El colapso de las Fuerzas Democráticas Sirias: ¿una victoria para Turquía o un riesgo latente?
Ankara celebra la disolución de su enemigo kurdo en Siria mientras la región entra en una frágil recomposición política y militar
En las últimas semanas, Oriente Medio ha sido testigo de un cambio tectónico en la balanza de poder regional. La caída de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), un grupo liderado por kurdos y estrechamente vinculado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), marca un hito que Ankara ha celebrado como una victoria geoestratégica. Pero más allá de los festejos, el desenlace podría esconder dinamitas ocultas para Turquía, Siria y toda la región.
¿Qué eran las FDS y por qué fueron clave en la guerra contra el Estado Islámico?
Las Fuerzas Democráticas Sirias surgieron en 2015 como una coalición de milicias sirias, predominantemente kurdas, que lograron frenar el avance del Estado Islámico (EI) en el norte de Siria. Con el respaldo militar y logístico de Estados Unidos, las FDS se convirtieron en el brazo terrestre más eficaz contra el terrorismo yihadista en la región.
Su columna vertebral fue la milicia kurda YPG (Unidades de Protección del Pueblo), que Turquía considera una extensión del PKK, grupo armado responsable de un conflicto de más de 40 años y más de 40.000 muertos en Turquía. Esta afiliación fue el origen de una compleja relación triangular entre Estados Unidos, Turquía y las milicias kurdas.
El giro político en Siria y el ascenso de Ahmad al-Sharaa
Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, Ahmad al-Sharaa asumió la presidencia interina de Siria. Este cambio político fue aprovechado por Ankara, que desde hace años busca neutralizar cualquier autonomía kurda cerca de sus fronteras, para facilitar el colapso de las FDS.
En una campaña militar relámpago junto al apoyo logístico de Turquía, las fuerzas del nuevo gobierno sirio expulsaron a las FDS de gran parte de su control territorial en el norte sirio. En apenas dos semanas, lo que parecía un frente sólido y autónomo se vino abajo.
Una integración impuesta: de milicianos a soldados sirios
Los combatientes kurdos no solo perdieron el poder militar, sino también el político. Tras su derrota, las FDS aceptaron un acuerdo de disolución y sus combatientes serán integrados individualmente al ejército sirio, es decir, sin mantener la estructura jerárquica ni su identidad colectiva. Esto marcó el fin de una autonomía kurda de facto que se había consolidado durante una década.
El rol central de Turquía en la sombra
Turquía no fingió neutralidad. Voceros de seguridad de Ankara confirmaron que la agencia de inteligencia turca mantuvo contacto constante con Damasco durante la ofensiva, aconsejando estrategias para minimizar daños civiles y permitir la retirada de combatientes FDS con sus familias.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, celebró el desenlace afirmando que "desde el principio, Turquía ha defendido la integridad de un estado sirio único". Es decir, sin divisiones ni autonomías étnicas que puedan inspirar a los kurdos dentro del propio territorio turco.
Relación con Estados Unidos: de aliados a espectadores
Durante años, las FDS fueron el socio principal de Estados Unidos en el combate contra EI. Sin embargo, el gobierno de Joe Biden optó por no interceder esta vez. En vez de defender a sus exaliados kurdos, Washington movió su respaldo al nuevo gobierno sirio, apostando por una transición institucional liderada por al-Sharaa.
Según Sinan Ulgen, analista del centro EDAM en Estambul, "el cambio de la política estadounidense responde a un criterio pragmático: su interlocutor real en Siria ya no puede ser una entidad no estatal, sino un nuevo gobierno con aspiraciones de control territorial".
¿Un nuevo terreno para el entendimiento Israel-Siria?
Uno de los desenlaces más inesperados fue la pasividad de Israel, a pesar de los llamamientos de los kurdos para que interviniera. Esto se podría deber a una reciente reunión entre funcionarios sirios e israelíes en París, donde Siria reconoció tácitamente la zona de influencia israelí en su sur.
Para Ozgur Unluhisarcikli, del German Marshall Fund, este punto de convergencia silenciosa entre Siria e Israel jugó un papel indirecto en permitir la ofensiva gubernamental sin oposición internacional significativa.
Impacto en la política interna de Turquía
La caída de las FDS también tiene implicancias internas. En mayo pasado, el PKK anunció su desarme tras un llamado de su líder histórico, Abdullah Öcalan, desde prisión. Este gesto fue considerado como un paso crucial en la posible reconciliación del gobierno turco con la población kurda dentro del país.
Sin embargo, la violencia contra milicianos kurdos en Siria podría alimentar resentimientos entre los kurdos turcos. Tulay Hatimogullari, copresidenta del partido prokurdo HDP, advirtió: “¿Puede hablarse de paz si los kurdos están siendo masacrados en Siria y los sentimientos de los kurdos en Turquía son ignorados?”
Dinámicas regionales en juego: Irak, Irán y la diáspora kurda
Lo ocurrido puede tener consecuencias de mayor alcance. El PKK, aunque debilitado, mantiene activos a miles de miembros en el norte de Irak. Mientras tanto, en Irán también existen importantes comunidades kurdas con demandas de autonomía cultural y derechos políticos.
Una victoria demasiado aplastante del poder central (sirio o turco) puede empujar a las comunidades kurdas a nuevos movimientos de resistencia regionales. En otras palabras: lo que se gana en el terreno militar se puede perder en legitimidad y cohesión a mediano plazo.
¿Estabilidad o nueva espiral de conflicto?
A pesar de los avances del gobierno de al-Sharaa, los desafíos son inmensos. Con un país fracturado por años de guerra -más de 500.000 muertos y 13 millones de desplazados-, la tarea de reconstrucción y reconciliación es la más titánica de las misiones.
Además, diversos grupos sectarios y opositores han expresado su desconfianza frente a un gobierno liderado por los suníes árabes. La verdadera paz duradera dependerá de qué tan inclusivo sea el nuevo régimen y si puede garantizar derechos plenos para minorías como kurdos, cristianos, drusos y alauitas.
Un panorama aún abierto
En resumen, la caída de las FDS representa un logro estratégico para Ankara, pero el tablero en Siria sigue siendo volátil. Las líneas de conflicto ahora se redefinen: de la lucha contra el EI a una puja por el poder político en un mosaico étnico y religioso altamente sensible.
El verdadero juicio a este episodio no se hará durante los festejos en Ankara, sino en las calles de Raqqa y Qamishli en los próximos años. Y ahí, las armas podrían silenciarse, o volver a activarse.
Texto por: Redacción Mundo