Un incendio más entre miles: la tragedia de los refugiados rohinyás en Cox’s Bazar vuelve a repetirse

Una tragedia evitable, una crisis prolongada: el fuego que arrasó Campamento 16 expone la fragilidad de más de un millón de vidas desprotegidas en Bangladesh

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Bangladesh volvió a estremecerse esta semana con otro devastador incendio que arrasó al menos 335 refugios precarios y desplazó a más de 2.000 personas en el Campamento 16 del distrito Cox’s Bazar, el asentamiento de refugiados más grande del mundo. El siniestro, que se desató en la madrugada del martes, dejó una estela de destrucción material y trauma psicológico para miles de rohinyás ya marcados por años de persecución y desplazamiento forzoso.

Una historia sin fin: la vulnerabilidad perpetua de los rohinyás

Desde 2017, más de 700.000 personas rohinyás se vieron obligadas a huir de Myanmar ante la brutal represión del ejército en el estado de Rakhine. Estas acciones han sido calificadas por la ONU como limpieza étnica y, a nivel jurídico, se está llevando a cabo un proceso en la Corte Internacional de Justicia para determinar si Myanmar cometió genocidio durante su operación de “limpieza” militar.

Los refugiados rohinyás, mayoritariamente musulmanes, se han refugiado en Cox’s Bazar, que hoy alberga a más de un millón de personas distribuidas en 30 campamentos. La historia del Campamento 16 no es una excepción, sino una trágica repetición.

El fuego: enemigo frecuente y devastador

Las cifras son elocuentes e inaceptables: entre mayo de 2018 y diciembre de 2025, se registraron 2.425 incendios dentro de los campos de refugiados, afectando a más de 100.000 personas y destruyendo más de 20.000 refugios. Esta estadística no solo refleja la fragilidad de las estructuras hechas de bambú, lona y plástico, sino la negligencia sistemática en la financiación de soluciones habitacionales sostenibles para los desplazados.

En esta ocasión, el fuego destruyó 335 refugios y afectó directamente a la infraestructura básica del campamento: sistemas de agua y saneamiento, 11 centros educativos y caminos de evacuación. Además de quedarse sin hogar, muchas familias lo perdieron todo: documentos de identidad, pertenencias personales e incluso las pocas herramientas con las que aspiraban ejercer un mínimo de autonomía.

“Cuando los incendios ocurren en campamentos sobrepoblados, el impacto va mucho más allá de la infraestructura dañada. Las familias pierden acceso a servicios básicos y afrontan nuevos riesgos de protección inmediata.”
— Lance Bonneau, jefe de misión de la OIM en Bangladesh

Un presente crítico: el rol de las organizaciones humanitarias

Tras el incendio, organizaciones como el Consejo Noruego para Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) lanzaron respuestas de emergencia. Entre los artículos distribuidos se encuentran mantas, mosquiteros, utensilios de cocina, kits de higiene y lámparas solares. La ayuda, sin embargo, enfrenta serias limitaciones.

En enero de 2025, recortes masivos en la ayuda internacional—incluyendo una reducción del 90% en la financiación externa de la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID)—obligaron a suspender planes para construir 50.000 refugios semi permanentes que sustituirían las frágiles estructuras actuales. Según el Consejo Noruego para Refugiados, faltaron 466,6 millones de dólares en el financiamiento necesario para atender adecuadamente la emergencia rohinyá en 2025.

La raíz del problema: ¿negligencia internacional?

La vulnerabilidad crónica de los campamentos de refugiados de Cox’s Bazar trasciende la falta de infraestructura resistente. Responde directamente al desinterés sostenido de actores clave de la comunidad internacional. Muchos países han pasado de posturas condenatorias a la represión de Myanmar a prácticas decididamente omisas frente al drama cotidiano que viven los rohinyás.

La decisión de eliminar o reducir ayudas vitales a favor de otros intereses geopolíticos y económicos ha dejado expuestos a cientos de miles de seres humanos, cuyas esperanzas de retorno seguro a su país natal—y de una vida digna en el lugar que los acoge—continúan esfumándose día a día.

¿Una crisis sin solución?

A pesar de la presencia de múltiples agencias de la ONU, ONGs internacionales y de las propias autoridades bangladesíes, la situación en Cox’s Bazar continúa deteriorándose. Las soluciones temporales implementadas entre 2017 y 2019 hoy ya resultan ineficaces frente a la superpoblación, el riesgo climático, los conflictos internos y la precariedad estructural.

Las condiciones actuales no solo limitan el acceso a derechos básicos como la educación y la salud, sino que multiplican los riesgos de trata de personas, violencia doméstica, abuso infantil y, como se ha demostrado nuevamente, siniestros masivos totalmente evitables.

El costo humano del silencio

El incendio de enero de 2026 no es un hecho aislado, sino una manifestación evidente de una crisis prolongada que exige respuestas a largo plazo. A medida que el tiempo avanza, se constata una dolorosa verdad: la comunidad internacional parece haberse rendido; haberse acomodado al “status quo” inhumano de los rohinyás.

¿Hasta cuándo puede el mundo seguir hablando de derechos humanos mientras los ignora en campos como el de Cox’s Bazar?

El llamado a la acción es claro. Las vidas que desaparecen bajo las llamas cada semana en Bangladesh no son errores logísticos ni desastres inevitables; son consecuencias directas de decisiones políticas y prioritarias que siguen dejando de lado a los más vulnerables.

Lo que sigue: necesidad urgente de acción

El Consejo Noruego para Refugiados ha subrayado que se necesita reanudar con urgencia la construcción de los 50.000 refugios aprobados, cuyas obras fueron abandonadas por falta de fondos. En paralelo, se requiere financiar:

  • Alimentos de emergencia
  • Reparación de sistemas de agua y saneamiento
  • Ropa de abrigo
  • Kits escolares para los niños afectados
  • Proyectos de medios de vida sostenibles y formación comunitaria

Pero más allá de lo urgente, la situación exige un enfoque consistente: garantizar protección internacional efectiva a los rohinyás, asegurar caminos legales hacia un estatus definido y viable, y, sobre todo, presionar diplomáticamente a Myanmar para lograr el retorno seguro y digno de esta comunidad históricamente vulnerada.

La historia juzgará a quienes tengan poder y opten hoy por mirar hacia otro lado mientras generaciones enteras de rohinyás sobreviven entre cenizas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press