¿Está rompiéndose el eje Trump-Europa ultraderechista? El caso Groenlandia que agitó la alianza

El intento de Trump de controlar Groenlandia expone fisuras ideológicas entre el movimiento MAGA y sus viejos aliados de la ultraderecha europea

Por años, Donald Trump fue la figura emblemática de la derecha populista global. Su presidencia no solo redefinió el conservadurismo estadounidense, sino que sirvió de faro para partidos emergentes de ultraderecha en Europa. Bajo banderas como "Make Europe Great Again" (MEGA), estos grupos vieron en Trump un aliado natural. Pero el reciente episodio sobre Groenlandia podría marcar el inicio de un cisma profundo en este eje transatlántico.

Groenlandia: ¿qué hizo Trump esta vez?

Durante el último año, el expresidente Donald Trump volvió a sorprender al proponer la adquisición de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca. Aunque en 2019 ya había surgido la idea, el nuevo esfuerzo fue acompañado esta vez de amenazas comerciales a Dinamarca y la Unión Europea, lo que desencadenó un inesperado enfrentamiento diplomático.

El enfoque de Trump ha sido interpretado por líderes europeos como una amenaza directa a la soberanía de un estado miembro. Nigel Farage, líder del partido británico Reform UK y uno de los pocos aliados incondicionales de Trump en Europa, calificó la acción como "un acto hostil".

Reacciones desde la derecha europea: unidad resquebrajada

Los principales partidos de ultraderecha en Europa se han pronunciado en contra del plan de Trump con Groenlandia.

  • Jordan Bardella, presidente del partido francés Rassemblement National, acusó a Trump de "chantaje comercial" y alertó: “Nuestra sumisión sería un error histórico”.
  • Giorgia Meloni, primera ministra de Italia y cercana a Trump ideológicamente, también desaprobó el plan, declarando que lo había conversado con él directamente y que lo consideraba "un error".
  • Andrej Babiš, primer ministro checo, expresó preocupación por el deterioro de las relaciones UE-EEUU, aunque sin criticar directamente a Trump.

Una relación anteriormente férrea

La admiración de los partidos europeos por Trump ha sido evidente desde 2016. En 2023, figuras de la ultraderecha europea, desde Santiago Abascal de Vox en España hasta Alice Weidel de Alternativa por Alemania (AfD), participaron en cumbres y encuentros bajo la consigna de replicar el modelo MAGA en Europa. Elon Musk incluso financió contenidos y amplificó voces cercanas a estas ideologías en X (antes Twitter).

El éxito de estos movimientos no ha sido menor. Según el Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad, los partidos de ultraderecha alcanzaron un 26% del Parlamento Europeo tras las elecciones de 2024, reflejando un giro ideológico notable en el continente.

Intervencionismo vs. soberanía: nuevas líneas de fractura

Más allá de Groenlandia, lo que emerge como telón de fondo es un choque sobre política exterior: mientras Trump actúa con una lógica de intervención unilateral, muchos de sus exaliados promueven una ideología soberanista estricta.

Bardella lo ilustró exponiendo la contradicción: "No podemos defender la repatriación de competencias a nivel nacional y, al mismo tiempo, legitimar la injerencia de EEUU en Venezuela o Groenlandia". La misma lógica se aplicó en la crítica a los intentos de Trump por derrocar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, calificado por líderes como Meloni o Marine Le Pen como "una intervención guiada por intereses petroleros."

Viktor Orbán: la excepción que confirma la regla

Si hay una figura de la ultraderecha europea que se mantiene leal, ese es el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Para Orbán, Trump representa la última esperanza de seguridad frente al conflicto en Ucrania. Incluso restó importancia al tema Groenlandia afirmando que se trata de “una cuestión interna de la OTAN”.

Orbán no criticó la caída de Maduro, y al contrario, elogió la posibilidad de que Hungría se beneficiara de "un mercado petrolífero más barato". Su silencio ha sido emulado por otros líderes del Este europeo, como Karol Nawrocki (Polonia) y Robert Fico (Eslovaquia), quienes evitaron declaraciones frontales contra Trump.

¿Disensión estratégica o ruptura ideológica?

Algunos analistas consideran que esta separación tiene posibilidades de ser temporal. Daniel Hegedüs, director de Europa Central en el German Marshall Fund, sugiere que "las alianzas ideológicas pueden reconstituirse alrededor de quejas comunes: migración, antiglobalismo, rechazo al federalismo europeo.”

La estrategia parece ser, entonces, minimizar los desacuerdos exteriores y concentrarse en las luchas internas contra Bruselas. Muestra de ello fue el voto reciente de la derecha radical en el Europarlamento contra el pacto migratorio de la UE y el tratado comercial con el bloque Mercosur.

Un giro inesperado: MAGA como amenaza

Lo más llamativo ha sido el cambio de narrativa. Trump, símbolo de la soberanía nacional y defensor del “America First”, comienza a ser percibido como una amenaza extranjerizante. Lo que hasta hace poco fueron propuestas admiradas (muros, expulsiones, independencia energética), ahora son vistas con suspicacia cuando se ejecutan fuera de EE.UU.

Así, estamos frente a un choque de nacionalismos: uno imperial, el otro defensivo. Cuando ambos comparten un mismo enemigo común (por ejemplo, la inmigración o las élites globalistas), la coalición MAGA-Europea funciona. Pero cuando entra en juego la autonomía territorial, incluso los más fervorosos seguidores de Trump claman: “Hasta aquí llegamos.”

Trump y las lecciones no aprendidas

En 1961, cuando Estados Unidos intentó comprar Groenlandia, Dinamarca ya había rechazado la propuesta. Lo mismo ocurrió con la administración de Harry Truman en 1946. En aquel entonces, el gigante del Atlántico Norte ya comprendía la relevancia geoestratégica del Ártico. Sin embargo, nunca antes un líder estadounidense había acompañado semejante pretensión con amenazas comerciales explícitas.

La iniciativa de Trump revive un reflejo colonialista que va en contra del discurso de soberanía que tanto dice abanderar. Esta contradicción es lo que hoy fragmenta el bloque ideológico más compacto del último lustro.

¿Un nuevo mapa político global?

Lo que estamos presenciando no es solo una anécdota geopolítica. Es la reconfiguración de las alianzas internacionales en la era post-liberal. Si Trump es reelegido en 2024, es probable que inicie una nueva fase de aislamiento para Estados Unidos. Y si Europa aspira a consolidar una agenda común frente a desafíos como China, Rusia o el cambio climático, tal vez tenga que repensar su relación con el trumpismo.

Una cosa es compartir enemigos, y otra muy distinta es permitir que esos aliados pasen de ser inspiración a convertirse en amenaza.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press