Trump y la reinvención del orden mundial: el unilateralismo como herramienta de poder
Mientras aliados históricos alertan sobre la inestabilidad de su enfoque, Trump redefine la política exterior estadounidense con amenazas, caprichos y rupturas sin precedentes
Una nueva doctrina: "El arte del desacuerdo"
Donald Trump ha sido una figura disruptiva desde que irrumpió en la política. Sin embargo, lo que se presencia durante su segundo mandato (2024-2028) apunta más allá de la retórica provocadora: es una transformación profunda e intencionada del orden liberal internacional que Estados Unidos ayudó a establecer tras la Segunda Guerra Mundial. En su lugar, emerge un modelo basado en la imprevisibilidad, las negociaciones bilaterales coaccionadas y un culto al poder personal que, según críticos, debilita los pilares tradicionales sobre los que se ha sostenido la política exterior occidental.
El caso Carney: entre la diplomacia y el castigo personal
En plena celebración del Foro Económico Mundial en Davos, el presidente Trump retiró la invitación al primer ministro canadiense Mark Carney para unirse a su polémica Junta de Paz. El motivo: declaraciones de Carney que promovían la cooperación multilateral de "potencias medias" frente al ascenso de liderazgos autoritarios. "Si no estás en la mesa, estás en el menú", advirtió Carney con crudeza.
Trump lo tomó como una ofensa personal. "Canadá vive gracias a Estados Unidos", declaró, sentenciando con desdén diplomático una ruptura momentánea en una de las relaciones más estables del Occidente moderno. Esto ilustra un patrón creciente: líderes que contradicen o desafían a Trump reciben sanciones, aislamiento o ataques verbales públicos.
Tarifas como castigo, no como política económica
Durante la misma conferencia en Davos, el mandatario advirtió con imponer aranceles a Suiza simplemente porque su presidente "me cayó mal por teléfono". A pesar de que posteriormente los redujo, el mensaje fue claro: las políticas económicas estadounidenses pueden estar condicionadas al humor del presidente.
A este comportamiento se sumó una presión explícita a Dinamarca para que cediera el control de Groenlandia. "Di que sí y estaremos muy agradecidos. O puedes decir que no, y lo recordaremos", dijo, una frase que alarmó a otros miembros de la OTAN por el tono chantajista y autocrático.
Murkowski y el nuevo orden: desconcierto entre los aliados tradicionales
La senadora republicana Lisa Murkowski describió el sentimiento dominante en Davos como uno de "confusión" ante la falta de una brújula clara en la diplomacia estadounidense. "Lo que solía ser un aliado confiable ahora puede atacarte con tarifas si el presidente tuvo una mala llamada contigo", lamentó. Su testimonio representa la creciente inquietud de países que, tradicionalmente, confiaban en una política exterior coherente, basada en reglas predecibles.
Un estilo maximalista: Trump y el enfoque sin frenos
El exasesor presidencial Steve Bannon lo explicó sin tapujos: Trump ejecuta una “estrategia maximalista” que avanza sin cesar “hasta que alguien ponga resistencia”. Y según él, esa resistencia aún no ha aparecido en Washington. Con el Congreso dominado por republicanos, pocos límites institucionales enfrentan sus decisiones.
El lema “Yo solo puedo arreglar esto”, con el que Trump se presentó en 2016, ha evolucionado hacia una práctica real de concentración del poder decisorio, especialmente en la arena internacional.
Replantear alianzas: ¿una oportunidad para China?
Las tensiones con aliados occidentales han coincidido con un aparente fortalecimiento del rol internacional de China. Mark Carney, en busca de alternativas a la presión estadounidense, viajó a Pekín para dialogar con el presidente Xi Jinping, sembrando dudas sobre el futuro de las alianzas transatlánticas.
Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional bajo la administración de Joe Biden, advirtió que Beijing ve con buenos ojos el caos diplomático norteamericano. “Un presidente estadounidense peleando con aliados, insultando líderes mundiales y actuando erráticamente... Para ellos, eso solo puede jugar a su favor”, escribió Sullivan en un correo recientemente filtrado.
Amenazas a la OTAN y la memoria del 11S
En declaraciones a Fox Business Network, Trump desestimó las contribuciones de países aliados en la guerra de Afganistán. Negó que estuvieran en primera línea de combate, olvidando que, por ejemplo, 457 soldados británicos murieron en esa guerra. El primer ministro británico Keir Starmer reaccionó calificando los comentarios como “insultantes y francamente atroces”.
Dinamarca, cuyo rol fue destacado por tener la tasa de mortalidad per cápita más alta de todos los aliados en Afganistán, también fue objeto de desprecio. Según Trump, era un país “desagradecido por la protección estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial”.
¿Un nuevo tipo de orden mundial?
El modelo estadounidense de relaciones internacionales basado en reglas, diplomacia y alianzas multilaterales está siendo sustituido, de facto, por lo que algunos definen como diplomacia transaccional personalista. El poder se ejerce desde lo emocional, lo inmediato y, en múltiples ocasiones, lo imprevisible.
“El poder de la legitimidad, la integridad y las reglas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos”, decía Carney. Pero, en contraste, el modelo Trump se apoya en el control unilateral, en la bilateralidad coaccionada y en la exaltación de una figura presidencial que no reconoce normas tradicionales.
Esta ruptura cultural con el orden establecido no es trivial. Desde la formación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hasta la expansión de instituciones como la OTAN y los acuerdos de Bretton Woods, el mundo ha funcionado sobre la premisa de que los países medianos y pequeños también tienen voz. Trump invierte esta lógica: sólo los poderosos deciden, y dentro de los poderosos, solo uno manda: él.
¿Quién lidera el mundo ahora?
El creciente rechazo a la visión globalista clásica —alimentado por años de desigualdad, crisis económicas y desafección política— ha abierto la puerta a líderes autoritarios o neoautoritarios que mercadean con la soberanía como moneda política. Trump es uno de ellos, y quizás el más influyente. Su rediseño del papel de Estados Unidos en el mundo plantea preguntas profundas:
- ¿Quién será el árbitro de conflictos globales si Estados Unidos se retira de los foros multilaterales?
- ¿Qué modelo seguirán las democracias medianas ante la pérdida de un faro político coherente?
- ¿Estamos entrando en una nueva era de “feudalismo diplomático”, donde reina la lealtad directa al líder más que al sistema?
Lo único claro es que lo que antes era un sistema basado en normas colectivas ahora gira, peligrosamente, en torno al carácter arbitrario de una sola figura. En palabras de uno de sus adversarios políticos: “Las democracias son fuertes cuando las reglas importan más que los rostros. Pero hoy, vivimos bajo el riesgo de que todo dependa de una llamada telefónica con el presidente estadounidense”.