¿Puede Anchorage reducir el crimen? Así es la nueva alianza entre ciudad y estado en Alaska

Entre cifras preocupantes y nuevas estrategias, la colaboración entre el gobierno estatal y la ciudad de Anchorage busca transformar la seguridad pública en la mayor urbe de Alaska

Alaska, una región conocida por sus vastos paisajes y su tranquilidad natural, es también hogar de una de las ciudades con mayores índices de crimen en el estado: Anchorage. En 2024, esta ciudad fue responsable del 55% de los homicidios de todo el estado, el 51% de las agresiones sexuales, el 67% de los robos de autos y más del 78% de los atracos, cifras que alarmaron al gobernador Mike Dunleavy, quien decidió tomar cartas en el asunto.

Una propuesta directa desde el Capitolio estatal

Durante su último Discurso del Estado, el gobernador Dunleavy lanzó una contundente propuesta: establecer una colaboración formal entre el estado de Alaska y el municipio de Anchorage para abordar la creciente inseguridad.

Si eliminamos Anchorage de las estadísticas, nuestra tasa de crimen está muy por debajo de la media nacional”, afirmó Dunleavy ante la legislatura, subrayando así el peso desproporcionado de la ciudad dentro del panorama delictivo del estado.

La réplica del jefe policial: una visión más matizada

Sean Case, jefe del Departamento de Policía de Anchorage, reconoció la necesidad de actuar, pero también objetó el análisis simplista del gobernador. “Es mucho más complejo que eso”, declaró en una entrevista. Y agregó: “Esperamos que los índices de criminalidad en Anchorage sean más altos que en localidades pequeñas como Homer. Es la lógica urbana básica”.

Case apunta a una realidad nacional: en Estados Unidos, las grandes ciudades concentran mayores índices de diversos tipos de crímenes por razones multifactoriales como densidad poblacional, movilidad, desigualdad y acceso a servicios.

Los tres frentes del nuevo pacto

El nuevo plan estatal se articula en torno a tres pilares, según detalló Stephen Cox, propuesto como nuevo Fiscal General del estado:

  1. Delitos que afectan la calidad de vida: Hurto en tiendas, consumo de drogas en público e incluso acampes ilegales.
  2. Intercepción de drogas: Un esquema cuya logística incluirá aeropuertos y servicios postales.
  3. Reducción de crímenes violentos: Con enfoque claro en delitos sexuales, una de las grandes deudas judiciales del estado.

¿Por qué la intervención estatal ahora?

Durante años, los delitos menores eran responsabilidad directa del municipio de Anchorage, mientras que los delitos mayores (como homicidios o tráfico de drogas) quedaban bajo jurisdicción estatal. Sin embargo, esta división provocó vacíos preocupantes en la investigación y, sobre todo, en la judicialización.

“Cuando un crimen desaparecía de la escena porque no se procesaba como delito mayor, no necesariamente significaba que no podía calificarse como un delito menor”, explicó Case. “Y ahí es donde fallábamos como sistema integrado”.

La visión del nuevo fiscal: orden preventivo

Cox comparte una visión bastante directa: “El desorden genera crimen, y el orden público contribuye a prevenirlo”. Esta teoría, conocida como teoría de las ventanas rotas, fue impulsada en la década de 1980 por criminólogos como James Q. Wilson y George L. Kelling y luego aplicada extensamente por alcaldes como Rudy Giuliani en Nueva York.

No está exenta de polémica, dado que sus críticos sostienen que prioriza la apariencia del orden por sobre la rehabilitación o mejora estructural. Aun así, Anchorage parece estar dispuesta a ponerla a prueba.

La realidad de Anchorage: crimen urbano y retos socioeconómicos

Anchorage no escapa a fenómenos comunes en muchas urbes de América del Norte: crisis de vivienda, aumento del consumo de opioides, y presencia de comunidades altamente vulnerables, incluidos veteranos, personas sin hogar y poblaciones indígenas.

Según datos estatales, 1 de cada 3 mujeres en Alaska ha sufrido violencia sexual, una cifra alarmante que ubica al estado entre los peores en este rubro a nivel nacional.

Por eso, uno de los elementos centrales del plan es que los fiscales del municipio puedan recibir entrenamiento para discutir casos de delitos mayores, como robos importantes o agresiones sexuales. La meta, según Cox: acortar la brecha judicial.

La ofensiva antinarcóticos: desde los aeropuertos hasta las calles

Otra parte ambiciosa del plan incluye la intercepción temprana de drogas. Alaska no produce drogas duras, pero se ha vuelto receptor vía transportes aéreos y marítimos. Actualmente hay iniciativas para trabajar con compañías como USPS y funcionarios de aduanas para vigilarlas cuidadosamente.

Cox señaló que el plan está en “fase temprana”, pero incluirá también a departamentos de salud mental, servicios sociales y salud pública, buscando enfrentar el delito no sólo con patrullaje o cárceles, sino con intervención social.

Nuevos códigos urbanos: hacia una ciudad más rigurosa

Como parte de esta cruzada, Anchorage también está debatiendo reformas a sus códigos municipales actuales. Entre las propuestas hay nuevas sanciones para:

  • Exposición indecente en espacios públicos
  • Consumo de alcohol en áreas turísticas
  • Camping en espacios verdes urbanos sin permisos

Estas reformas buscan equipar a la policía con mejores herramientas y evitar que ciertas conductas pasen impunes.

Una colaboración esperada por años

“Esto es algo que debimos haber trabajado mucho antes. Tuvimos demasiados casos en el limbo”, admite Case. La articulación real entre estado y municipio era una deuda institucional, y parece que finalmente se convertirá en realidad para la primavera de este año.

Sea cual sea el resultado, este experimento en Anchorage será observado de cerca por otras metrópolis con desafíos similares. ¿Podrá esta fórmula reducir el crimen sin sobrecriminalizar la pobreza y la marginalidad? ¿O será simplemente una fachada mediática sin resultados concretos?

Lo cierto es que, por primera vez en muchos años, la conversación pasó del diagnóstico a la acción. Y en ciudades como Anchorage, eso ya es un progreso.

Foto: Un cartel advierte sobre la presencia de pumas en un vecindario de San Francisco. Aunque no directamente relacionado con Anchorage, el cartel ilustra las crecientes tensiones entre vida salvaje y seguridad urbana en EE.UU.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press