Siria entre dudas, desplazados y desconfianza: el frágil equilibrio tras la retirada kurda

La toma del noreste sirio por parte del gobierno ha revelado no sólo las heridas de años de guerra civil, sino también resentimientos profundos entre comunidades árabes y kurdas

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El nuevo mapa del noreste sirio

Tras años de guerra civil, Siria entra en una nueva etapa política y territorial. Las fuerzas del gobierno sirio han desplazado recientemente a los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) —integradas en su mayoría por kurdos y respaldadas previamente por Estados Unidos— de extensas zonas del noreste del país. Esta ofensiva culminó con una frágil tregua que empezó a aplicarse a mediados de abril de 2026.

Las consecuencias de este nuevo rediseño han sido drásticas: más de 173.000 personas desplazadas según la Organización Internacional para las Migraciones, comunidades enteras desarraigadas, y una creciente desconfianza mutua entre los grupos étnicos que comparten esta tierra golpeada por el conflicto.

Raqqa y Deir el-Zour: de la euforia al éxodo

En las recientemente recuperadas provincias de Raqqa y Deir el-Zour, pobladas mayoritariamente por árabes, muchos celebraron la retirada de las FDS. Sus administraciones eran vistas por una parte significativa de la población árabe como represivas o discriminatorias. No obstante, esos mismos cambios provocaron el éxodo de miles de kurdos que vivían en esas áreas.

Uno de los desplazados es Subhi Hannan, de 42 años, quien llegó a Qamishli, una ciudad bajo control kurdo, con su familia tras huir de Raqqa. Su historia refleja la pesadilla cíclica del desplazamiento en Siria. Primero fue desplazado desde Afrin en 2018, luego perdió ambas piernas por una mina antipersonal. Cuando se estableció en Raqqa, volvió a ser forzado a huir en marzo de 2026 al estallar la ofensiva del gobierno.

No quiero saber siquiera quién gobierna; sólo quiero seguridad y estabilidad”, comenta Hannan desde un aula adaptada como refugio en Qamishli.

Violaciones a los derechos humanos bajo investigación

Durante la ofensiva, hubo denuncias de abusos por parte del ejército. Hannan asegura que sus escoltas de las FDS fueron arrestados y uno de ellos asesinado. A él, discapacitado, lo golpearon para robarle dinero, su celular y su vehículo. Otros refugiados confirman los hechos.

El Ministerio de Defensa de Siria reconoció en un comunicado “violaciones de las normas disciplinarias” y prometió acciones legales contra los responsables. Aunque se trata de un cambio respecto de anteriores conflictos —como los brutales enfrentamientos en Latakia o Sweida— aún subsiste entre la población el escepticismo sobre la transparencia de estas investigaciones.

Un alto el fuego delicado

La tregua que ha dado paso a la incorporación de combatientes kurdos a las fuerzas armadas y la policía nacionales está cuidada con pinzas. Uno de sus términos centrales es que las fuerzas del gobierno no deben ingresar a ciudades de mayoría kurda. Sin embargo, estas áreas viven con temor e incertidumbre.

En Kobani, por ejemplo, el cerco impuesto por territorios dominados por el gobierno generó apagones, escasez de alimentos y un corte casi total de suministros médicos. Solo recientemente, el 20 de abril, un convoy humanitario de la ONU logró ingresar movilizando provisiones urgentes.

En Qamishli, civiles armados —en su mayoría jóvenes comerciantes— patrullan por las noches voluntariamente para proteger a la población de posibles incursiones.

Tuvimos que cerrar nuestros negocios porque preferimos defender nuestra ciudad”, declaró uno de ellos, Suheil Ali. “No queremos repetir lo que ocurrió en Sweida o la costa”, añade.

Cruce de resentimientos y heridas abiertas

Si bien la perspectiva kurda está marcada por desplazamientos forzados y miedo a represalias, en el otro extremo, en ciudades liberadas por el gobierno, muchos árabes también tienen mucho que reclamar a las FDS.

En Raqqa, decenas de familias esperan en las afueras de la prisión de al-Aqtan o del tribunal local con la esperanza de ver liberados a sus familiares, arrestados durante la administración kurda. Solo el fin de semana se liberaron al menos 126 menores de dicha cárcel.

Issa Mayouf, habitante de al-Hamrat, aguarda con su esposa noticias sobre su hijo arrestado hace cuatro meses, acusado de terrorismo por tener canciones islámicas en su móvil y memes que se burlaban del comandante de las FDS, Mazloum Abdi.

El gobierno de las FDS fue un desastre. No brindaron servicios. Las calles están destruidas, la educación fue inexistente”, destaca Mayouf. “Tuvieron el petróleo, el gas y las tierras más fértiles de Siria, no hicieron nada beneficioso con ello.”

Fricciones étnicas y legado de discriminación

Este pulso cruzado de resentimientos refleja la compleja realidad demográfica del noreste de Siria. Mientras los kurdos reclaman un espacio político y cultural reconocido, algunos grupos árabes acusan a las FDS de ejercer discriminación sistemática, impulsar reclutamientos forzosos y establecer un modelo paralelo de justicia que castigaba con dureza incluso expresiones culturales o religiosas no alineadas.

Mona Yacoubian, experta del Center for Strategic and International Studies (CSIS), advierte que, aunque la violencia de este último conflicto ha sido mucho menor que en años anteriores, las tensiones entre comunidades siguen creciendo. “Hay desconfianza y resentimiento de ambos lados. Es un cáncer envenenado en la transición que Siria intenta gestionar”, comentó.

El papel del nuevo gobierno

Tras el derrocamiento de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, el nuevo presidente interino Ahmad al-Sharaa lidera un país fragmentado, con desfiles de promesas de reconciliación nacional pero con pocos resultados concretos.

La tarea es titánica: reconstruir infraestructura, reactivar la economía y formar un nuevo pacto social donde kurdos, árabes y otros grupos como asirios, yazidíes o armenios, encuentren garantías para convivir bajo un mismo proyecto de Estado.

Según Yacoubian, “el gobierno debe balancear su necesidad de mostrar autoridad con abrir espacios reales a las minorías que aún están heridas por la falta histórica de representación”.

¿Una paz posible o una pausa incómoda?

Las patrullas civiles, la espera frente a las cárceles y los desplazamientos con fecha indefinida de retorno son partes de un rompecabezas frágil que define el noreste sirio hoy. La retirada de las FDS marca un nuevo capítulo, pero queda por ver si será un paso hacia la paz duradera o apenas otra etapa de tensiones interrumpidas por armas calladas temporalmente.

Mientras tanto, decenas de miles como Subhi Hannan, sin hogar estable ni seguridad garantizada, siguen preguntándose, con amputaciones del alma y del cuerpo: ¿cuándo acabará de verdad esta guerra?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press