Santería y resistencia espiritual en Cuba: Fe, crisis política y el poder de los orishas

En medio de tensiones geopolíticas y restricción económica, los babalawos reafirman la fe de un pueblo que busca consuelo, cura y protección en la religión yoruba

La Habana, Cuba. Mientras las tensiones alcanzan nuevos niveles entre Cuba y Estados Unidos, y el país caribeño se sumerge en una etapa particularmente difícil de su prolongado colapso económico, los babalawos (sacerdotes de Ifá) organizaron varias ceremonias públicas este domingo pidiendo por la sanación espiritual del pueblo cubano. Reunidos en patios coloniales y bajo enormes árboles sagrados, los santeros realizaron ofrendas a los orishas y clamaron por paz en medio de la incertidumbre política y social que embarga a la isla.

Un pueblo marcado por la fe: resistencia desde la espiritualidad

“Nosotros creemos que a través de los sacrificios y oraciones podemos aliviar el impacto de los males”, expresó Lázaro Cuesta, babalawo de reconocido prestigio en Cuba. La ceremonia, que tuvo lugar en el patio de una antigua vivienda de La Habana, reunió a decenas de practicantes y curiosos, todos vestidos con el blanco tradicional del sincretismo afrocubano.

La Santería es una religión sincrética nacida en los siglos XVIII y XIX en Cuba, producto del encuentro entre la religión Yoruba —traída por los africanos esclavizados, especialmente de lo que hoy es Nigeria— y el catolicismo impuesto por los colonizadores españoles. Esta fusión, lejos de ser una subordinación, dio origen a un entramado espiritual profundo, complejo y sobre todo resistente, que hoy representa una parte sustancial de la identidad cubana.

Predicciones sombrías y respuestas rituales

El 2 de enero, apenas comenzado el año, los babalawos publicaron su Ley de Ifá, una especie de horóscopo anual basado en el sistema adivinatorio yoruba que predice tendencias globales y locales. El pronóstico para 2026 fue inquietante: guerras, conflicto político intensificado y dificultades económicas. No pasó mucho tiempo antes de que algunas de esas visiones cobraran sentido.

El 3 de enero, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar en Caracas que terminó con la captura del entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Treinta y dos soldados cubanos —parte del destacamento de seguridad personal de Maduro— murieron en el ataque, lo que sacudió los cimientos del régimen cubano. Venezuela, más que un aliado estratégico, representa un pilar ideológico y financiero para Cuba desde la era de Chávez.

El incidente no solo generó dolor, sino también temor. Ante esta nueva agresión, los religiosos decidieron intensificar sus ceremonias. En palabras de Yusmina Hernández, ama de casa y practicante de la religión: “como religiosos, siempre tratamos de alejarnos de todo lo negativo que entra en nuestras vidas.” Esa distancia la buscan con rezos, cánticos yorubas e inmolación animal: se sacrificaron gallos, gallinas y palomas a los pies de un frondoso árbol de mango, símbolo natural de abundancia y conexión con Eggun, el espíritu de los ancestros.

Los orishas como refugio: imbuir paz en tiempos de rabia

El ritual de limpieza incluyó la invocación a Azowano —una representación de San Lázaro en el sincretismo cubano— deidad vinculada con las enfermedades y su curación. Se ofrecieron alimentos básicos como frijoles, maíz e incluso huevos, cuyo precio en el mercado cubano se ha vuelto un lujo. Estos sacrificios no son solo ofrendas simbólicas: representan dolorosamente la desesperación económica de la isla, pero también la fuerza con la que se sostiene una promesa de salvación.

“Esto se está haciendo por el bien de la sociedad, para que no haya conflicto ni violencia, para que haya armonía y salud”, explicó Eraimy León, babalawo de 43 años. En esta oportunidad, cientos de personas se acercaron en peregrinación improvisada, recibieron limpiezas espirituales utilizando gallinas vivas, y corearon juntos oraciones en lengua yoruba, manteniendo una tradición oral centenaria.

La Santería frente a la crisis sociopolítica

La espiritualidad yoruba ha sido tradicionalmente una religión de resistencia. Originada en la esclavitud, sirvió como forma de cohesión social entre distintas etnias africanas. Durante la Revolución Cubana, según varios estudios antropológicos, fue simultáneamente tolerada y utilizada por el Estado como símbolo “folklórico nacional”. Sin embargo, con el paso del tiempo y el derrumbe del bloque soviético en los años 90 —momento crítico en el que la isla vio desaparecer sus principales aliados económicos— la popularidad de la santería creció de manera orgánica entre un pueblo hambriento de consuelo.

Hoy, en 2026, en medio de un recrudecimiento de sanciones estadounidenses, apagones, inflación y una diáspora creciente, la religión ofrece estructura, comunidad y, quizás lo más importante, un lenguaje para procesar el dolor colectivo.

La fe como termómetro político

En momentos como este, en los que la hostilidad entre Cuba y EE. UU. vuelve a escalar, la religión se convierte no solo en refugio espiritual, sino también en una respuesta política velada. Al organizar ceremonias públicas, los babalawos no solo están trabajando por el bienestar metafísico, sino que también están haciendo una manifestación simbólica de autonomía y soberanía cultural.

Durante siglos, los estudiosos han debatido si la santería es una religión sincrética, politeísta o incluso tecnológicamente adivinatoria. Lo que resulta evidente es que su elasticidad ha permitido sobrevivir a épocas aún más oscuras: esclavitud, colonialismo, estalinismo y neoliberalismo. Y ahora, frente a alteraciones geopolíticas que involucran incluso la detención de líderes internacionales, sigue ofreciendo respuestas a un pueblo que se rehúsa a caer en la desesperanza total.

“Eggun, protégenos”: historias desde la calle

“Mi hijo se fue hace dos años a Miami. No tengo noticias desde hace tres meses. Vengo aquí porque Eggun puede ayudarnos a mantener el azúcar en la sangre, pero también en el corazón”, dice Mariela Domínguez, una abuela de 63 años, residente del Cerro. Aunque la frase parezca críptica, muchos asistentes entienden su dolor: padres sin conexión con sus hijos, abuelos criando nietos sin recursos, jóvenes sin acceso a formación profesional o empleo decente.

La ceremonia nocturna finalizó con un cántico colectivo que invocaba a Obatalá, orisha del pensamiento, la justicia y la pureza. Un mensaje indirecto pero certero en un país donde la justicia —social y económica— es, cada vez más, un concepto ausente.

Las tensiones no apagan la llama espiritual

A pesar de la crisis migratoria, el colapso económico y los ataques políticos, la religión afrocubana mantiene su vitalidad. Algunos opinan que incluso se ha convertido nuevamente en un movimiento cultural, político y espiritual que ofrece resistencia pacífica. En palabras del estudioso Miguel Barnet: “la Santería es una religión… pero también una poética de la existencia.”

Mientras algunos analistas miran hacia Cuba solo desde sus cifras —PIB, inflación, migrantes por mar— otros ven en estos rituales señales de lo que realmente define a una nación: su capacidad para mantenerse en pie, para innovar sus vínculos comunitarios a pesar de la desolación material.

En un mundo que tiende a subestimar lo simbólico frente a lo tangible, la Santería nos recuerda que la fe, interpretada desde una comunidad entera, es también una forma de política y una herramienta de supervivencia.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press