William Foege: el gigante que derrotó a la viruela

El médico que salvó millones de vidas con una idea revolucionaria en salud global antes del auge de la tecnología y las vacunas de ARNm

Por décadas, la viruela fue una sombra de muerte sobre la humanidad. Una enfermedad incurable, altamente contagiosa, responsable de dejar rostros marcados por cicatrices y millones de cadáveres a lo largo de siglos. Pocas figuras en la historia de la medicina pueden reclamar haber contribuido más a la salud de la humanidad que William Foege, el médico estadounidense cuya estrategia epidemiológica fue clave para lograr uno de los mayores logros de salud pública del siglo XX: la erradicación de la viruela.

Foege, quien falleció a los 89 años, no solo fue una eminencia por su presencia física —medía más de dos metros— sino también por su intelecto y visión. Fue director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) entre 1977 y 1983 y ocupó cargos destacados en el ámbito de la salud global durante más de cinco décadas. Este artículo es un análisis de su legado en salud pública, desde Nigeria hasta la Casa Blanca.

¿Qué hacía especial a William Foege?

Nacido el 12 de marzo de 1936 en una pequeña comunidad de Washington, Foege desarrolló desde los 13 años —mientras trabajaba en una farmacia— una pasión por la medicina. Obtuvo su título médico por la Universidad de Washington y una maestría en salud pública por Harvard en 1965. Pero su legado no se forjó en laboratorios con recursos ilimitados, sino en los rincones donde las enfermedades eran rampantes y los medios modestos.

Uno de los momentos determinantes de su vida profesional ocurrió en Nigeria, durante los años 60, en plena campaña contra la viruela en África Occidental. En esos tiempos, aunque EE.UU. ya no registraba casos de viruela, la enfermedad seguía matando a miles en distintas regiones del mundo.

La estrategia del 'cordón sanitario': innovación por necesidad

Foege enfrentó una realidad insoslayable: simplemente no había suficiente cantidad de vacunas para inmunizar a todas las personas en las regiones afectadas. ¿Qué hizo? Cambió el paradigma.

Inspirado por técnicas de control de epidemias aplicadas a brotes de fiebre amarilla, formuló la estrategia de 'containment ring' o 'anillo de contención': identificar un caso de viruela y vacunar inmediatamente a todos aquellos que hubieran estado en contacto directo o indirecto con el paciente. Se trataba de una estrategia de cercos epidémicos inteligentes.

Este enfoque no solo redujo radicalmente la necesidad de vacunas, sino que, gracias al trabajo de campo intensivo y a una logística casi detectivesca, cortó la cadena de transmisión. El último caso natural de viruela en el mundo ocurrió en 1977, en Somalia. En 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente erradicada la enfermedad.

Un legado medido en vidas salvadas

Antes del siglo XX, la viruela mató a más de 300 millones de personas. Se calcula que gracias a las campañas de vacunación global, y particularmente gracias a la estrategia de Foege, se evitaron cientos de millones de muertes solo en el siglo pasado.

Como expresó el exdirector de los CDC, Dr. Tom Frieden: “Si usamos como métrica simple quién ha salvado más vidas, Foege está a la altura de los más grandes. Su papel en la erradicación de la viruela previno cientos de millones de muertes”.

Más allá de la viruela: su influencia en la salud global

  • Fue asesor de programas de vacunación infantiles a escala global.
  • Desde el Carter Center y la Fundación Gates, impulsó la erradicación de la filariasis linfática, la enfermedad de Guinea y otras infecciones tropicales desatendidas.
  • Abogó por una visión de salud pública centrada en la justicia global y el acceso equitativo.

En 2012, el presidente Barack Obama le otorgó la Medalla de la Libertad, el mayor honor civil en los Estados Unidos. En 2016, Duke University lo condecoró con un doctorado honoris causa, describiéndolo como “el padre de la salud global”. Su libro "House on Fire" (2011) es una referencia singular para todo aquel que estudie historia de la salud pública.

Un hombre de ciencia e integridad

Foege era conocido por su asombrosa combinación de humildad, inteligencia y tenacidad. Patrick O’Carroll, director de la Task Force for Global Health —organización que Foege cofundó en 1984—, dijo tras su muerte: “Bill tenía un compromiso incansable con mejorar la salud de las personas a nivel mundial a través de coaliciones dirigidas con propósito y fundamentadas en la mejor ciencia disponible”.

En sus últimas décadas de vida, Foege continuó dando conferencias, escribiendo artículos y asesorando políticas de salud pública. Durante la pandemia por COVID-19, su voz fue una de las más respetadas en los debates sobre cómo manejar respuestas sanitarias coordinadas y basadas en evidencia.

¿Por qué importa hoy su historia?

En un mundo donde el conocimiento está al alcance de un clic, donde la inteligencia artificial, el machine learning y las plataformas de datos masivos dominan el discurso en investigación médica, la historia de Foege es un recordatorio de que muchas soluciones surgen de la lógica, la observación aguda y el contacto humano.

Hoy, enfermedades como la poliomielitis o el sarnazo sobreviven más por obstáculos políticos y logísticos que por falta de conocimiento técnico. Los principios promovidos por Foege siguen vigentes: mapear, detectar, aislar, vacunar, informar, colaborar. Y hacerlo con respeto y compromiso ético.

Más aún: su modelo de salud basado en equidad es un faro en tiempos de desigualdades crecientes. En 2024, aún hay más de 20 millones de niños sin vacunas esenciales al año (según datos de la OMS). Foege ya levantaba esa bandera en los años setenta.

El futuro que Foege imaginó

En uno de sus discursos más citados, Foege comentó: “El mundo necesita científicos, sí. Pero necesita aún más soñadores compasivos dispuestos a convertir ese conocimiento en actos de justicia”. Su legado es un desafío activo: aplicar lo que sabemos para cerrar las brechas que aún atenazan a comunidades vulnerables.

William Foege no fue solo un médico que venció a la viruela. Fue el símbolo de una era en que la salud pública dependía menos de misiles científicos y más de estrategias humanas eficaces. Su muerte deja un vacío, pero también un legado imborrable que se mide en millones de vidas más largas, más sanas y más dignas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press