La nueva estrategia de defensa de Trump: ¿un repliegue estratégico o una amenaza al orden mundial?

El Pentágono presenta un controvertido plan que redefine el papel de EE.UU. en el mundo, aleja compromisos con sus aliados y reaviva polémicas sobre inmigración y geopolítica

Una nueva doctrina con un viejo eslogan: “America First”

El reciente anuncio de la nueva Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, firmado por el Departamento de Defensa bajo el liderazgo del Secretario Pete Hegseth, reafirma la orientación ideológica del gobierno de Donald Trump: priorizar los **intereses nacionales concretos** sobre cualquier otro compromiso internacional.

El documento de 34 páginas, que reemplaza la guía establecida en 2022 bajo la administración de Joe Biden, propone un cambio radical de tono y enfoque, y no duda en reprochar a los aliados tradicionales de EE.UU., en Europa y Asia, por lo que considera una excesiva dependencia histórica de la defensa estadounidense.

La frase inicial del documento sienta las bases de su retórica: “Durante demasiado tiempo, el gobierno de EE.UU. ha descuidado —incluso rechazado— anteponer a los estadounidenses y sus intereses concretos”.

Aliados cuestionados: la fractura del vínculo transatlántico

Uno de los pilares más controvertidos de esta estrategia es la exigencia explícita a los aliados de la OTAN para que asuman mayores responsabilidades en su defensa. El Pentágono considera que países como Alemania, Francia e incluso Reino Unido están mejor posicionados que nunca para hacerse cargo de la defensa convencional en Europa.

Si bien el documento asegura que Estados Unidos seguirá cumpliendo un papel clave en la OTAN, también aclara que se está recalibrando la postura militar estadounidense en Europa para enfocarse en amenazas más cercanas al hemisferio occidental.

Este enfoque ha generado preocupación entre los socios europeos, especialmente en medio de la amenaza persistente de una Rusia más agresiva en el flanco oriental del continente. Los cambios en la presencia de tropas estadounidenses cerca de Ucrania, ya confirmados, han alimentado temores de una potencial reducción drástica del apoyo militar en la región.

Un mensaje claro para Asia: “No queremos dominarlos”

En contraste con la estrategia de Biden, que identificaba a China como el principal “desafío de sincronización estratégica”, la nueva política de Trump suaviza el tono hacia Beijing. La estrategia deja claro que EE.UU. no busca un cambio de régimen, ni humillar a China, sino evitar que domine a sus vecinos.

Este cambio de objetivo estratégico representa una reorientación clara de la retórica que durante muchos años se centró en la competencia hegemónica con China.

No obstante, el documento guarda silencio sobre el compromiso con Taiwán —una omisión significativa, ya que leyes estadounidenses obligan a proporcionar asistencia defensiva a la isla. Un punto que podría tener implicaciones geopolíticas serias si se materializa una agresión por parte de China.

El caso de Corea del Sur: ¿autonomía o aislamiento?

En otro cambio clave, la estrategia establece que Corea del Sur es ahora capaz de asumir por sí sola la disuasión frente a Corea del Norte, con un apoyo limitado pero “crítico” de EE.UU. Esto podría significar una reducción futura de tropas estadounidenses en la península coreana, una decisión que preocupa a los analistas de seguridad regional.

Asia-Pacífico, una región históricamente central para la geoestrategia estadounidense, parece desplazada del foco de atención directa, mientras se busca un nuevo equilibrio centrado en el hemisferio occidental.

El regreso al patio trasero: de la Doctrina Monroe al siglo XXI

Uno de los aspectos más polémicos del documento es su enfoque en América Latina y el hemisferio occidental. La estrategia promete defender con firmeza los intereses de EE.UU. en la región, refiriéndose explícitamente al Canal de Panamá y a Groenlandia como terrenos clave.

La mención de Groenlandia no es nueva. Trump ya había propuesto en su primer mandato la idea de adquirir formalmente el territorio a Dinamarca. Ahora, asegura haber alcanzado un “marco para un acuerdo futuro” con la OTAN para obtener “acceso total” a la isla. Sin embargo, funcionarios daneses niegan que hayan comenzado negociaciones formales.

En cuanto al Canal de Panamá, la estrategia sugiere que EE.UU. debería considerar recuperar el control si detecta que Panamá permite una influencia “excesiva” de China. Una afirmación que ha sido tachada de unilateral y revanchista por varios círculos diplomáticos latinoamericanos.

Operaciones encubiertas y cambio de régimen en Venezuela

Uno de los anuncios más sorprendentes en el nuevo plan de defensa es la validación oficial de la operación militar que derrocó recientemente a Nicolás Maduro en Venezuela, calificado como “narco-terrorista” por el Pentágono. Este hecho, prácticamente ignorado en medios oficiales internacionales, marca una escalada en la política intervencionista a pesar del discurso de no-intervención que sostiene Trump.

“Todos los narco-terroristas deben tomar nota”, concluye el segmento del documento, una advertencia clara que puede anticipar nuevas operaciones en la región contra actores no estatales y gobiernos considerados hostiles a EE.UU.

Una estrategia impregnada de política interna

A diferencia de sus predecesores, el documento presenta una carga ideológica inusual para un texto de planificación militar. Repite retóricas típicas de los discursos de Trump, como la crítica a gobiernos previos por “abandonar los intereses reales de los ciudadanos estadounidenses” y por “subvencionar la defensa de otros países olvidando la seguridad en casa”.

La estrategia no solo plantea una visión geopolítica, sino también una reinterpretación del rol de EE.UU. en el mundo centrada en lo económico, fronterizo y comercial.

Las implicaciones en la política migratoria: entre Guan Heng y Liam

Paralelamente al anuncio oficial, varios casos de inmigración han puesto en evidencia un endurecimiento alarmante en la ejecución de las leyes migratorias.

  • Guan Heng, un denunciante chino de abusos contra los derechos humanos que fue detenido por ICE tras haber expuesto la situación de los uigures en Xinjiang. Su proceso de asilo se encuentra pendiente, pero su futuro es incierto.
  • Liam Conejo Ramos, un niño ecuatoriano de cinco años, fue detenido junto a su padre en Minnesota. El menor fue presuntamente utilizado como "cebo" para atraer a sus padres, según denuncias de vecinos y la directora del distrito escolar. ICE ha negado estas acusaciones.

Guan representa el perfil de migrante con causas legítimas para huir de su país, mientras que Liam encarna el drama familiar y humano de una política que, para muchos, ha cruzado límites éticos.

Más allá de las cifras: el sistema de asilo bajo presión

Según datos recolectados por Mobile Pathways, en 2025 se ordenó la deportación de más de 170,000 solicitantes de asilo, lo que representa cerca de un tercio del total del medio millón de deportaciones ejecutadas ese año.

Además, el 31% de las solicitudes fueron abandonadas, un salto drástico frente al 11% entre 2010 y 2024. Este incremento está relacionado con el temor de ser arrestado directamente en la corte, una práctica que ha generado condiciones de aparente indefensión legal.

“Estamos viendo un sistema en el que el asilo casi ha dejado de existir”, afirma Vanessa Dojaquez-Torres de la American Immigration Lawyers Association.

¿Una redefinición del orden internacional?

La estrategia presenta un claro “pivot hemisférico”, otra forma de volver a la tradicional estrategia geopolítica estadounidense del Monroeismo renovado. Detrás hay un rechazo a compromisos globales y una reafirmación de que EE.UU. velará primero por sí mismo, incluso si eso significa romper con alianzas clave, debilitar tratados multilaterales o reorganizar equivalencias diplomáticas.

En palabras del documento: “Donde nuestros vecinos no hagan su parte, EE.UU. tomará medidas concretas y decisivas para avanzar nuestros intereses.”

¿Firmeza o aislamiento?

Las respuestas todavía están por verse, pero una cosa parece clara: la visión de defensa nacional del gobierno de Trump representa más que una reforma administrativa. Se trata de un repliegue estratégico con alto contenido político, nacionalista e incluso identitario.

¿Defensa de la soberanía o abandono de los compromisos globales? Para sus seguidores, se trata de recuperar el control. Para sus críticos, es un riesgo para el orden mundial forjado durante más de 70 años.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press