Siria al borde de una nueva guerra interna: ¿el fin del experimento kurdo?

El colapso de la tregua entre el gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias plantea un futuro incierto para la región nororiental del país

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Por décadas, Siria ha sido sinónimo de conflicto prolongado y transformaciones territoriales complejas. Entre estas transformaciones, el experimento autónomo kurdo en el noreste del país se destacó como una rareza relativamente estable en medio del caos. Sin embargo, la reciente ruptura de una tregua de cuatro días entre el gobierno central y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) reaviva las alarmas de una nueva espiral de violencia que puede sepultar años de autonomía kurda.

¿Qué está en juego en el noreste de Siria?

La región nororiental de Siria, rica en petróleo y con una fuerte presencia étnica kurda, fue durante años un bastión autónomo controlado por la administración kurda respaldada por Estados Unidos. Desde la lucha contra el Estado Islámico (EI), las FDS—una coalición liderada por los kurdos pero en la que también participan árabes y cristianos—tomaron el control de zonas clave como Raqqa, Deir ez-Zor y Hasaka, tras expulsar a los yihadistas con la ayuda de la coalición internacional.

Con el colapso del llamado Califato del EI a finales de 2019, el futuro de las zonas liberadas quedó en entredicho: ¿mantendrían su autonomía o serían reabsorbidas por el gobierno central en Damasco?

Una tregua frágil y una tensión constante

La tregua más reciente, que duró apenas cuatro días, nació como resultado de una versión renovada del acuerdo firmado en marzo de 2025. Dicho pacto proponía la incorporación paulatina de los combatientes de las FDS a las fuerzas armadas sirias, así como la transferencia de la administración del territorio al gobierno interino.

Sin embargo, las conversaciones iniciadas en enero no lograron avances significativos, y pronto resurgieron los enfrentamientos. Según el medio oficialista sirio SANA, el Estado sirio está "evaluando sus opciones" tras haber reforzado su presencia militar con tropas y logística en áreas estratégicas al noreste del país.

Por su parte, las FDS denuncian esta movilización como un intento claro de reanudar la ofensiva militar y eliminar de raíz su autonomía. "Observamos movimientos militares y acciones logísticas que indican una intención de escalar y empujar a la región hacia una nueva confrontación", dijo la dirigencia de las FDS en un comunicado oficial.

¿Qué rol juega Estados Unidos?

Estados Unidos ha sido el principal respaldo militar y político de las FDS desde la era Obama. Aunque las administraciones de Trump y Biden mostraron señales de distanciamiento, el Pentágono conserva presencia militar en la región con unos 900 soldados desplegados para operaciones de apoyo y supervisión contra el remanente del EI.

Recientemente, Washington anunció la transferencia de 7,000 prisioneros del EI desde prisiones controladas por las FDS hacia centros de detención en Irak, lo cual revela una estrategia de desescalada selectiva pero también el temor de que la infraestructura penitenciaria kurda sea tomada por el régimen.

El portavoz del Comando Central de EE.UU., mayor John Moore, afirmó: “Nuestra prioridad es evitar que estas prisiones caigan en manos incorrectas. Estamos trabajando con socios iraquíes para garantizar traslados seguros y legales”.

La batalla por las cárceles: ¿quién controla a los prisioneros del EI?

Uno de los puntos más críticos de las hostilidades recientes ha sido el control de las cárceles donde se encuentran miles de miembros del Estado Islámico. Estas prisiones, gestionadas por las FDS, albergan alrededor de 9,000 combatientes y simpatizantes del EI.

El viernes pasado, las fuerzas gubernamentales tomaron control de dos instalaciones carcelarias, incluyendo la prisión de al-Aqtan en las afueras de Raqqa. Durante la incursión, 126 adolescentes menores de 18 años fueron liberados por las autoridades sirias y entregados a sus familias, según la televisión estatal. El trasfondo, sin embargo, sugiere un operativo político-militar más profundo para fracturar la base de control kurda.

¿Qué quiere realmente el gobierno de Bashar al-Ásad?

Desde la consolidación del poder de Bashar al-Ásad en las zonas occidentales del país gracias al apoyo directo de Rusia e Irán, el régimen ha puesto su mirada en recuperar las regiones del noreste.

Pero lo complejo del asunto radica en las lealtades frágiles, el legado de lucha contra el terrorismo y un sistema político kurdo que, a pesar de carecer de reconocimiento internacional, ha demostrado funcionar con cierto grado de eficiencia.

Según datos del Instituto de Estudios para la Guerra (ISW), la región administrada por los kurdos provee el 70% de la producción petrolera de Siria. Para el régimen, reabsorber este territorio no sólo representaría una victoria simbólica, sino también una ganancia económica vital en medio de una crisis generalizada.

Kurdistán Sirio: un experimento que se tambalea

La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), más comúnmente conocida como Rojava, ha sido un caso sui generis en el contexto sirio. Inspirado por una mezcla de confederalismo democrático, ecofeminismo y estructuras horizontales de poder, el modelo administrativo kurdo ha desafiado tanto al régimen como a ideologías extremistas.

En palabras del académico David Graeber, quien visitó Rojava en 2015, “lo que está ocurriendo en el norte de Siria podría ser uno de los experimentos democráticos más radicales del siglo XXI.”

Sin embargo, la presión militar del régimen, la oposición de Turquía a cualquier autonomía kurda cerca de sus fronteras y los juegos geopolíticos de potencias como Rusia amenazan con desmantelar esta utopía en construcción.

¿Se avecina una nueva fase de guerra civil?

Mientras el mundo observa atentos la evolución del conflicto en Ucrania, Gaza o Taiwán, Siria regresa al radar con un nuevo capítulo caótico. La posibilidad de un enfrentamiento abierto entre las FDS y el gobierno de al-Ásad reabre heridas aún no cicatrizadas tras 13 años de guerra civil.

La dirigente kurda Ilham Ahmad ha expresado en múltiples foros internacionales su preocupación: “El régimen no ha cambiado. No busca diálogo verdadero ni una solución pacífica. Quiere borrar nuestra existencia.”

Una vez más, la comunidad internacional parece dividida: Estados Unidos respalda tácticamente a las FDS, Rusia llama al retorno de la ‘integridad territorial siria’ a toda costa, e Irán juega un rol ambivalente. Europa, por su parte, mantiene una diplomacia de bajo perfil centrada más en evitar nuevas olas migratorias que en influir en la situación interna.

El futuro pende de un hilo

Con sistemas penitenciarios bajo amenaza, ejército movilizado, población civil desplazada y acuerdos rotos, el noreste de Siria podría convertirse pronto en el nuevo epicentro del conflicto sirio. La pregunta clave ahora es si la presión internacional—especialmente de Estados Unidos—logrará contener la escalada o si el silencio y la inacción abrirán paso a una nueva fase bélica que podría disolver los logros obtenidos por los kurdos en la última década.

¿Estamos ante el final de Rojava como entidad autónoma? ¿O será esta crisis el catalizador que transforme un modelo local en una causa internacional más visible?

La región grita por atención, por diplomacia y por respeto a sus aspiraciones legítimas. Ignorarla no reducirá el caos; al contrario, lo multiplicará.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press