¿Una paz lejana? La guerra en Ucrania y los desafíos de las negociaciones en Abu Dhabi
A pesar del tono constructivo de las recientes conversaciones entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos, las diferencias fundamentales siguen empañando la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz duradero
Desde hace más de dos años, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha marcado profundamente la geopolítica global. Lo que comenzó como una invasión a gran escala por parte de Rusia el 24 de febrero de 2022, tras años de tensiones en el Donbás y la anexión de Crimea en 2014, se ha convertido en una guerra de desgaste con impactos devastadores tanto en lo militar como en lo humano. Ahora, nuevas negociaciones en Abu Dhabi están ofreciendo un rayo de esperanza, aunque tenue, en el tortuoso camino hacia una resolución pacífica.
Un nuevo capítulo en las negociaciones: Washington como mediador
Los recientes encuentros trilaterales entre delegaciones de Estados Unidos, Rusia y Ucrania en Abu Dhabi, celebrados el pasado fin de semana, fueron descritos como “constructivos” por los implicados. Dmitri Peskov, vocero del Kremlin, mencionó que si bien no hubo avances significativos, el solo hecho de que las conversaciones comenzaran en un tono positivo ya es un paso adelante.
Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky también calificó de prometedoras las negociaciones, destacando que los principios de un acuerdo de seguridad con EE.UU. están “100% listos”, aunque aún falta la firma formal. Este acuerdo busca garantías postconflicto para que Ucrania no vuelva a ser vulnerable ante una agresión rusa.
¿Una paz viable o una ilusión?
A pesar del optimismo moderado en torno a los acercamientos diplomáticos, las diferencias fundamentales entre Kyiv y Moscú no se han reducido. Uno de los temas más espinosos sigue siendo la situación territorial de Ucrania. Zelensky ha dejado en claro que Ucrania no aceptará que Rusia conserve los territorios ocupados ilegalmente, en especial el Donbás y Crimea. Para Rusia, esa exigencia es inaceptable.
El Kremlin insiste en que cualquier resolución debe reflejar "las nuevas realidades territoriales", término con el que se refiere, por supuesto, a los territorios bajo control ruso. Esta posición choca frontalmente con el principio de integridad territorial de Ucrania, respaldado por la comunidad internacional.
¿Qué papel juega Estados Unidos?
Estados Unidos ha actuado como mediador clave en estas conversaciones. La administración del expresidente Donald Trump—quien jugó un rol inesperadamente activo en este proceso—estableció fechas límite para alcanzar un acuerdo e incluso amenazó con imponer sanciones adicionales a Moscú si el Kremlin no mostraba avances.
No obstante, también ha habido cautela en Washington. Un alto funcionario estadounidense que participó en las negociaciones reveló, bajo anonimato, que la posibilidad de declarar un alto el fuego antes de un acuerdo integral fue discutida, así como una serie de cuestiones militares y económicas relacionadas con la reconstrucción de Ucrania en el futuro.
Guerra en curso: drones, bombardeos y sufrimiento civil
Mientras los diplomáticos buscan puntos comunes en lujosos salones de Abu Dhabi, en el terreno la guerra sigue haciendo estragos. La guerra de desgaste a lo largo de los aproximadamente 1000 kilómetros de frente continúa con un alto costo humano y material.
En las últimas jornadas, el Ministerio de Defensa ruso declaró que derribó 40 drones ucranianos en una noche, incluidos varios que impactaron en instalaciones industriales en Slavyansk, provocando incendios. Ucrania, por su parte, confirmó que atacó una refinería en la región rusa de Krasnodar, una instalación que abastece de combustible al ejército ruso.
Además, las cifras de ataques aéreos e incursiones con drones son escalofriantes: solo en una noche reciente, Rusia lanzó 138 drones hacia Ucrania, de los cuales 110 fueron interceptados o inutilizados. 21 de ellos alcanzaron diferentes objetivos en 11 localidades ucranianas.
Un nuevo invierno bajo fuego
Los civiles en ciudades como Kyiv enfrentan otro invierno sin electricidad ni calefacción debido al constante bombardeo ruso contra infraestructuras críticas. La estrategia de atacar sistemas energéticos, como plantas de energía y subestaciones, ha sido recurrente por parte del Kremlin desde el primer año de la guerra.
Este tipo de ataques no solo tienen un impacto inmediato en la moral de la población, sino que también complica enormemente los esfuerzos de reconstrucción y mantiene una presión constante sobre el gobierno de Zelensky.
La cuestión central: ¿quién cede y cuánto?
Más allá de los símbolos y la retórica, lo que está en juego en las negociaciones es la definición del mapa geopolítico de Europa del Este para las décadas venideras. ¿Debe Ucrania ceder territorios a Rusia a cambio de paz? ¿Puede el Kremlin aceptar una retirada sin percibirlo como una humillación geopolítica?
Estas interrogantes no tienen fácil respuesta. También están ligadas al orgullo nacional, la percepción interna en ambos países y, por supuesto, los intereses estratégicos de viejos y nuevos actores en la arena internacional.
La sombra de las guerras pasadas...
Muchos expertos han comparado esta guerra con conflictos como la guerra de Corea (1950-1953) o incluso la guerra de Vietnam, en los que hubo una intensa intervención de superpotencias y donde los acuerdos tardaron años en cristalizar. En el caso de Corea, por ejemplo, el armisticio se firmó en 1953, pero técnicamente las dos Coreas aún están en guerra.
¿Podría Ucrania y Rusia seguir un camino similar? ¿Un congelamiento del conflicto con zonas militarizadas pero sin tregua formal?
Zelensky y la presión interna
Tampoco se puede pasar por alto que el presidente Zelensky está bajo una creciente presión interna. Aunque sigue contando con un sólido apoyo popular, conforme aumentan las bajas y el conflicto se prolonga, la opinión pública ucraniana exige resultados.
Al mismo tiempo, el ejército ucraniano necesita seguir recibiendo ayuda económica y militar del exterior. El modelo de resistencia ucraniana ha sido en gran parte posible gracias a los miles de millones de dólares en asistencia proveniente de países miembros de la OTAN.
Putin y su juego de tiempo largo
Por otro lado, el presidente ruso Vladimir Putin parece apostar por una estrategia de desgaste prolongado. Esperar a que la moral ucraniana decaiga o que las democracias occidentales se cansen del conflicto puede ser parte de su cálculo. Mientras tanto, sigue apelando al nacionalismo ruso y a la narrativa de “protección de los rusoparlantes”, especialmente en Donetsk y Lugansk.
Esta prolongación beneficia a Moscú si logra mantener la cohesión interna y la percepción de éxito militar. Además, el uso intensivo de tácticas híbridas—ya sean ataques cibernéticos, sabotaje económico o propaganda—ayuda a manipular la percepción del conflicto tanto dentro como fuera de Rusia.
¿Qué esperar de la próxima ronda en Emiratos Árabes?
Los negociadores volverán a reunirse el 1 de febrero en Abu Dhabi. Se espera que la agenda sea aún más amplia, con temas como la reconstrucción económica, garantías internacionales y tal vez la definición de corredores humanitarios o intercambios de prisioneros.
Aunque el proceso diplomático implica múltiples etapas, lo cierto es que cada encuentro ayuda a establecer canales de comunicación que podrían prevenir futuras escaladas. Para muchos analistas, estos contactos permiten una diplomacia de “pequeños pasos” que, aunque lentos, son necesarios en guerras prolongadas.
Datos clave del conflicto
- La guerra comenzó el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia lanzó una invasión total.
- Más de 6.5 millones de ucranianos han sido desplazados, según ACNUR.
- EE.UU. ha proporcionado más de 75,000 millones de dólares en asistencia a Ucrania desde el inicio del conflicto.
- Rusia ha anexionado formalmente 4 regiones: Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, aunque no controla completamente ninguna.
Una batalla entre sistemas
Más allá de fronteras y recursos energéticos, esta guerra representa también una lucha entre dos modelos de gobernanza: el sistema democrático de corte europeo, representado por Ucrania, y un autoritarismo expansionista liderado por Putin.
Por eso, aunque se vislumbren avances en Abu Dhabi o en futuras rondas de negociación, el conflicto subyacente es estructural y más complejo. Habrá que ver si la diplomacia puede, finalmente, superar el ruido de los drones y los cañones.