El legado francés en Afganistán: la verdad frente a las distorsiones políticas

Cuando el sacrificio de los soldados queda atrapado entre la desinformación y la memoria histórica

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Durante más de 13 años, desde 2001 hasta 2014, cerca de 70.000 militares de la OTAN participaron en la misión internacional en Afganistán para combatir al terrorismo, estabilizar el país y erradicar la influencia de los talibanes. Entre ellos, destacaron los 4.000 soldados franceses que sirvieron en distintas provincias, muchos de ellos en zonas de alto riesgo. Noventa de ellos nunca regresaron a casa.

Este sacrificio fue puesto en entredicho recientemente por las palabras de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, quien en una entrevista en el Foro Económico Mundial de Davos aseguró que las tropas de países no estadounidenses pertenecientes a la OTAN se mantenían en la retaguardia y evitaban el frente de combate.

Estas declaraciones han provocado una ola de indignación en Europa, especialmente en Francia. La ministra delegada de Defensa, Alice Rufo, acudió el pasado lunes a un monumento en París para rendir homenaje a los caídos franceses en Afganistán. "No aceptamos que se insulte su memoria", afirmó con determinación.

La historia real: Francia en el frente

Desde el inicio del conflicto tras los ataques del 11 de septiembre, Francia fue uno de los primeros países en activar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, comprometiéndose a acudir en defensa de Estados Unidos. Como parte de su compromiso, desplegó tropas en Kabul, Surobi y Kapisa, una de las provincias más inestables y montañosas del país asiático.

Entre 2008 y 2012, el despliegue francés en Kapisa fue particularmente intenso. Los soldados franceses eran los principales responsables de operaciones contra insurgencias y misiones de patrullaje, lo que los exponía diariamente a emboscadas, artefactos explosivos improvisados y atentados suicidas.

En agosto de 2008, Francia vivió uno de sus episodios más trágicos en Afganistán: 10 soldados muertos y 21 heridos en la batalla de Uzbin, después de que un convoy cayera en una emboscada talibán al noreste de Kabul. El hecho conmocionó al país y cambió para siempre la percepción del conflicto.

Estados Unidos no luchó solo

Uno de los argumentos más utilizados para minimizar la implicación de los aliados de EE.UU. en Afganistán es que estos actuaban en "zonas más seguras". Esta narrativa ignora no solo la cantidad de bajas, sino también el tipo de operaciones que realizaban las tropas extranjeras.

  • Reino Unido perdió al menos 457 militares en el conflicto, la mayoría en la peligrosa provincia de Helmand.
  • Canadá sufrió 158 bajas durante su despliegue, especialmente en Kandahar.
  • Francia: 90 militares muertos, especialmente en Kapisa y Surobi.

Estas cifras desmienten la idea de que los aliados "se escondían" mientras Estados Unidos lideraba las ofensivas. La operación “Libertad Duradera” y más tarde la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) fueron cooperaciones multilaterales donde muchos países pagaron un precio altísimo.

Manipulación política desde Davos

Las palabras de Trump parecen tener un objetivo claro: reforzar la narrativa de que Estados Unidos, bajo su liderazgo, no recibió el apoyo suficiente de sus aliados. Esta es una constante en su retórica internacional, donde ha llegado incluso a poner en duda el propósito de la OTAN y el rol de Estados Unidos en alianzas multilaterales.

En lugar de ofrecer respeto a soldados que sacrificaron sus vidas, Trump optó por un discurso que socava la cooperación internacional, basado en datos erróneos y generalizaciones irresponsables. Luego de la polémica, intentó rectificar parcialmente, alabando a los soldados británicos, pero sin hacer mención alguna al resto de países aliados.

La respuesta francesa: memoria y fraternidad

Ante este escenario, Francia ha respondido con firmeza pero también con dignidad. En su discurso junto al monumento a los caídos, Alice Rufo dejó clara la postura de París:

“He visto las declaraciones de las asociaciones de veteranos, su indignación, su tristeza... Hay una hermandad de armas entre estadounidenses, británicos y franceses cuando compartimos el combate.”

La ceremonia de homenaje, organizada de forma repentina tras las declaraciones de Trump, fue no sólo un acto de recuerdo sino de pedagogía. Recordó al mundo que Francia ha estado hombro a hombro con EE. UU. en muchas guerras: desde la Primera Guerra Mundial, Normandía en 1944, la guerra del Golfo, y ahora Afganistán.

Lo que está en juego: ¿memoria o oportunismo?

En tiempos donde la posverdad y la polarización política dominan la narrativa, los sacrificios militares se convierten en fichas de un tablero político. El riesgo no es solo la desinformación, sino que las futuras generaciones olviden lo que representó realmente ese conflicto: una lucha internacional contra el terrorismo en defensa de valores comunes.

Tal como lo expresó el general francés Jean-Louis Georgelin, fallecido en 2023 y quien supervisó parte del esfuerzo militar en Afganistán:

“Nuestros soldados no fueron allá a pasearse por las colinas de Asia Central. Fueron con un propósito, enfrentaron la muerte, y defendieron principios de libertad.”

El relato que no debemos olvidar

Muchos de los soldados franceses que volvieron vivos de Afganistán enfrentan hoy traumas psicológicos, dificultades de reintegración social y un silencio mediático que progresivamente ha alejado a la guerra de la memoria nacional. Ignorar el contexto o distorsionar la historia solo agravará ese abandono.

Pero hay espacios de resistencia a ese olvido. Asociaciones de veteranos, libros, documentales —como "Capitaine Thomas Sankara" y "9 ans en Afghanistan"— e incluso homenajes institucionales como los recientes, mantienen viva una llama de reconocimiento necesaria.

Más que cifras: nombres, historias y familias

Cada uno de los 90 franceses muertos en Afganistán tiene nombre y apellido. Eran originarios de Lille, Marsella, Lyon o pequeños pueblos de Provenza. Dejaron hijos, esposas, hermanos. Y su ausencia no puede ser relativizada por ningún comentario fuera de lugar.

Francia, como nación, tiene una deuda de honor con ellos. Y parte de saldarla constituye señalar cuando su legado es mancillado, aunque sea por un exlíder global.

Como señalaba el filósofo Paul Ricoeur: “La memoria no es propiedad del pasado, es una responsabilidad del presente”.

La OTAN: una alianza no solo de gobiernos, sino de pueblos

El conflicto en Afganistán no fue una aventura estadounidense. Fue una empresa colectiva de más de 50 naciones que, con sus matices, enfrentaron juntas uno de los retos más complejos del siglo XXI: derrotar a una organización terrorista en un terreno hostil, protegiendo a civiles y reconstruyendo instituciones.

Ese tipo de compromiso no debe ser deshecho en una frase televisiva. La hermandad entre ejércitos se forja en la sangre, en la arena y bajo el riesgo constante. Y aunque el conflicto dejó muchas enseñanzas amargas, una de ellas es clara: el sacrificio compartido requiere respeto compartido.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press