Siria, prisiones y pactos: ¿el regreso del régimen de Assad con bendición internacional?

Entre transferencias de prisioneros del Estado Islámico y retiros kurdos, se perfila un nuevo orden en el noreste sirio con implicaciones para EE. UU., Irak y el futuro del conflicto

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La guerra en Siria ha dejado múltiples capas de conflicto: luchas sectarias, intereses estratégicos regionales y globales, la expansión y caída del Estado Islámico (EI), y el ascenso de actores no estatales como las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF). Pero ahora, tras más de una década de violencia, algunos símbolos de la etapa más crítica del conflicto vuelven a aparecer: las cárceles controladas por el régimen.

El regreso del control estatal

El gobierno sirio, liderado por Bashar al-Assad, ha recuperado recientemente el control de la prisión de al-Aqtan, situada al norte de Raqqa. El mismo lugar que fue capital de facto del EI entre 2014 y 2017 ahora ve regresar la bandera del régimen. Según el Ministerio del Interior sirio, se han comenzado a revisar los archivos de los prisioneros detenidos en al-Aqtan, muchos de ellos vinculados a esa organización radical.

Apenas días antes, el régimen había hecho lo mismo en la cárcel de Shaddadeh, cercana a la frontera con Irak. Allí, 120 prisioneros escaparon durante el caos, aunque —según medios estatales— la mayoría ha sido recapturada.

¿Qué está cambiando en Siria?

La razón detrás de estos movimientos es un cambio de poder y alianzas en el terreno. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), lideradas por kurdos y anteriormente respaldadas por Estados Unidos, comenzaron una retirada ordenada de sus posiciones bajo un acuerdo con el nuevo gobierno interino sirio.

Un acuerdo firmado entre el presidente interino Ahmad al-Sharaa y el comandante de las SDF, Mazloum Abdi, ha permitido al régimen retomar posiciones en el noreste del país. Bajo este tratado, las SDF integrarán sus estructuras en los ministerios de Defensa e Interior del gobierno central, marcando una transición política y militar significativa.

El papel de Estados Unidos: ¿salida ordenada o abandono?

La postura de Washington también ha cambiado. Tom Barrack, enviado estadounidense, afirmó que el rol de las SDF como fuerza primaria anti-EI "ha caducado en gran medida". Dijo que el gobierno es ahora capaz de asumir las responsabilidades de seguridad y que EE. UU. no pretende prolongar el rol separado de las SDF.

Esto se traduce en una serie de medidas operativas: el traslado de prisioneros de más de una docena de centros bajo custodia kurda hacia instalaciones del régimen. Unas 9,000 personas, muchas de ellas combatientes del EI, están siendo reubicadas.

Irak también entra al juego

Además, Irak ha solicitado oficialmente recibir a algunos de estos prisioneros y Estados Unidos ha aceptado esta medida. Esto no solo soluciona un problema logístico grave —la supervisión de cárceles saturadas—, sino que podría tener implicancias políticas importantes en la región.

El gobierno sirio respaldó el acuerdo, calificándolo como un paso positivo para acelerar la reintegración y repatriación de detenidos. La visita oficial del mayor general Abdul-Qader Tahan al recién retomado complejo de al-Aqtan sirve como símbolo del "regreso del orden estatal" a una región que había sido administrada de facto por fuerzas no estatales durante años.

Más que cárceles: territorio e identidad política

Recuperar cárceles no es solo una acción logística o táctica: es una estrategia simbólica y funcional. La cárcel de al-Hol, donde se concentran decenas de miles de mujeres e hijos de combatientes del EI, también ha recaído en manos del gobierno en días recientes.

Este movimiento refleja un cambio en la geopolítica del conflicto sirio. La presencia kurda, que llegó a administrar grandes porciones del norte sirio, se retrae. En paralelo, el régimen capitaliza esta oportunidad —probablemente bajo presión tanto rusa como iraní— para consolidar su poder territorial.

¿Fin de una era kurda?

Desde la caída física del califato en marzo de 2019, cuando las SDF tomaron Baghuz, el último bastión del EI, el noreste de Siria fue administrado por una estructura autónoma kurda. Este experimento político alternativo fue observado con interés internacional, incluso como posible modelo de autonomía post-conflicto en Medio Oriente.

Sin embargo, los acontecimientos recientes muestran que este experimento podría estar llegando a su fin o mutando hacia otra forma. Con la integración de las SDF al aparato estatal sirio y la retirada simbólica del apoyo pleno estadounidense, el sueño de una autonomía kurda parece desvanecerse, al menos en el corto plazo.

Implicancias humanitarias

El regreso del régimen a zonas kurdas ha generado efectos en cadena. Miles de personas, principalmente kurdas, comenzaron a huir hacia la provincia de Hassakeh, generando preocupación entre organismos internacionales y ONGs. Según varios reportes, entre 700 y 800 combatientes de las SDF se retiraron de Raqqa hacia Kobani, aún bajo su control.

Una tregua de cuatro días fue anunciada, pero nadie asegura su sostenibilidad. Las fracturas étnico-políticas, la desconfianza y la memoria viva de crímenes de guerra pasados son una amenaza constante a cualquier proceso de paz territorial o de reconciliación.

El frente propagandístico y diplomático

Para el gobierno sirio, este proceso es también una victoria diplomática multimedia. La televisión estatal ha cubierto las visitas de altos mandos a las prisiones recuperadas. Se muestra un régimen funcional, reconstruido y capaz —una narrativa que Assad necesita para ganar legitimidad tras años de aislamiento internacional.

En paralelo, las SDF han intentado protegerse mediáticamente, informando que la retirada se hizo "con apoyo de la coalición liderada por EE. UU." e insistiendo en que era una transferencia estratégica, no una rendición.

¿El principio del fin para el EI?

Aunque militarmente derrotado, el Estado Islámico sigue marcado por su peligrosidad. La fuga de 120 prisioneros de Shaddadeh evidencia lo endeble de algunos centros de detención en zonas disputadas o en transición.

Y mientras EE. UU. lima gradualmente su presencia, muchos países enfrentan dilemas legales y políticos sobre qué hacer con sus ciudadanos capturados por afiliación con el EI. La mayoría de naciones europeas se niegan a repatriarlos, dejando ese problema a las autoridades kurdas y, ahora, al gobierno sirio.

La zona en 2024: ¿una Siria más unificada?

Todo indica que Siria se encamina hacia una recentralización del poder. El gobierno ha logrado, gracias a las fisuras internas de sus enemigos y una nueva postura estadounidense más pragmática, recuperar zonas con peso estratégico y simbólico. El respaldo ruso e iraní sigue siendo clave para esta estabilidad creciente.

Sin embargo, los desafíos son múltiples: desde la reconstrucción económica hasta la reconciliación nacional, pasando por el problema de los detenidos del EI y el retorno de refugiados. Un largo sendero aún aguarda por definir si este nuevo capítulo marcará la paz o solo una pausa antes de nuevas tempestades.

Fuentes consultadas: BBC Mundo, Reuters, Al Jazeera, Middle East Eye, Syria Direct.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press