Irak activa su sistema judicial para juzgar a los yihadistas del ISIS transferidos desde Siria

Más de 9.000 miembros del Estado Islámico serán trasladados desde Siria bajo un acuerdo liderado por EE. UU., desatando tensiones en la región y poniendo a prueba la política antiterrorista iraquí

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El resurgimiento del yihadismo en la frontera sirio-iraquí vuelve a ser motivo de preocupación regional. Bajo una operación coordinada por Estados Unidos, el gobierno iraquí ha comenzado a recibir a miles de detenidos pertenecientes al grupo terrorista Estado Islámico (EI o ISIS), quienes habían permanecido en campos y prisiones del noreste de Siria luego del colapso del califato proclamado en 2014.

Un acuerdo de alto riesgo: lo que está en juego en Medio Oriente

Según cifras oficiales, cerca de 9.000 prisioneros del Estado Islámico están siendo transferidos gradualmente a territorio iraquí para enfrentar la justicia local. Hasta la fecha, se registran 275 traslados, con 125 de ellos ejecutados en una segunda fase de envíos a través de transporte aéreo militar estadounidense. La lentitud del proceso responde a la complejidad logística y de seguridad de mover a este tipo de prisioneros, muchos de ellos considerados de alta peligrosidad.

La decisión de realizar la transferencia se produce en un contexto de creciente inestabilidad en la región. El ejército sirio, con apoyo de Rusia y en coordinación con milicias iraníes, ha avanzado sobre territorios anteriormente controlados por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), compuestas principalmente por combatientes kurdos y hasta ahora socios clave de Washington en la lucha contra el ISIS.

El fin del control kurdo y una nueva amenaza

La pérdida de control de las FDS sobre zonas estratégicas como el campo de detención de al-Hol y la prisión de Shaddadeh, situadas en el noreste sirio, generó una crisis de seguridad sin precedentes en la región. En estas instalaciones se alojaban miles de miembros del ISIS y sus familias —en muchos casos mujeres y niños también radicalizados— desde la derrota del grupo en 2017 (Irak) y 2019 (Siria). Durante la ofensiva siria, un número indeterminado de prisioneros logró escapar, aunque luego algunos fueron recapturados, según medios estatales sirios.

Este vacío de seguridad ha provocado no solo tensión entre Damasco y los kurdos, sino también temores a una reactivación de células durmientes del ISIS en la región. Irak, que ya sufrió el costo humano y económico de la guerra contra el califato entre 2014-2017, ha sido una de las voces más enérgicas en exigir una solución para evitar fugas masivas y una posible reagrupación de los extremistas.

¿Qué hará Irak con los prisioneros?

Las autoridades iraquíes, a través del Consejo Supremo de la Judicatura, han confirmado que los yihadistas serán juzgados en tribunales locales bajo cargos de terrorismo. Aquellos con pruebas suficientes enfrentarán condenas que, de acuerdo con el Código Penal Iraquí, pueden ir desde cadena perpetua hasta la pena de muerte.

El vocero del consejo afirmó: “Todo individuo trasladado será investigado por las fuerzas de seguridad internas, antes de ser procesado en nuestras cortes conforme al marco legal vigente. Seremos rigurosos.”

El desafío del hacinamiento carcelario

Irak ya enfrenta una grave crisis carcelaria y sobrepoblación penitenciaria. Al agregar miles de nuevos detenidos, el sistema penitenciario del país podría colapsar o volverse aún más vulnerable a rebeliones y fugas. En años recientes, militantes del ISIS han protagonizado violentos motines, como el incidente en 2021 en la prisión de Taji.

El gobierno busca implementar medidas excepcionales de seguridad: aislamiento de prisioneros, refuerzo de vigilancia electrónica y la instalación de unidades especiales antiterroristas en los centros de detención más sensibles. A pesar de estas previsiones, los expertos advierten que el riesgo de radicalización de otros presos comunes en contacto con los yihadistas sigue estando presente.

La al-HOL: El epicentro del conflicto

El campo de al-Hol ha sido más que un centro de detención; es un símbolo de la incapacidad internacional para afrontar el “pos-Estado Islámico”. En su punto máximo, al-Hol albergó a más de 70.000 personas, muchas de ellas mujeres y niños vinculados al ISIS. Según Human Rights Watch, al menos 11.000 extranjeros de más de 60 nacionalidades permanecían allí en 2022.

“Se ha dejado a mujeres radicalizadas que siguen adoctrinando a otras internas, mientras jóvenes crecen sin acceso a educación ni atención médica adecuada”, señala Letta Tayler, investigadora del International Crisis Group. El traslado de estos detenidos al sistema iraquí, aunque parcial, es considerado una solución momentánea al problema, no una salida sostenible.

El peligro de las redes transfronterizas

Si bien el colapso territorial del ISIS supuso un respiro, sus células han seguido activas. Un estudio del Centro Georges C. Marshall para Estudios de Seguridad reporta que entre 2020 y 2023, más de 1.200 ataques atribuidos a células del ISIS ocurrieron en Irak y Siria. Muchos se concentraron en rutas montañosas o zonas semidesérticas como Anbar, Deir Ezzor o Kirkuk.

Los temores del gobierno iraquí se fundamentan en que algunos de los prisioneros fugados puedan haber cruzado a su territorio por pasos no controlados, reactivando redes de contrabando, armas y células que buscan reconstituir estructuras operativas.

El rol de Estados Unidos: ¿líder o actor de reparto?

Washington está detrás de la coordinación de la operación de traslado, pero su papel sigue estando bajo escrutinio. Si bien fue la potencia líder en la coalición internacional anti-Daesh, en los últimos años ha reducido drásticamente su presencia militar y política directa en Siria e Irak.

Según datos del Pentágono, unas 900 tropas estadounidenses permanecen en Siria y cerca de 2.500 en Irak, enfocadas sobre todo en labores de asesoría, inteligencia y ataques quirúrgicos. En 2025, EE. UU. y la coalición reportaron haber neutralizado a más de 20 comandantes yihadistas en el desierto sirio. Sin embargo, su capacidad de influencia territorial se ha visto mermada frente al impulso de Irán y Rusia como nuevos árbitros del conflicto.

¿Y los kurdos?

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han sido las principales aliadas de EE. UU. en tierra frente al ISIS, pero su situación se ha vuelto cada vez más complicada. Abandonadas por Washington tras el acercamiento diplomático entre EE. UU. y Turquía, y presionadas por el régimen de Bashar al-Assad para replegarse, su rol como garantes de las cárceles del ISIS ha dejado de ser viable.

Consecuencia de ello fue el colapso del control de los kurdos sobre al-Hol y Shaddadeh, áreas que ahora están bajo dominio de Damasco. El mensaje enviado al mundo: sin respaldo sostenido, incluso los aliados más leales pueden perder el control ante actores respaldados por potencias como Rusia o Irán.

El futuro del contraterrorismo en Irak

El gobierno iraquí encara un momento crucial para su estrategia de seguridad nacional. Las próximas semanas definirán si es capaz de llevar a cabo procesos judiciales legítimos, transparentes y efectivos contra los yihadistas. También pondrá a prueba la solidez de su infraestructura carcelaria y su resiliencia institucional frente a amenazas internas.

Por su parte, el Parlamento iraquí ha convocado sesiones extraordinarias para seguir de cerca esta situación. Se discuten nuevas leyes de antiterrorismo, incluyendo reformas que permitan la creación de tribunales especiales y mecanismos de cooperación internacional con entidades como INTERPOL y la ONU.

¿Justicia o venganza?

La sociedad iraquí, marcada por años de terrorismo y represión, exige justicia. Para muchos ciudadanos, ver a los asesinos de sus familias sentarse en el banquillo puede representar un paso hacia la reconciliación. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han advertido del riesgo de juicios sumarios, ejecuciones extrajudiciales o sentencias basadas más en confesiones bajo coacción que en pruebas fehacientes.

El equilibrio entre castigo y legalidad será una tarea difícil en este proceso. Pero como destacan los analistas, no hay paz sostenible si no se construyen instituciones capaces de enfrentar incluso a sus enemigos más oscuros con el poder de la ley.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press