Adiós a los pandas: Japón pierde a sus íconos peludos y la diplomacia sufre un golpe

Con la partida de Xiao Xiao y Lei Lei, Japón se queda sin pandas por primera vez en 50 años. ¿Qué significa esto para la política bilateral con China y para los fanáticos de este animal emblemático?

Un adiós con lágrimas y cámaras

Miles de japoneses se congregaron en el zoológico de Ueno, en Tokio, para despedirse por última vez de Xiao Xiao y Lei Lei, los gemelos de panda nacidos en 2021 que regresan a China. Su partida marca un hito doloroso: por primera vez en más de medio siglo, Japón se queda sin ningún panda en su territorio.

Equipados con peluches, cámaras y ojos llorosos, los visitantes expresaron su cariño en sesiones de observación de apenas un minuto. “No puedo creer que se vayan”, decía una mujer mientras su hijo agitaba una bandera con dibujos de los pandas. Aunque breve, cada encuentro estuvo lleno de emoción y flashes fotográficos.

Una pasión que trasciende generaciones

Para algunos fanáticos, como Takahiro Takauji, desarrollador web, los pandas son más que simples animales: son parte de la familia. Durante 15 años acudió religiosamente al zoológico Ueno, tomando más de 10 millones de fotos de los pandas y publicándolas en su blog “Pandas cada día”. Su conexión con Xiao Xiao y Lei Lei es tan profunda que los considera “como mis propios hijos”.

Los pandas y la diplomacia: una relación frágil

La historia de los pandas en Japón comenzó en 1972, cuando China regaló a Kang Kang y Lan Lan tras la normalización de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Eran tiempos de esperanza y apertura, y los pandas simbolizaban esa nueva era.

Desde entonces, un total de 12 pandas han residido en Japón, sirviendo como embajadores no oficiales de buena voluntad. Sin embargo, todas estas adorables criaturas pertenecen legalmente a China, incluso si nacen en territorio nipón, y su presencia no está exenta de tensiones geopolíticas.

La medida de devolver a los gemelos genera incertidumbre sobre si habrá nuevos pandas en el futuro cercano. Según el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun, “los amigos japoneses son bienvenidos a visitar los pandas en China”, pero no hizo promesas de enviar nuevos ejemplares a Japón.

Relaciones bilaterales en punto crítico

La partida de Xiao Xiao y Lei Lei ocurre en un momento en que las relaciones entre Tokio y Pekín se encuentran en uno de sus puntos más bajos en décadas. Declaraciones recientes de la Primera Ministra japonesa, Sanae Takaichi, respecto a una posible intervención japonesa si China actúa contra Taiwán, han exacerbado las tensiones.

Estas fricciones también se reflejan en aspectos aparentemente menores pero simbólicamente importantes. La consulado japonés en Chongqing sigue sin reemplazo desde hace más de un mes porque China no ha aprobado un nuevo representante, una señal clara del hielo diplomático vigente.

La diplomacia del panda: una táctica bien calculada

China ha sabido usar a los pandas como una forma de soft power desde hace casi medio siglo. Desde los años 80, el país ha cambiado el modelo de “regalo” por un sistema de préstamo, en el cual los zoológicos extranjeros pagan jugosas tarifas anuales para tener pandas, fondos que supuestamente se destinan a conservación y ciencia.

Una pareja de pandas puede costar hasta un millón de dólares por año de mantenimiento bajo estos acuerdos. Este modelo resalta cómo la diplomacia del oso panda no es sólo afectiva, sino también estratégica y económica.

Por ejemplo, en 2011, un plan para enviar un panda a la ciudad japonesa de Sendai como gesto de apoyo tras el terremoto y tsunami quedó cancelado tras un aumento de tensiones por disputas territoriales en 2012.

La economía y la cultura del panda en Japón

En Ueno, la figura del panda está por todas partes. Desde pasteles hasta lápices, desde mochilas hasta tazas: los pandas representan cerca de 20 mil millones de yenes (unos 128 millones de dólares) al año solo en Tokio, según cálculos del profesor Katsuhiro Miyamoto, de la Universidad de Kansai.

“Si esta situación continúa por varios años, el impacto económico negativo podría alcanzar decenas de miles de millones de yenes”, advirtió el académico. Para el gerente de una tienda de recuerdos en Ueno, Asao Ezure, “los pandas son una estrella. No dejaremos de mostrar sus imágenes en nuestras señales. Creemos que volverán”.

Una relación que va más allá de la política

Los pandas son un símbolo profundamente arraigado en la sociedad japonesa, quizás por su aspecto tierno y comportamiento juguetón, o tal vez por la sensación de conexión emocional que generan. Según múltiples encuestas realizadas en Japón en años anteriores, más del 70% de los japoneses ven a los pandas como patrimonio compartido de la humanidad.

Esto hace que su presencia —y ausencia— tenga implicaciones que van más allá de lo político o económico. Para los niños que los dibujan en la escuela y para los jubilados que hacen fila desde horas antes de la apertura del zoológico, Xiao Xiao y Lei Lei no son simples osos: son parte del tejido emocional de su país.

¿El fin de una era?

La despedida de estos pandas marca el cierre de un capítulo. Pero también abre interrogantes: ¿volverán los pandas a Japón? ¿Podrá Beijing dejar de lado sus diferencias con Tokio por el bien de la conservación y la diplomacia cultural? ¿O estamos presenciando el fin de la diplomacia panda como la conocimos?

En palabras de Takahiro Takauji, el fotógrafo devoto de pandas: “Yo nunca imaginé que llegaría el día en que no habría pandas en Japón”. Un sentimiento que comparten millones, y que permanece en el aire de un Tokio que, por primera vez en 50 años, deberá acostumbrarse al silencio en el área del panda.

Tal vez el rugido de la política esté venciendo al suave bamboleo del panda.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press