Alex Honnold pone el mundo patas arriba: el escalador que desafió a la muerte subiendo el Taipei 101 sin cuerdas

El escalador estadounidense realizó una hazaña histórica al escalar el rascacielos más emblemático de Taiwán sin protección, generando asombro pero también un intenso debate ético

Un espectáculo sin cuerda a 508 metros de altura

El domingo 25 de enero de 2026, el mundo de la escalada, la adrenalina y el espectáculo vivió un momento inédito: Alex Honnold, el famoso escalador que se dio a conocer globalmente tras su escalada libre en El Capitán, en el Parque Nacional de Yosemite, conquistó una de las estructuras más emblemáticas del mundo: el Taipei 101, uno de los rascacielos más altos del planeta con 508 metros de altura, sin usar cuerdas de seguridad ni protección alguna.

La escalada fue transmitida en vivo por Netflix, con un retraso de diez segundos por medidas de seguridad. En aproximadamente 90 minutos, Honnold subió desde la base hasta la cima de la antena del edificio, saludando al público con los brazos en alto mientras una multitud celebraba eufórica desde la calle.

¿Por qué el Taipei 101?

El Taipei 101 fue, durante varios años, el edificio más alto del mundo, superado después por infraestructuras como el Burj Khalifa en Dubái. Con su arquitectura inspirada en el bambú y sus características "cajas escalonadas", es también uno de los más complejos desde el punto de vista estructural.

La torre tiene 101 pisos sobre nivel del suelo divididos en segmentos de ocho pisos, cada uno con estructuras que sobresalen en ángulos que simulan nudos de bambú. Estas secciones representan un gran reto incluso para escaladores experimentados. Como explicó Honnold:

"La parte más difícil fueron los 64 pisos del medio. Claro, al principio parece sencillo porque hay salientes, pero los techos voladizos y las esquinas inclinadas realmente son una locura. No era sólo fuerza física, esto fue concentración y fe total en cada movimiento."

La escalada libre: una práctica controversial

La proeza de Alex Honnold resalta nuevamente el debate sobre la ética del free solo, una modalidad de escalada sin cuerda en la que el más mínimo error puede significar la muerte. Aunque este tipo de escalada ha existido desde hace décadas, fue con el documental Free Solo (2018), que ganó el Óscar a Mejor Documental de Largometraje, cuando se catapultó al mainstream.

El Taipei 101 ya había sido escalado anteriormente de manera legal y con permiso, por el francés Alain Robert, conocido como el "Spiderman humano", en 2004 durante la inauguración del edificio. Pero él utilizó equipo de seguridad y no lo hizo en retransmisión global.

En este caso, el hecho de que Honnold lo hiciera sin cuerdas y en vivo por streaming revivió los viejos dilemas éticos. ¿Deberíamos romantizar o celebrar actos que podrían terminar en tragedia frente a millones de espectadores?

Reacciones divididas en el mundo del deporte y la televisión

La audiencia fue millonaria. Según datos preliminares, más de 12 millones de personas en todo el mundo sintonizaron el evento en línea y por televisión. En redes sociales, hashtags como #HonnoldLive y #Taipei101Climb llegaron a ser tendencia global.

No faltaron las celebridades que celebraron la hazaña. El director Jimmy Chin, quien documentó la ascensión de Honnold en Yosemite, escribió en Instagram:

"Otra vez este hombre redefine los límites del ser humano. Increíble. Impecable. Inmortal."

Por otro lado, varios expertos en psicología deportiva y ética criticaron la decisión de transmitir en vivo una actividad tan peligrosa. La psicóloga suiza Elena Gross, especializada en deportes de riesgo, declaró al diario Neue Zürcher Zeitung:

"Transmitir esto en vivo crea una presión adicional invisible. Aunque Honnold tenga los nervios de acero, otros pueden intentar imitarlo sin preparación ni habilidades, lo que sería desastroso."

¿Es entretenimiento o es arte?

La escalada libre ha sido definida por diversos analistas más como una expresión artística extrema que como un simple deporte. No se trata solo del músculo o la resistencia, sino del control emocional, la coreografía mental y física, y la audacia de vivir al límite controlando cada variable del cuerpo y el entorno.

Honnold, en entrevistas previas y en su libro Alone on the Wall, ha dejado claro que no escala para impresionar, ni siquiera para demostrar valentía. Lo hace por la belleza del movimiento y la búsqueda de la perfección.

"Cada escalada libre es una sinfonía. Si me equivoco, el silencio es total. No hay una segunda oportunidad" – escribió en un ensayo publicado en The Atlantic.

¿Qué sigue para Honnold y el free solo?

Tras Taipei, los rumores ya se han desatado. Algunos medios especulan que podría intentar otros rascacielos icónicos como la Torre Shanghai o incluso estructuras naturales nunca escaladas sin cuerda. Sin embargo, las autoridades de Taiwán han enviado señales mixtas frente al evento.

Mientras que el alcalde de Taipéi celebró la actuación como un "gesto de hermanamiento entre culturas de montaña", expertos del Consejo de Seguridad advirtieron que, aunque se le concedió permiso para esta proeza, no se repetiría fácilmente.

En una conferencia de prensa breve, Honnold fue certero al responder cuándo dejaría estas actividades:

“Cuando mi mente ya no esté sincronizada con mi cuerpo. Todo lo que yo escalo es porque en ese momento sé, con plena certeza, que puedo hacerlo. Nada de esto es improvisado.”

Netflix y la nueva era de los espectáculos extremos

La plataforma Netflix no dejó pasar la oportunidad de marcar historia. En colaboración con productores de eventos deportivos y de aventura, incluyó el espectáculo bajo su nueva serie documental “Skyscraper Live” (Rascacielos en Vivo), que combinará eventos de deporte extremo en ubicaciones monumentales con narración cinematográfica.

De fondo, también está el reto empresarial. En tiempos donde los deportes tradicionales compiten por atención con TikToks virales y contenido inmediato, este tipo de eventos puede ofrecer a empresas de entretenimiento un nuevo género: el deporte extremo narrativo y visual.

Todo esto plantea preguntas inevitables: ¿dónde están los límites del espectáculo en vivo? ¿Está el público dispuesto a ver potenciales tragedias disfrazadas de entretenimiento? ¿Acaso el espectáculo ha suplantado el respeto por la vida humana?

Una hazaña que marcará una generación

Más allá de los debates, hay una certeza: lo que Alex Honnold hizo sobre la piel de acero y cristal del Taipei 101 quedará grabado en libros de historia, en videotecas digitales y en el imaginario cultural del siglo XXI. Fue una hazaña casi imposible, un poema vertical escrito con los dedos, el sudor y la fe inquebrantable de uno de los humanos más intrépidos de nuestro tiempo.

Como él mismo dijo al finalizar la escalada:

“No se trata de escapar de la muerte. Se trata de correr hacia la vida. Y este fue un buen día para vivir al 100%.”
Este artículo fue redactado con información de Associated Press