¿Cobrar por aparcar en un parque público? El polémico caso de Balboa Park y la reacción furiosa de San Diego
El histórico parque enfrenta una oleada de rechazo por los nuevos cobros de estacionamiento: museos vacíos, vandalismo y un debate sobre equidad social sacuden a la ciudad
San Diego no está teniendo una primavera tranquila. Lo que parecía una medida pragmática para generar ingresos ha derivado en una polémica que sacude a una ciudad entera alrededor de uno de sus espacios más preciados: el Balboa Park. Desde enero de 2024, los visitantes del parque deben pagar por estacionar, algo que nunca antes había sucedido en sus más de 100 años de historia.
Con esta medida, el Ayuntamiento de San Diego esperaba generar ingresos adicionales para afrontar su déficit presupuestario, pero la realidad ha sido muy distinta. La indignación ciudadana ha sido instantánea, los ingresos por estacionamiento apenas representan una fracción de lo proyectado y los museos del parque reportan una fuerte caída en su afluencia de visitantes.
¿Por qué cobrar por estacionar en un parque público?
Balboa Park es, junto al zoológico de San Diego, una de las joyas urbanas más representativas de la ciudad. Con más de 1.400 acres dedicados a museos, jardines, zonas recreativas, espacios para caminar y eventos culturales, ha sido históricamente de acceso libre, incluido el estacionamiento. La decisión del alcalde Todd Gloria de imponer tarifas de estacionamiento respondía a una necesidad urgente: cerrar un déficit presupuestario que supera los $300 millones para este año fiscal y $110 millones para el siguiente.
La propuesta inicial estimaba ingresos de hasta $15 millones al año por concepto de estacionamiento. Sin embargo, la implementación tardía, la confusión pública y la resistencia ciudadana han derrumbado esas expectativas: la nueva estimación ronda apenas los $2.9 millones.
El impacto inmediato: 20% menos visitantes y museos vacíos
"Los impactos negativos de los cobros de estacionamiento en Balboa Park han sido inmediatos y medibles", afirma Jessica Hanson York, directora ejecutiva del Museo Mingei y presidenta de la Balboa Park Cultural Partnership. "Nuestros visitantes lo están sintiendo y nuestras instituciones culturales también".
Datos contundentes respaldan su testimonio. La asistencia durante los 'martes gratuitos' —cuando los museos abren sin costo para los residentes del condado— cayó un 25% respecto a enero de 2023. Se trata de la participación más baja registrada en una década.
"Estamos espantando al público, especialmente a aquellos con menores recursos, familias, adultos mayores y estudiantes que solían venir regularmente", comenta Jim Kidrick, presidente del San Diego Air & Space Museum. "Se está creando un parque para quienes pueden pagarlo, y eso no está bien".
La protesta se vuelve tangible: vandalismo y sabotaje
El malestar ciudadano ha escalado más allá de declaraciones. Varios parquímetros han sido vandalizados en lo que la policía califica como represalias: pantallas destruidas, pintura verde arrojada sobre los dispositivos y, en un caso extremo, materia fecal inserta en una máquina. Al menos 10 dispositivos fueron dañados solo en el primer mes, con un costo de reparación estimado en $400 por unidad.
"Hay mucha controversia con el nuevo sistema de pagos en Balboa Park, pero eso no justifica el vandalismo", advirtió el oficial Terrell Totten, portavoz del Departamento de Policía de San Diego.
¿Qué tan caro es estacionar? ¿Y es comparable con otros lugares?
El sistema de tarifas establece un costo de $2.50 por hora, y entre $5 y $16 por día, dependiendo del área y del horario. También se ofrece un pase anual de $150 para residentes de San Diego y $300 para no residentes. Hasta ahora, más de 2.400 personas han adquirido un pase, la mayoría residentes.
En comparación, algunos estacionamientos cercanos tienen tarifas de hasta $30 por día. Sin embargo, Balboa Park nunca había cobrado por estacionar, y eso ha sido parte esencial de su identidad. "Muchas personas consideran el parque como un refugio cultural accesible, y cobrar por usarlo es un golpe emocional", dijo Joyce Miller, voluntaria de la policía de San Diego.
Un parque de todos o sólo de algunos
Balboa Park no sólo es significativo para San Diego; es considerado un bien regional. Es por ello que alcaldes de otras ciudades del condado han alzado su voz en protesta. "Balboa Park es un recurso para toda la región, no sólo para quienes viven dentro de los límites de la ciudad", expresó Rebecca Jones, alcaldesa de San Marcos. "Los parques deben ser gratuitos; son una prioridad para las familias que no pueden pagar otras formas de entretenimiento".
La tarifa de estacionamiento también ha sido objeto de críticas por su sesgo potencialmente inequitativo: las personas que viven más lejos, generalmente en zonas menos acomodadas, no reciben beneficios ni descuentos. El argumento de que esto incentiva el uso del transporte público no convence ni a usuarios ni a expertos del sector cultural.
¿Puede revertirse esta medida?
Dentro del consejo municipal, algunos de los mismos miembros que votaron a favor del programa ahora piden suspenderlo o revisarlo sustancialmente. Stephen Whitburn, concejal cuyo distrito incluye Balboa Park, fue uno de los pocos opositores al plan original. Hoy redobla su oposición: "Las familias están dejando de ir, los museos están perdiendo visitantes y San Diego está perdiendo su alma cultural".
A pesar de todo, el alcalde Todd Gloria defiende su política: "Comprendemos que es un cambio importante, pero necesario. Estamos comprometidos a revisar los resultados del programa y a realizar ajustes si es necesario".
Un error estratégico: los fondos no se reinvierten directamente en el parque
Quizás el error más grave ha sido la gestión del destino de los ingresos generados. Contrario a lo que muchos esperaban, el dinero recaudado no se asigna directamente al parque o a los museos, sino que se usa para paliar el déficit en el fondo general de la ciudad.
"Esto crea una percepción —y con razón— de que se está trasladando el problema financiero de la ciudad a los visitantes del parque", comenta Peter Comiskey, director del Balboa Park Cultural Partnership. "Y eso podría derivar en una espiral descendente de la que no haya retorno".
¿Un cambio inevitable o una decisión reversible?
Según Lawrence Frank, urbanista de la Universidad de California San Diego, este tipo de medidas son comunes en ciudades grandes y podrían tener beneficios si se ejecutan correctamente. “Puede ser razonable cobrar por el aparcamiento, pero solo si se canalizan esos ingresos de forma transparente hacia la mejora del parque y se garantiza que no aumente la inequidad social.”
Pero incluso Frank admite que su postura es impopular: "Cuando comento que apoyo la medida, mis vecinos literalmente se alejan. Están genuinamente furiosos".
El golpe cultural más allá del dinero
Más allá de los números, este conflicto desenmascara un problema mayor: la fragilidad de los espacios culturales públicos ante intereses fiscales. Balboa Park ha servido por más de un siglo como punto de encuentro multicultural, escaparate artístico, espacio educativo y pulmón urbano. Transformarlo en un servicio condicional a la solvencia económica podría erosionar ese rol irremplazable.
Las autoridades no descartan aplicar nuevas excepciones o reestructurar el sistema. Pero mientras tanto, miles de visitantes han dejado de acudir, los kioscos fallan, los museos se vacían, los parquímetros se vandalizan y la “joya de San Diego” empieza a perder brillo.
"Todo esto —por unos cuantos dólares en tarifas de estacionamiento— es simplemente inconcebible", concluye Comiskey. "No podemos dejar que Balboa Park se convierta en una víctima más del presupuesto municipal".
