Barham Salih y el desafío global de los refugiados: una lucha por la humanidad

El primer refugiado al frente de ACNUR enfrenta un mundo en retroceso solidario, restricciones financieras históricas y políticas migratorias endurecidas

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Un momento crítico para la protección de refugiados

El mundo atraviesa uno de los momentos más desafiantes para la protección de los derechos de los refugiados desde la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Así lo advierte Barham Salih, el nuevo Alto Comisionado del organismo y el primero en ocupar el cargo habiendo sido él mismo un refugiado. En una reciente entrevista desde Roma, Salih hizo un llamado urgente a rescatar la humanidad frente al aumento de la represión migratoria y la drástica caída de fondos disponibles para asistencia humanitaria.

Según datos del propio ACNUR, actualmente hay más de 117,3 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo, incluidos al menos 30 millones de refugiados. Pero mientras estas cifras crecen, los recursos disminuyen de manera peligrosa. Uno de los ejemplos más alarmantes es la caída abrupta del financiamiento proporcionado por Estados Unidos: de 2.100 millones de dólares en 2024 pasó a 800 millones en 2025.

Una misión moldeada por la experiencia personal

Salih conoce en carne propia lo que significa ser refugiado. Nacido en Irak, huyó a Irán cuando era adolescente en 1974, escapando del régimen represivo de Saddam Hussein. Fue arrestado, torturado y más tarde logró escapar nuevamente al Reino Unido en 1979. Tras años en el exilio, regresó a su país, donde se desempeñó como presidente entre 2018 y 2022. Su compromiso con la causa de los desplazados no es una consigna diplomática: es una vocación personal con raíces profundas.

No se trata solo de una responsabilidad legal internacional, es una responsabilidad moral”, enfatizó Salih.

Recortes millonarios en medio del endurecimiento migratorio

Uno de los principales retos para ACNUR ha sido la reducción drástica del apoyo estadounidense. Aunque Estados Unidos sigue siendo el mayor donante del organismo, los recortes representan más de 1.300 millones de dólares perdidos en apenas dos años. Además, la administración estadounidense ha aplicado medidas migratorias más estrictas y suspendió el programa de refugiados para 2025, estableciendo un cupo de admisión de solo 7.500 personas, principalmente blancos sudafricanos, lo que marca el nivel más bajo desde el inicio del programa estadounidense en 1980.

Estas políticas se enmarcan dentro de una narrativa de restricción que prioriza la deportación, restringe las solicitudes de asilo y, cada vez más, externaliza la migración hacia “terceros países seguros”, un término polémico que frecuentemente se aplica a países con escasa capacidad de protección o sistemas judiciales precarios.

En palabras de Salih: “Tenemos que aceptar la necesidad de adaptarnos a un nuevo entorno mundial. Pero eso no equivale a renunciar a los principios que fundan el sistema de protección internacional”.

Un sistema de asilo bajo amenaza

Uno de los mensajes más contundentes de Salih se refiere a la defensa firme de la Convención sobre Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, los pilares legales internacionales que establecen los derechos de los refugiados y las obligaciones de los países que los acogen. Durante su entrevista, alertó sobre intentos de ciertas administraciones de debilitar el marco normativo, negociando con otros gobiernos nuevas definiciones para el asilo que podrían dejar sin protección a millones de seres humanos.

No podemos permitir que normas que han salvado millones de vidas durante décadas sean desmontadas por conveniencia política o electoral”, advirtió.

Visitas al terreno: del Sahel a la diáspora siria

Pese a llevar pocos meses en el cargo, Salih ha visitado ya varios puntos críticos de la crisis humanitaria, incluyendo campos de refugiados en Chad (impactados por la guerra civil en Sudán) y en Kenia (donde hay comunidades desplazadas de Somalia, República Democrática del Congo y Etiopía). Estos viajes no solo le han permitido conocer la magnitud del sufrimiento sobre el terreno, sino también identificar áreas en las que ACNUR necesita actuar con mayor eficacia, eficiencia financiera y colaboración internacional.

Salih ha sido claro: es necesario revisar cómo se canaliza la ayuda para reducir la dependencia y permitir que los refugiados puedan reconstruir sus vidas con dignidad e independencia.

Apoyo de la Iglesia Católica y encuentro con el Papa

En su misión por despertar sensibilidades éticas y religiosas sobre la crisis migratoria, Salih ya se ha reunido con el Papa Leo XIV, el primer pontífice estadounidense. “La iglesia y las organizaciones basadas en la fe tienen un papel esencial. El apoyo moral del Papa es invaluable”, recalcó.

El papel de las religiones en la acogida de refugiados no es menor. Diversas organizaciones religiosas tienen presencia donde los gobiernos fallan, brindando primeras atenciones, albergue, alimentación e incluso orientación legal. El respaldo del líder de la Iglesia Católica es una señal poderosa en tiempos donde el rechazo y la criminalización de la migración gana espacio en la política.

¿Renunciar al humanitarismo es una opción política válida?

Las políticas migratorias actuales, alentadas por un discurso nacionalista y excluyente, generan un dilema ético profundo: ¿es admisible que decisiones estructurales como recortes al financiamiento humanitario se tomen con fines electorales?

Especialistas como Alexander Betts, director del Refugee Studies Centre de Oxford, argumentan que “los Estados están optando por el castigo y la disuasión en lugar de la protección y la responsabilidad compartida”. En este contexto, figuras como Salih representan un punto de inflexión: un llamado vivencial y ético a no cerrar los ojos ante el sufrimiento humano, ni lavarse las manos ante las obligaciones legales internacionales.

Refugiados: personas, no cifras

Una de las frases más poderosas de Salih durante la entrevista fue: “Los refugiados no son solo cifras ni víctimas. Con protección y oportunidad, las cosas pueden cambiar radicalmente para millones de personas”. Esta visión humanista va en contra del enfoque predominante que reduce a las personas desplazadas a estadísticas o amenazas.

En los últimos años, es común que los discursos políticos transformen a los refugiados en “el otro problemático”, una tendencia que no solo va contra la evidencia —pues los refugiados suelen hacer grandes aportes económicos, culturales y sociales en los países de destino— sino que erosiona los principios democráticos e inclusivos.

Una tarea titánica, pero no imposible

Aunque el contexto actual es sombrío, Salih se define como un optimista convencido. Confía en que aún hay reservas profundas de humanidad que puedan revertir las políticas de hostilidad. Bajo su liderazgo, ACNUR está apostando por una reinvención institucional: mayor eficacia, más alianzas y enfoques dinámicos para llegar a quienes más lo necesitan.

La defensa de los derechos de los refugiados ya no es únicamente un asunto de especialistas, diplomáticos o activistas. Es una cuestión central de nuestra voluntad colectiva de sostenernos como una humanidad ética, solidaria y responsable.

Una elección existencial para el sistema internacional

El mandato de Salih al frente de ACNUR no podría llegar en una coyuntura más crítica. Las decisiones que el mundo tome en los próximos años determinarán si los valores fundacionales del Derecho Internacional Humanitario sobreviven o se convierten en un romanticismo del pasado. Frente al auge del autoritarismo, la xenofobia institucionalizada y la indiferencia de los poderosos, voces como la suya son necesarias recordatorios de que todavía podemos elegir la compasión y la justicia.

Barham Salih no solo representa a una institución. Representa una memoria viva de lo que está en juego: millones de vidas, sueños aplazados y futuros posibles que dependen de si somos capaces —como él lo fue— de levantar puentes en lugar de muros.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press