El dilema de las tomas estatales escolares en Texas: ¿Solución o castigo a la pobreza?

Una mirada a las intervenciones estatales en distritos escolares con mayoría de estudiantes afroamericanos e hispanos, y los impactos de un sistema de rendición de cuentas basado en pruebas estandarizadas

Escuelas con F crónicas: el detonante para la intervención

En Texas, la ley de 2015 sobre la rendición de cuentas en las escuelas públicas estableció un sistema en el cual el comisionado estatal de educación debe ordenar el cierre de un campus o tomar el control de un distrito completo si al menos una escuela obtiene calificaciones de "F" por cinco años consecutivos.

Esto ha llevado a tomas estatales contundentes en distritos como Fort Worth, Beaumont, Connally e incluso el gigantesco distrito de Houston. En teoría, el objetivo es mejorar la calidad educativa. En la práctica, muchas voces señalan que estas intervenciones perpetúan desigualdades estructurales.

¿Una herramienta para la igualdad o un castigo a la pobreza?

Las seis escuelas que activaron tomas estatales más recientes tienen perfiles similares: entre el 80% y el 97% de su alumnado tiene bajos ingresos y la mayoría son niños y niñas afroamericanos o hispanos. En cinco de esos centros, más del 64% de los estudiantes están en riesgo de abandonar los estudios.

Estas cifras reflejan no solo un bajo rendimiento académico, sino también condiciones sociales que exceden el aula. Sin embargo, el sistema de A-F (de "Excelente" a "Reprobado") se basa en los resultados del examen estandarizado STARR, lo cual castiga a escuelas que atienden a los estudiantes más vulnerables.

“Sacar una F es realmente difícil en nuestro sistema,” dijo Iris Tian, subcomisionada de la Agencia de Educación de Texas (TEA). “Para que un campus la obtenga cinco años seguidos, se trata de un desastre educativo.”

Intervención y resultados: el caso de Houston

En 2023, el Distrito Escolar Independiente de Houston (HISD), donde el 80% del alumnado es de bajos recursos y mayoritariamente afroamericano o hispano, fue intervenido por el estado. Posteriormente, logró eliminar todas sus escuelas con calificación F. Antes de la intervención, 56 campus tenían esa calificación.

Pero las mejoras en las pruebas no han ido acompañadas de mejoras en el entorno escolar. Decenas de maestros renunciaron, estudiantes se trasladaron a otras escuelas y una histórica propuesta de bonos de $4,400 millones para infraestructura fracasó, con un 58% de votantes en contra.

Impactos en la comunidad: confianza erosionada y líderes sin contexto

Kevin Jackson, veterano educador en Beaumont y presidente de la asociación local de maestros, vivió de primera mano la intervención financiera estatal en su distrito una década antes. Describe una sensación de aislamiento total tras la destitución de líderes elegidos democráticamente.

“Trajeron a personas de fuera que no conocían la comunidad,” dijo Jackson. “Nos sentimos solos.”

El sistema de calificación y sus fallas estructurales

  • Las escuelas con alta pobreza tienen 30 veces más probabilidades de recibir una D o F que las escuelas de bajos niveles de pobreza.
  • Escuelas mayoritariamente afroamericanas tienen 4 veces más probabilidad de recibir calificaciones bajas que escuelas mayoritariamente blancas.
  • Un 12% de las escuelas de alta pobreza logró una calificación A, pero son la excepción.

Organizaciones como Texas Appleseed y Children at Risk señalan que las tomas estatales en contextos desfavorecidos ignoran temas como la desigualdad racial, disciplinaria y cultural. En muchos distritos, las sanciones por el peinado, la inasistencia o la vestimenta afectan de forma desproporcionada a estudiantes afrodescendientes e hispanos.

Una comunidad invisible: lo que los números no capturan

Jill Bottelberghe, superintendente del Distrito Escolar Independiente de Connally, explica que sus estudiantes enfrentan desafíos más allá del aula:

  • Algunos deben despertarse solos para ir a clases.
  • Otros dependen de entrenadores para transportarse, ya que no hay buses tan temprano.
  • Varios no tienen un hogar estable donde dormir.

“Tenemos muchos niños en situaciones terribles”, señaló Bottelberghe. “Y creo que la gente pierde esa perspectiva”.

Los datos detrás de las tomas estatales

Un estudio liderado por la profesora Beth Schueler de la Universidad de Stanford resumió así los efectos de las tomas en EE.UU.:

  1. Más comunes en distritos con mayoría de alumnos pobres y no blancos.
  2. Aumentan el gasto por estudiante y mejoran aspectos financieros.
  3. Tienden a beneficiar más a distritos mayoritariamente hispanos, pero tener impacto neutro o negativo en los afroamericanos.
  4. En promedio, no mejoran los puntajes en exámenes.

La Agencia de Educación de Texas, sin embargo, asegura que sus tomas estatales, a diferencia del promedio nacional, han elevado los resultados y mejorado el gobierno educativo.

¿El fin justifica los medios?

El debate sobre estas intervenciones está lejos de concluir. Los defensores argumentan que son un último recurso ante la ineficiencia de años. Los detractores resaltan que sin equidad en el financiamiento, inclusión cultural y conciencia de los contextos comunitarios, ninguna prueba estandarizada puede traducirse en verdadera educación.

Andrew Hairston, abogado de derechos civiles y director del Education Justice Project, lo expresó así:

“¿De qué sirven mejoras marginales en lectura si esos niños son llamados con insultos racistas todos los días y no tienen un ambiente pacífico para aprender?”

Texas: entre la rendición de cuentas y la justicia educativa

En el fondo, la pregunta que enfrenta Texas es profunda: ¿hasta dónde debe exigirse a las escuelas que resuelvan problemas que son, ante todo, sociales y económicos?

Bob Sanborn, presidente de Children at Risk, lo resume así: “Si queremos que nuestros hijos tengan éxito, debemos enfocarnos en ayudar a quienes más lo necesitan. Eso significa afrontar realidades en comunidades negras, inmigrantes y latinas. Y en Texas, a muchos no les gusta hablar de eso.”

La Agencia de Educación de Texas sostiene que su sistema ayuda a identificar las necesidades de los alumnos y enfocar los recursos. Sin embargo, para muchos educadores, líderes comunitarios y expertos en políticas públicas, el verdadero reto sigue siendo garantizar que esa evaluación se traduzca en apoyo real, no en castigo.

Porque la calidad educativa —como dicen tantos estudios— es solo una parte de un ecosistema mucho más amplio. Y quien solo escucha el eco de los datos, podría estar ignorando los gritos silenciosos de millones de estudiantes que lo único que piden… es una oportunidad justa.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press