Masacre en Salamanca: el narco, la impunidad y el Mundial a la vuelta de la esquina

Once personas asesinadas, doce heridas y una pregunta urgente: ¿qué futuro tiene México cuando el crimen organizado invade hasta el futbol amateur?

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Por Redacción Especial

Salamanca: fútbol, sangre y crimen

Domingo soleado. Una cancha de fútbol en Salamanca, Guanajuato. Cervezas, risas, una comunidad reunida para celebrar su pasión por el deporte más amado de México. Pero lo que debía ser una fiesta se convirtió en una masacre: 11 personas fueron asesinadas y otras 12 resultaron heridas cuando un grupo armado irrumpió con ráfagas de fuego en medio de la celebración.

Al día siguiente, el campo seguía salpicado de veladoras, latas de cerveza vacías y ropa ensangrentada. El horror sobre el que apenas se posan las luces de los reflectores, mientras el país se prepara para recibir la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Guanajuato, epicentro de la violencia

La masacre se produjo en Salamanca, territorio crítico del estado de Guanajuato, que encabeza la lista de homicidios dolosos en todo México. Y no es casualidad. Este estado se ha convertido en el campo de batalla entre dos grupos criminales feroces: el Cártel de Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El primero, nacido entre los ductos de Pemex y especializado en el robo de combustible —el infame "huachicoleo"— ha desarrollado una estrategia basada en la brutalidad y el control territorial. El segundo, considerado por la DEA como la organización criminal de más rápido crecimiento en el continente, busca subyugar a sus rivales con una combinación de inteligencia logística y armamento de alto calibre.

"Salamanca se ha convertido en una zona de guerra de baja intensidad", afirma David Saucedo, analista de seguridad que ha vivido en la región. "La masacre fue probablemente una provocación para que el gobierno federal intervenga con fuerza militar en territorio ocupado por el CJNG".

¿Por qué atacar un partido amateur?

La elección del objetivo —una comunidad reunida alrededor de un fútbol de barrio— no fue al azar. En contextos de guerra narca, los espacios públicos, especialmente los que fomentan comunidad y organización vecinal, se convierten en símbolos de control social. Atacarlos manda un mensaje claro: nadie está a salvo.

Además, las guerras del narco han mutado. Lo que solía ser una disputa por corredores de droga, hoy involucra extorsión, control del territorio, uso de redes sociales y presencia en eventos comunitarios. Según la organización México Unido Contra la Delincuencia, al menos el 67% de los municipios mexicanos reportan presencia de grupos armados en actividades cotidianas.

Silencio federal: ¿complicidad o estrategia?

La reacción del gobierno federal fue, en principio, el silencio. La presidenta Claudia Sheinbaum evitó referirse directamente a los hechos en su conferencia del lunes, delegando la respuesta al Ministerio Público local. Sólo después, la gobernadora estatal Libia Dennise García anunció una "reacción decidida", con el refuerzo de fuerzas estatales y federales en la región.

Pero, ¿qué tan efectiva puede ser esa respuesta cuando los criminales mueven sus piezas con visión estratégica mientras el Estado parece actuar a la defensiva?

"El problema de México no es la falta de fuerzas armadas", asegura el periodista José Reveles, especialista en crimen organizado. "Es la debilidad institucional local ante cárteles que han infiltrado todo desde policías municipales hasta presidencias locales".

La mancha sobre el Mundial

La tragedia en Salamanca ocurre en un momento particularmente sensible: México será coanfitrión de la Copa del Mundo 2026, junto a Estados Unidos y Canadá. El gobierno de Sheinbaum ha tratado de proyectar una imagen de país moderno, seguro y listo para el turismo mundialista. Pero este tipo de atrocidades —ataques indiscriminados a plena luz del día y sin detenciones inmediatas— deslegitiman todos esos esfuerzos.

Hace tan sólo unos meses, el secretario de Turismo, Miguel Torruco, declaró que México esperaba captar al menos 1.5 millones de turistas internacionales sólo durante el Mundial, con una derrama económica de casi 1,800 millones de dólares.

Sin embargo, la percepción internacional no se alinea con ese optimismo. El think tank Insight Crime clasificó a México en 2023 como el tercer país más violento de Latinoamérica, detrás sólo de Venezuela y Honduras. ¿Cómo recibirá a los fanáticos y equipos de futbol un país sumido en guerras civiles no declaradas?

El duelo y la protesta de los de abajo

Mientras las autoridades hacen cálculos geopolíticos, las familias de Salamanca lloran. Decenas de habitantes colocaron cruces y flores donde minutos antes hubo goles y abrazos. En redes sociales, la comunidad local exige justicia y seguridad, pero también respeto: "No somos cifras, eran nuestros hermanos", se lee en una pancarta improvisada en la cancha aún manchada.

La masacre también desencadenó llamados de organizaciones civiles como Causa en Común y el colectivo Semáforo Delictivo, que han documentado que en lo que va de 2026, sólo en Guanajuato ya han ocurrido más de 740 homicidios. Y es enero.

¿Hay salida frente al crimen organizado?

Todo indica que la violencia no se aplacará sólo con más patrullas. Expertos, académicos y organizaciones sociales insisten en un enfoque integral, donde se combinen inteligencia, transparencia, erradicación de la corrupción y, sobre todo, la reconstrucción del tejido social.

"El crimen se alimenta del abandono", argumenta la socióloga Lucía Escobedo, profesora de la Universidad de Guanajuato. "Mientras existan barrios sin luz ni oportunidades, el narco será quien organice los partidos de fútbol, las fiestas patronales y hasta los sepelios".

La masacre en Salamanca se suma a una larga lista de tragedias cotidianas e invisibilizadas. Pero su crudeza, su cercanía a un evento global como el Mundial y su impacto mediático pueden —si hay voluntad— convertirse en un punto de inflexión. No basta con reconstruir una cancha: hay que reconstruir el país desde sus escombros más íntimos.

México se juega mucho más que un mundial en 2026. Se juega su alma.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press