Las elecciones de Myanmar: una farsa electoral que consolida el poder militar
Una mirada crítica al proceso electoral en Myanmar que institucionaliza el control autoritario y deja a la democracia en ruinas
Myanmar vive una de las etapas más oscuras de su historia política reciente. Las elecciones generales, celebradas en tres fases entre diciembre de 2025 y enero de 2026, han sido calificadas por críticos y observadores internacionales como un simple montaje para consolidar el poder del régimen militar instaurado tras el golpe de Estado de febrero de 2021.
Un proceso electoral marcado por la represión
El proceso electoral de 2025-2026 en Myanmar ha sido ampliamente criticado tanto por actores internos como externos. La Junta Militar, bajo el liderazgo del general Min Aung Hlaing, ha orquestado estas elecciones con el fin de legitimar su permanencia en el poder, tras derrocar al gobierno elegido democráticamente de Aung San Suu Kyi.
Desde el inicio, las condiciones para una elección libre y justa brillaron por su ausencia. Miles de candidatos opositores no pudieron competir, partidos políticos fueron disueltos —incluida la Liga Nacional para la Democracia (NDL) de Suu Kyi— y las restricciones a la libertad de expresión se endurecieron con una nueva Ley de Protección Electoral que criminaliza cualquier crítica hacia el proceso electoral.
Una elección bajo fuego y censura
Violencia, represión y censura caracterizaron estas elecciones. Más de un quinto de los municipios del país no pudo celebrar votaciones debido a la intensa resistencia armada contra el régimen. En otros lugares, grupos insurgentes sabotearon centros de votación y atacaron edificios gubernamentales, en un claro rechazo a un proceso que consideran ilegítimo.
La junta respondió endureciendo aún más su control: más de 400 personas fueron arrestadas por repartir folletos o publicar críticas en redes sociales.
Min Aung Hlaing: camino libre hacia la presidencia
El general Min Aung Hlaing, quien lideró el golpe de Estado en 2021, es ampliamente esperado como el próximo presidente del país. Los resultados de las dos primeras rondas electorales ya le allanan el camino.
Los números hablan por sí solos. Según datos de la Comisión Electoral de la Unión, el partido respaldado por los militares, el Partido de Solidaridad y Desarrollo de la Unión (USDP), ganó 233 escaños en el Parlamento. Sumado a los 166 asientos reservados por ley a las Fuerzas Armadas, el régimen mantiene una mayoría de casi 400 escaños en la legislatura bicameral (de un total de 664), superando holgadamente los 294 necesarios para formar gobierno.
Una vez instaurado este Parlamento, será el encargado de elegir al presidente. Como es tradición en Myanmar bajo gobierno militar, el presidente selecciona a su vez al gabinete ministerial y conforma el nuevo gobierno.
Aung San Suu Kyi: silenciada, pero no olvidada
A sus 80 años, Aung San Suu Kyi —Premio Nobel de la Paz en 1991— continúa siendo un símbolo de la resistencia democrática birmana. Actualmente cumple una condena de 27 años de prisión por cargos considerados por la comunidad internacional como falsos y motivados políticamente.
Su partido, la Liga Nacional para la Democracia (NDL), fue disuelto en marzo de 2023 luego de negarse a inscribirse bajo las nuevas normas restrictivas impuestas por la junta. Pese al encarcelamiento de sus líderes y la persecución a sus militantes, el NDL continúa siendo un referente opositor desde la clandestinidad.
Una “elección” sin observadores democráticos
El aislamiento internacional del régimen birmano es cada vez más evidente. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), a la que Myanmar pertenece, decidió no enviar observadores ni reconocer los resultados del proceso. Su decisión rompe con la tradición de no intervención en los asuntos internos de sus miembros y marca un punto de inflexión en la postura diplomática del bloque frente al régimen militar.
Entre los países que sí han enviado observadores destacan Rusia, China, Bielorrusia, Nicaragua, Vietnam y Camboya. Excepto por India y Japón, la mayoría son naciones con gobiernos autoritarios, lo que ha generado escepticismo acerca de la objetividad de su participación en el proceso electoral.
Estadísticas bajo sospecha
Según fuentes oficiales, participaron en estas elecciones más de 4.800 candidatos pertenecientes a 57 partidos políticos, aunque solamente seis de ellos compitieron a nivel nacional.
Se informó que originalmente había 24 millones de votantes habilitados, lo que representa una caída del 35% respecto a las elecciones de 2020. El régimen reportó una supuesta participación electoral de entre 50% y 60% en las primeras dos fases. Sin embargo, estos datos han sido altamente cuestionados debido a la falta de transparencia y el control absoluto de la información por parte del gobierno militar.
Elecciones en medio de una guerra civil
Desde el golpe de Estado de 2021, Myanmar se encuentra inmerso en una cruenta guerra civil. Grupos armados étnicos y militantes de la llamada Fuerza de Defensa del Pueblo (PDF) han multiplicado sus ataques contra el ejército, que responde de forma brutal.
La ONU calcula que más de 2,6 millones de personas han sido desplazadas internamente como resultado de este conflicto. Además, se han documentado más de 4.000 ejecuciones extrajudiciales y 20.000 arrestos arbitrarios desde el inicio de la represión militar (fuente: Human Rights Watch y Amnistía Internacional).
En este contexto, las elecciones representaron un nuevo episodio de la estrategia del régimen para perpetuarse en el poder, ignorando el sufrimiento de una sociedad que clama por libertad y justicia.
Resistencia popular y boicot electoral
Organizaciones opositoras y sociedad civil dentro y fuera del país llamaron masivamente a boicotear los comicios. Se denunciaron amenazas, persecución, prisión y torturas por parte del ejército a quienes se pronunciaran públicamente en contra del proceso o promovieran el boicot.
A pesar del miedo, numerosos ciudadanos burlarían los controles para manifestarse, a menudo en secreto, utilizando velas, flores y cacerolas como símbolos de resistencia.
¿Qué futuro le espera a Myanmar?
Con el USDP y Min Aung Hlaing proyectados al poder otra vez, y sin ninguna oposición significativa en el Parlamento, el porvenir político de Myanmar es sombrío. El país corre el riesgo de convertirse en un estado paria, dependiente de potencias autoritarias como China y Rusia, y con escasa esperanza de mediar en las reformas democráticas a corto plazo.
El reto para la comunidad internacional será doble: presionar económicamente al régimen sin afectar más a la población empobrecida, y ofrecer asilo, apoyo y visibilidad a los movimientos democráticos internos.
Tal como declaró Mohamad Hasan, ministro de Exteriores de Malasia: “Esta elección no puede ser reconocida ni legitimada mientras continúe la exclusión sistemática de la oposición y se mantenga la represión brutal contra el pueblo birmano.”
Una llamada urgente a la solidaridad global
La situación en Myanmar no puede pasar desapercibida. La democracia en el país ha sido secuestrada, y el proceso electoral solo ha servido para reforzar las cadenas de un autoritarismo cada vez más violento.
Es preciso que gobiernos democráticos, organizaciones no gubernamentales, organismos multilaterales y la ciudadanía alrededor del mundo eleven su voz y se comprometan con la causa del pueblo birmano. Las elecciones de Myanmar no han sido una celebración de la democracia, sino su funeral encubierto.
¿Qué hará ahora el mundo? La historia está mirando.
