La Gran Purga Militar de Xi Jinping: ¿Limpieza Anticorrupción o Consolidación de Poder?

El régimen chino sacude su cúpula militar tras la destitución del general Zhang Youxia, generando incertidumbre sobre el futuro del Ejército Popular de Liberación y sus implicaciones en el conflicto con Taiwán

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Por primera vez en décadas, China ha presenciado una reorganización radical de su élite castrense: la investigación al general Zhang Youxia y otros altos mandos marca un nuevo episodio en la campaña anticorrupción del presidente Xi Jinping que podría redefinir el panorama geopolítico asiático.

Una limpieza quirúrgica en la cúpula militar china

El pasado fin de semana, el Ministerio de Defensa de China anunció una investigación contra el general Zhang Youxia, uno de los viceprimeros presidentes de la todopoderosa Comisión Militar Central (CMC), el órgano que rige las tropas del Partido Comunista y que Xi Jinping preside desde 2013.

La medida también incluye al general Liu Zhenli, jefe del Departamento del Estado Mayor Conjunto del Ejército Popular de Liberación (EPL). Con esta movida, cinco de los seis miembros del organismo han sido destituidos o están siendo investigados, y solo queda uno en funciones: Zhang Shengmin.

La purga ha sido calificada de «histórica». Neil Thomas, investigador del Asia Society Policy Institute, la describió como “una de las mayores purgas de liderazgo militar en la historia de la República Popular China”.

¿Corrupción o consolidación ciega del poder?

Oficialmente, el motivo detrás de estas destituciones es la comisión de “graves violaciones a la disciplina y la ley”. No se han ofrecido detalles concretos, aunque esto coincide con el discurso de Xi Jinping, que desde su llegada al poder en 2012 ha hecho de la lucha contra la corrupción uno de los pilares de su agenda.

Sin embargo, analistas sostienen que este tipo de purgas también tienen un componente político. Según K. Tristan Tang, de Pacific Forum, “una vez se inicia una investigación en China, se termina descubriendo algo. Pero la clave no es lo que se halla, sino la decisión política previa de actuar”.

Desde hace más de una década, Xi ha instaurado un estilo de control centralizado del poder, especialmente dentro de las Fuerzas Armadas. Las cifras hablan por sí solas: más de 200.000 funcionarios sancionados por corrupción desde 2012, incluidos al menos 17 generales con cargos relevantes dentro del EPL.

Antecedentes: el control militar como instrumento de poder

La obsesión de Xi con el control castrense no es casual. En el sistema comunista chino, el Ejército no pertenece a la nación, sino al Partido. Y el comandante supremo del Ejército es el propio Xi Jinping.

Esta práctica tiene raíces profundas: Deng Xiaoping, a quien se le atribuye la modernización del país, también entendía que debilitar a los militares significaba debilitar al Estado.

A lo largo del tiempo, líderes como Jiang Zemin y Hu Jintao adoptaron una postura más institucionalizada. Xi, en cambio, ha ido en la dirección opuesta: acumulación de poder y fidelidad absoluta.

Implicaciones directas para la cuestión de Taiwán

Un aspecto que preocupa tanto a analistas como a Estados cercanos es el eventual efecto de este remezón militar en la política de Pekín hacia Taiwán, isla que China considera parte de su territorio.

En mayo de este año, China realizó ejercicios militares masivos alrededor de Taiwán en respuesta a la venta de armas por parte de EE.UU. al gobierno isleño. Pero tras esta reestructuración, ¿tiene la PLA capacidad operativa para escalar la situación?

Para Neil Thomas, la purga «debilita temporalmente la amenaza militar sobre Taiwán», pero en el largo plazo puede fortalecerla, dado que implica un ejército más profesional, más leal y más moderno.

Tristan Tang, por su parte, advierte que “la preparación de combate de la PLA no se ha visto afectada severamente”, aunque el mando superior seguramente requerirá tiempo para recomponer su estructura y recuperar cohesión.

El culto a la lealtad: más allá de la eficiencia militar

Una de las características más notorias del liderazgo de Xi ha sido la promoción de oficiales basados en lealtad política más que en méritos militares.

Esto puede parecer lógico en una estructura comunista ortodoxa, pero ha generado críticas por sacrificar la efectividad operativa a cambio de una obediencia incuestionable.

Desde que Xi se hizo con el poder, la tendencia en promociones militares muestra una preferencia por generales con vínculos personales con él o con su provincia natal, Shaanxi.

Esta lógica, sin embargo, es arriesgada: en contextos geopolíticos tensos, como los actuales con EE.UU., Japón o India, una estructura militar poco profesionalizada puede traducirse en malas decisiones tácticas y estratégicas.

Una comisión militar en pausa

Por ahora, la Comisión Militar Central de China opera de forma inusual: con solo Xi Jinping y Zhang Shengmin al frente.

No está claro aún si Xi piensa nombrar nuevos miembros de inmediato o esperar hasta el Congreso del Partido Comunista previsto para 2027. Algunos observadores creen que podría usar este vacío para incrementar aún más su control personal sobre las Fuerzas Armadas.

La editorial del Diario del Ejército Popular de Liberación indica que el proceso servirá para “revitalizar al Ejército” y contribuir a construir una fuerza militar “fuerte y moderna”. Pero no oculta el tono ideológico y nacionalista del mensaje, guiado por el pensamiento de Xi Jinping sobre defensa nacional.

Comparaciones con otras purgas del Partido Comunista

Lo ocurrido recuerda eventos previos en la historia comunista, como la famosa purga de Lin Biao en los años 70. En aquel entonces, el líder militar fue acusado de traición y murió en un accidente aéreo tras, supuestamente, intentar huir de China.

También podría trazarse un paralelo con los años de la Revolución Cultural (1966-1976), en los que Mao Zedong purgó violentamente al Ejército, a funcionarios e intelectuales para eliminar opositores potenciales.

Hoy, sin llegar a los extremos de esas épocas, se observa una tendencia similar: purgar no solo para castigar el delito, sino para eliminar la posibilidad de resistencia futura al poder centralizado.

¿Qué podemos esperar a futuro?

Profundizar en esta purga no solo tiene implicaciones nacionales. Con una PLA reconfigurada siguiendo la voluntad de Xi, el papel de China como superpotencia militar se verá inevitablemente alterado.

Ya sea para plantear disuasión frente a Estados Unidos, reforzar su posición sobre el Mar del Sur de China o presionar sobre Taiwán, el tipo de oficiales que lleguen al mando determinarán el rostro que China proyectará al exterior en la próxima década.

La pregunta que queda en el aire es: ¿veremos un ejército más capaz y profesional, como sugiere la retórica oficial… o uno más politizado y subordinado a los designios de un solo hombre?

Solo el tiempo y los próximos movimientos de la CMC responderán esa incógnita.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press