandemias no reconocen fronteras, y las soluciones tampoco deberían reconocer ideologías. El multilateralismo sanitario no es un lujo ni un experimento, es una necesidad. A medida que surgen nuevos virus, variantes y amenazas (como el resurgimiento del ébola o el aumento de la resistencia antimicrobiana), el mundo necesita más cooperación, no menos.

Estados Unidos ha sido por décadas un pilar esencial de esa estructura. Su ausencia debilita a la OMS, al orden mundial, y en última instancia, a sí mismo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press