Crisis silenciosa en la atención materna rural: el caso de Maine

El cierre de unidades de maternidad en hospitales rurales está dejando a futuras madres sin opciones seguras, poniendo vidas en peligro en zonas remotas como Patten

Por décadas, los hospitales rurales fueron el corazón de comunidades pequeñas y el lugar donde nacían generaciones enteras. Pero el cierre de unidades de maternidad en estos centros médicos está empujando a muchas mujeres embarazadas a situaciones de riesgo inimaginables.

Un parto contra el reloj

En las primeras horas del 1 de junio de 2025, Katie Gowell comenzó el trabajo de parto en su casa ubicada en Patten, un remoto poblado al norte de Maine. Lo que debía ser el nacimiento de su quinto hijo se convirtió rápidamente en una emergencia médica cuando se produjo un prolapso del cordón umbilical, una complicación que puede cortar el suministro de oxígeno al bebé.

Su médica de cabecera, la Dra. Rose Fuchs, que estaba preparada para asistir el parto domiciliario, actuó con rapidez: sostuvo cuidadosamente el cordón para no comprimirlo mientras llamaban a una ambulancia. Fuchs y Gowell fueron trasladadas juntas en la camilla, la doctora casi colgando de su cintura porque no podían asegurarla con cinturones mientras el vehículo se sacudía por los caminos rurales. Lo vital, en ese momento, era mantener constante la presión para salvar al bebé.

¿A dónde ir cuando no hay dónde ir?

El dilema no fue solo médico, sino también logístico. El hospital más cercano, Houlton Regional Hospital, está a 40 minutos de distancia de Patten. Pero ese hospital había cerrado su unidad de partos apenas un mes antes. Aunque anunció que aún podía asistir emergencias, la respuesta inicial fue negativa: querían derivar a Gowell a una instalación en Bangor —a más de 90 minutos de viaje—, o incluso en helicóptero desde el aeropuerto local, algo que estaba en duda por el clima lluvioso.

“No, vamos a Houlton”, insistió la Dra. Fuchs, mientras debatía y suplicaba con los paramédicos y el personal del hospital. Finalmente, la emergencia obligó al hospital a activar un protocolo de contingencia improvisado, convocando a un obstetra fuera de la ciudad y a enfermeras de parto que estaban de guardia en sus casas.

Así nació Brooklyn Rose June Gowell —su segundo nombre un tributo a la doctora que salvó su vida— luego de una cesárea urgente en condiciones absolutamente irregulares: Fuchs sirvió como mesa quirúrgica, con el instrumental colocado sobre su espalda sin haber pasado por el procedimiento estándar de esterilización.

La muerte de la atención obstétrica rural en Maine

Houlton Regional se convirtió en el undécimo hospital en cerrar su unidad de partos en Maine en la última década. Hoy, apenas la mitad de los 34 hospitales del estado ofrecen servicios obstétricos, según datos del Departamento de Salud de Maine. Este patrón refleja una crisis nacional en áreas rurales, donde la atención materna se ha vuelto escasa y peligrosa.

Las razones oficiales son múltiples: disminución de nacimientos (de 115 en 2020 a 83 en 2024 en Houlton), dificultad para contratar personal especializado y presiones financieras. Pero en el centro de esta crisis está una verdad incómoda: las mujeres embarazadas de zonas rurales están quedando abandonadas por el sistema de salud.

Entre la nostalgia y el abandono

El cierre fue un shock para la comunidad. “Estamos perdiendo la conexión con nuestros proveedores de confianza”, dijo Katherine Scott, quien estaba embarazada de seis meses cuando se enteró de la pendiente clausura. Como muchas otras mujeres, tuvo que ser derivada a otro hospital, en su caso en Presque Isle, a más de una hora de camino.

Los testimonios en una asamblea comunitaria organizada el 9 de abril por las enfermeras de Houlton Regional fueron devastadores. Más de mil personas firmaron una petición en línea para exigir la reapertura de la unidad de partos. Sin embargo, los hospitales y autoridades no ofrecieron soluciones contundentes.

El impacto logístico ha sido inmediato. Presque Isle, el hospital que recibió a la mayoría de las pacientes transferidas, casi duplicó su cantidad de partos mensuales en pocos meses, pasando de 14 a 26. A medida que reciben más pacientes, el personal se ve sobresaturado, debilitando la calidad del servicio en todo el estado.

Las voces del personal de salud

Las enfermeras tampoco fueron advertidas debidamente. Angela Davis y Jayme Hovey, dos enfermeras obstétricas, renunciaron tras enterarse por sorpresa de la clausura. Su dolor era también indignación: “Nadie dio la cara, nadie escuchó nuestras preocupaciones”, dijo Davis.

En un video publicado en redes sociales, un grupo de enfermeras se sentó frente a una mesa vacía con nombre de funcionarios que habían ignorado sus cartas. Durante 10 minutos preguntaron sobre protocolos para partos de emergencia. Nadie respondió. La palabra que repitieron al final de cada pregunta fue —demoledoramente—: “Muerte”.

“Cada día temo por las madres y sus bebés”, confesó Davis. “Sé que hacemos lo mejor que podemos, pero simplemente no parece suficiente.”

¿Y la comunidad Amish?

Los efectos son aún más duros para comunidades como la Amish, que en su mayoría se traslada en carretas y no cuenta con transporte rápido. Alta Kauffmann, una partera Amish, dijo que uno o dos partos al mes requieren intervención hospitalaria. Antes, contaban con vecinos para emergencias. Ahora, esos apoyos improvisados no bastan cuando el hospital más cercano está a más de una hora.

“¿Qué vamos a hacer? ¿Empujar la carreta hasta el hospital y rogar que sepan qué hacer?”, preguntó Kauffmann. “Nos sentimos completamente inseguros. No tenemos plan B.”

La presión creciente sobre la atención primaria

La Dra. Fuchs, cuya pequeña clínica tiene capacidad para unos 900 pacientes, ha visto la demanda crecer exponencialmente. “Nuestra lista de espera tiene más de siete páginas, todo en un solo renglón, y ya dejamos de anotar”, explicó.

Desde el cierre de la unidad de partos en Houlton, ha asistido a dos nacimientos de emergencia y ha recibido casos complejos que antes derivaba a especialistas. Uno de ellos fue el de una mujer Amish con una afección hepática; otro, de una madre con una condición sanguínea que podía ser mortal. En este segundo caso, logró derivarla a Bangor, pero el proceso fue lento por la saturación del hospital urbano.

El discurso versus la realidad

Lo que más indignó a Fuchs fue recibir poco después un folleto institucional de Houlton Regional con el eslogan “Su hospital comunitario. Creciendo para usted”. El panfleto celebraba nuevas unidades de salud, desde cardiología hasta obesidad, pero omitía por completo a obstetricia.

“Estoy agradecida por cada nuevo servicio, pero… ¿por qué no podemos incluir obstetricia en esa lista?”, preguntó Fuchs.

Una historia que se repite a nivel nacional

Según la organización March of Dimes, más de dos millones de mujeres en Estados Unidos viven en lo que se ha denominado desiertos de maternidad, áreas sin acceso adecuado a cuidados prenatales y obstetras. La situación es particularmente crítica en zonas rurales del Medio Oeste y Nueva Inglaterra.

Además, las cifras muestran que los riesgos son reales: el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) informa que el 84% de las muertes maternas son prevenibles, poniendo en evidencia las fallas del sistema más allá del parto en sí: embarazos no monitoreados, post-natales no asistidos y falta de transporte.

¿Qué futuro espera a las mujeres rurales?

Historias como la de Katie Gowell son milagros, pero no deberían serlo. Según expertos en salud pública, los hospitales rurales requieren subsidios y modelos de atención mixtos —como unidades móviles o guardias compartidas con especialistas por telemedicina— para mantener servicios esenciales como maternidad.

Gowell, que ahora cuida a su “bebé milagro”, dijo que, antes de este parto, nunca había sentido miedo. “Si me volviera a embarazar, estaría muy preocupada”, confesó. Ella y Fuchs decidieron contar su historia para presionar por cambios reales.

“No podemos seguir cerrando poblados rurales de Maine”, advirtió Gowell. “Incluso quienes desean parir en casa merecen saber que cuentan con un hospital cerca si algo sale mal.”
Este artículo fue redactado con información de Associated Press